JORDI, 61 años. Desempleado

«Estuve tres meses con las gafas rotas»

«Estuve tres meses con las gafas rotas»

ARIANNA GIMÉNEZ BELTRÁN

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GERARDO SANTOS

Lo único que quiere es ser independiente. Cuando lo desahuciaron de su antiguo piso, en la mudanza, se rompieron los globos de las lamparitas del salón. Lamparitas desnudas, bombilla al aire, que solo enciende para cenar. Cada día 10, cobra 426 euros de paro. Apenas le quedan 50 para gastar una vez ha pagado el crédito y las facturas, así que los globos, desgraciadamente, tampoco se los podrá permitir este mes. Algo parecido le ocurrió cuando se le rompieron los lentes. «Estuve tres meses con las gafas rotas, hasta que pude ahorrar para repararlas».

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Trabajó durante 30 años en un bingo, y también como director de discoteca. Se fue a la calle en 2001, con 45 años. Desde entonces, trabajillos esporádicos y precariedad. Su último empleo, en 2014. A partir de ahí, asegura, «ha sido todo horrible». El día a día de Jordi viene marcado por los desplazamientos que ha de hacer por toda la ciudad -como mucha gente en su situación- para conseguir cubrir sus necesidades básicas. De ASSIS al comedor social, a por medicamentos -para su enfermedad pulmonar y su problema de retención de líquidos- y, de ahí, a servicios sociales. Cronificado en la pobreza, su rutina no le permite ser independiente. El mes pasado se compró unas salchichas de bote. Ha tardado semanas en conseguir el ketchup. Ahora, cuando tenga el pan, podrá hacerse el bocadillo.

Algunas tardes, «como tengo el vicio de fumar», sube al bus (dispone de una tarjeta especial con descuento) y se va al aeropuerto: «Cojo seis o siete colillas y me las llevo -se levanta, saca unas cuantas de una riñonera y enciende una con el mechero-, yo no sé ni de quién es esto».