05 jun 2020

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Marion Cotillard: "Me importa un rábano lo que piensen de mí"

Nando Salvà

Marion Cotillard, durante el estreno de ’Aliados’ en Londres.

Marion Cotillard, durante el estreno de ’Aliados’ en Londres. / REUTERS / DYLAN MARTINEZ

Dicen de ella que es la gran actriz del cine mudo de nuestro tiempo a pesar de que todas sus películas son habladas. El poder interpretativo de Marion Cotillard tiene menos que ver con lo que dice que con cómo nos mira desde el otro lado de la pantalla. Para comprobarlo, no hay más que acordarse de la parisina en títulos como el biopic de Édith Piaf 'La vida en rosa' (2007), que le proporcionó el Oscar y le abrió las puertas de Hollywood; o verla en la piel de una sufridora inmigrante polaca en 'El sueño de Ellis' (2013).

Estos días la tenemos en los cines por partida doble: sigue en cartel 'Assassin's Creed', la adaptación del videojuego homónimo en la que encarna a una científica que trata de erradicar la violencia del mundo, y el próximo viernes llega a las salas a bordo de 'Solo el fin del mundo', la historia de un joven que vuelve al hogar tras 12 años de ausencia para contarle a su familia que se muere.

En términos de tiempo en pantalla, su personaje en 'Solo el fin del mundo' es secundario. ¿Suele tener en cuenta el tamaño de un papel antes de aceptarlo? Solo después de otros factores. En este caso, participar en la película presentaba una serie de retos tan atractivos que no aceptar habría sido muy estúpido. Primero, no podía dejar escapar la oportunidad de medirme con compañeros de reparto de la talla de Nathalie Baye, Vincent Cassel o Gaspar Ulliel. Segundo, mi personaje habla poco pero, cuando lo hace, es como si de su boca solo salieran balbuceos, frases a medio hacer e incoherencias, fue un desafío increíble. Y tercero, llevaba mucho tiempo queriendo trabajar para el director Xavier Dolan.

claves biográficas

  • Lleva la interpretación en los genes. Su padre es Jean-Claude Cotillard, actor, director y dramaturgo; y su madre es Niseema Theillaud, actriz y profesora de arte dramático.
  • Tiene un hijo con el actor y director Guillaume Canet. En el 2003 protagonizaron juntos 'Quéreme si te atreves' y, desde entonces, él la ha dirigido en 'Pequeñas mentiras sin importancia', 'Lazos de sangre' y 'Rock'n Roll', de próximo estreno.
  • Toca la guitarra, el bajo, los teclados y la pandereta. Ha colaborado con bandas como Yoddelice y Franz Ferdinand.

¿Es Dolan tan exigente con sus actores como dicen? Más que exigente, yo diría que tiene una idea muy clara de lo que quiere de ti, y a veces le cuesta no invadir tu espacio creativo. En todo caso, es un director muy apasionado y muy generoso. Siempre está ahí, a tu lado, capturando cada uno de tus gestos y movimientos. Hace que te pongas en sus manos y quieras dárselo todo, y ese es el tipo de director que yo necesito.

¿Alguna vez ha rechazado algún papel importante por carecer de esa clase de confianza? Sí. Tengo la suerte de haber podido trabajar con grandes como Christopher Nolan o Steven Soderbergh, cineastas que tienen una visión muy personal, pero en ocasiones me han ofrecido grandes películas, proyectos muy interesantes, que acabé rechazando porque sabía que no me iba a sentir cómoda con el director. A muchos de ellos lo único que les interesa es crear imágenes bellas, no el trabajo con actores. He rodado con ese tipo de realizadores y la experiencia fue dolorosa.

Con Justin Kurzel y Michael Fassbender, en cambio, es obvio que sí se sintió cómoda en 'Macbeth', ¿verdad? Después de todo, los tres se han reunido en 'Assassin's Creed'. Fue un placer. De no ser por la oportunidad de trabajar con ellos, no habría participado en una película así.

De hecho, la adaptación de un videojuego no es necesariamente el tipo de película en la que uno espera encontrar a una actriz como usted. No tengo reparo en rodar una película taquillera de acción. Es solo que no sé nada del videojuego. Jamás he jugado y jamás lo haré, porque no puedo jugar a un videojuego en el que tenga que matar a gente. Porque de eso va, ¿no? No he matado ni una mosca. De hecho, si hubiera tenido que pasar una audición para conseguir el papel no creo que me lo hubieran dado.

Es una de las ventajas del éxito, ¿no es cierto? Ya no persigue usted los papeles sino que ellos la persiguen a usted. Lo cierto es que siempre me ha gustado hacer pruebas. Porque siempre me he sentido incómoda hablando con los directores, practicando con ellos el típico juego de seducción que un actor y un director practican cuando tratan de averiguar si se gustan. No me gusta que me juzguen por mi personalidad, así que las audiciones me permiten ocultarla y ser juzgada solo por mi trabajo.

