Auge (y caída) de Paulina Rubio

El Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo ha sentenciado esta semana que España ha violado el derecho a la intimidad de la cantante mexicana después de que tres programas de corazón airearan en el 2005 sus tendencias sexuales. Una decisión que ha coincidido con la viralización de su caída del escenario.

Auge (y caída) de Paulina Rubio

TÀSSIES

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Ramón de España
Ramón de España

Periodista

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Si ustedes o yo nos damos un leñazo en plena calle, es muy poco probable que la prensa se interese por si nos hicimos daño o si salimos prácticamente ilesos. En el caso de Paulina Rubio, la cosa es muy distinta porque ella es famosa y nosotros no. De ahí que la caída que sufrió hace unos días en la localidad mexicana de Campeche –donde deambulaba feliz por el escenario sin ser consciente de que su extensión no era infinita y lucía un socavón en un extremo– haya sido noticia mundial, como lo ha sido también el hecho de que –no todo van a ser desgracias en su vida– el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo le haya dado la razón en un asunto a los 10 años de que la justicia española se la negara.

En el 2005, Paulina fue objeto de las insidias de ciertos programas de televisión –'Donde estás corazón', 'Aquí hay tomate' y 'Crónicas marcianas'– acerca de su supuesta bisexualidad o del supuesto maltrato que infligía a su novio de entonces, el inefable Ricardo Bofill Jr., al que, según los maledicentes habría iniciado en el consumo de drogas. Paulina llevó el tema a los tribunales, que se acogieron a la libertad de expresión de los cotillas para quitársela de encima, pero ahora en Estrasburgo le han dado la razón en lo de que no está bien meterse en la vida privada de la gente. O sea, que en pocos días hemos asistido a la caída y auge de Paulina Rubio.

FAMOSA DE NACIMIENTO

Paulina, además, no le ha pasado nada grave y su rutilante carrera sigue adelante. El accidente tampoco sirve para devolverla al candelero porque siempre ha estado allí. Ella misma lo ha dicho: "Soy famosa desde que nací", variante sencillita de la apabullante frase de Raphael, "mi madre me parió artista". Tal vez se refería al hecho de que su madre es la actriz Susana Dosamantes, muy popular en México, cuyo seudónimo psicalíptico –su auténtico nombre es Susana Rul Riestra– es de los más extraños que uno haya visto jamás. Estrella en su país gracias al cine y las telenovelas, Dosamantes solo salió al exterior con un papel secundario en la película de Howard Hawks 'Río Lobo', protagonizada por John Wayne en 1970. Tal vez fue ella la que animó a su hija a triunfar en el mundo del espectáculo, dado que el padre de la criatura, el español Enrique Rubio, fallecido en el 2011, era abogado.

A los 10 años, Paulina ya estaba en el mundo de la música formando parte del grupo infantil Timbiriche, con el que grabó 10 discos entre 1981 y 1991. Luego inició su carrera en solitario, que le ha permitido vender 20 millones de discos y gozar de una fortuna personal de unos 33 millones de dólares, lo cual no está nada mal para alguien que no se ha distinguido precisamente por aportar grandes novedades al panorama musical mexicano e internacional. También hizo sus pinitos como actriz con tres culebrones, 'Pasión y poder''Baila conmigo' y 'Pobre niña rica', pero se olvidó del asunto alegando cansancio ante el género.

LA PARTIDA CON SHAKIRA

En su carrera hacia el estrellato, Paulina ha contado con una competidora que muestra todas las trazas de haberle ganado la partida, la colombiana Shakira, que tampoco ha descubierto la pólvora, pero sí ha dado con una fórmula para agradar a hispanos y gringos por igual, algo que la señorita Rubio no ha acabado de conseguir: aunque su álbum en inglés, 'Border girl', editado a mediados de los 90, consiguió despachar medio millón de copias en Estados Unidos, no fue el primer paso de nada y ella volvió al español (como Julio Iglesias en su momento, cuando enredó a Willie Nelson para un dueto).

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Puede que en los USA anden sobrados de rubias y encuentren más étnica a Shakira, pero, de momento, el mercado de la mexicana sigue siendo el hispano y especialmente el de su propio país. Aquí triunfaron un par de canciones suyas, Ni una sola palabra, Y yo sigo aquí, y vivió una cierta conexión española con su ahora exmarido Nicolás Vallejo-Nágera –alias Colate, con el que tuvo un hijo–, empresario impreciso al que Paulina acusó de haber vivido a su costa y pretender seguir haciéndolo después del divorcio, pero esos éxitos esporádicos no llevaron a una popularidad permanente.

Puede que el problema de Paulina esté en su indefinición musical, en su tendencia al reciclaje, en su aspecto algo choni o en esos morritos siempre fruncidos, como de estar oliendo permanentemente algo desagradable, pero la veo condenada a seguir el ejemplo de su señora madre y ser grande únicamente en su país de origen.