"No puedo jugar a un videojuego en el que tenga que matar a gente. Porque va de eso, ¿no? Yo no he matado ni una mosca"

¿Qué problema tiene con su personalidad? Es que no sé expresarme con claridad, y siento que hablar de mí misma es algo del todo inútil. Supongo que siempre me molestó que la gente me juzgara. Y aunque he aprendido a que lo que los demás piensen de mí me importe un rábano, me sigue gustando más comunicarme a través de mi trabajo. Por eso me tomo mis personajes tan en serio. Los preparo de forma obsesiva. Les invento un pasado y un futuro, me voy a dormir y me despierto con ellos.

¿Hasta dónde llegaría usted por un papel? Una vez he aceptado interpretar un personaje, me entrego a él de forma incondicional, sin límites. Estoy dispuesta a correr riesgos porque es precisamente eso lo que amo de este trabajo. Ahora bien, no haría cualquier cosa para conseguir un papel. Si darle vida significa separarme de mi familia durante un mes entero, por ejemplo, no lo aceptaré.

¿Qué otra cosa le parece inaceptable? Tampoco haría la zancadilla a otra actriz para imponerme sobre ella en la pugna por un papel, porque sé lo que significa que te lo hagan a ti. En todo caso, no suelo hacer planes en lo que respecta a mi carrera. No se me da bien.

¿A qué se refiere? Me muevo de forma instintiva. Por ejemplo, me quedé embarazada en un momento en el que parecía que mi carrera internacional estaba en ascenso; muchas actrices habrían tenido más cabeza. Y durante el primer año de vida de mi hijo Marcel rodé películas sin parar. No sé, simplemente sucedió así. Creo que las cosas pasan cuando tienen que pasar. Y no es bueno dejar escapar oportunidades, porque el tiempo avanza y quizá no se vuelvan a presentar.

¿Le preocupa el avance del tiempo? Me interesa, pero no me preocupa. Envejecer me emociona y me fascina, porque aprendo cosas cada día. Cuando miro hacia atrás y compruebo mis progresos, me siento feliz. Pienso en la niña que solía ser, melancólica y oscura y solitaria, y en todos los miedos que tenía, y entonces me siento estupendamente por haber sido capaz de evolucionar. Haber sido madre, por ejemplo, me ha convertido en una persona extremadamente emocional, y eso me gusta aunque a veces sea desmesurado. También he aprendido a reírme de mí misma y a ser muy payasa. Eso solo te lo da el tiempo.

"Tengo mucha curiosidad por ver qué aspecto tendrá mi cara cuando me convierta en una señora mayor"

En más de una ocasión se habrá visto rodeada de mujeres con rostros transformados por la cirugía. ¿Qué piensa entonces? Doy gracias por no sentir los miedos que esas mujeres obviamente sienten. Tengo otros miedos, por supuesto. Pero no a envejecer. Tengo mucha curiosidad por ver qué aspecto tendrá mi cara cuando me convierta en una señora mayor, mi cara de verdad, y no estoy dispuesta a que ningún retoque me impida perdérmela. En cualquier caso, ¿quién sabe qué pasará dentro de 10 o 15 años?

¿Se refiere a que quizá cambie de opinión respecto a su rostro? Me refiero a que quizá dentro de unos años yo ya no sea actriz. Hasta hace muy poco estaba segura de que no tardaría mucho en dejar de actuar. Tenía demasiadas dudas acerca de lo que esta profesión significaba para mí, y del espacio que ocupaba en mi vida. Cuando rodé 'Macbeth' estaba hecha un lío, francamente. Y lo cierto es que esa película me ayudó mucho a revivir la ilusión en el trabajo.

Usted colabora en campañas medioambientales, pero al mismo tiempo es la imagen de Dior. ¿En algún momento esa dualidad le ha generado conflicto? Inevitablemente. Solo tomo parte en colaboraciones creativas que son coherentes con mi modo de pensar, que me enriquecen y me permiten aportar algo. Me tomo mis valores muy en serio y me cuestiono constantemente. Me parece terrible la falta de conciencia medioambiental que en general se tiene. Tenemos un reto tremendo por delante. Debemos darnos cuenta de que abusar del planeta es abusar de nosotros mismos. Esto nos concierne a todos, la supervivencia de las especies animales y vegetales es esencial para la vida de las generaciones humanas futuras.

¿En algún momento tuvo dudas sobre si era buena idea ser madre en este contexto? Las soluciones están a nuestro alrededor, por todas partes. Las energías renovables y gratuitas están a nuestro alcance. Es ridículo que todavía no se haya fomentado su desarrollo. Por eso sería terrible pensar que debemos dejar de tener hijos solo porque la Tierra se está deteriorando. No solo sería una actitud derrotista sino, sobre todo, muy egoísta.