UN ÉXITO EDITORIAL

Yo también fui a EGB

Los blogueros Javier Ikaz y Jorge Díaz publican el cuatro volumen de un libro que se ha convertido en todo un fenómeno de masas gracias al renacer ochentero.

FELIZ, FELIZ EN TU DÍAToda la casa olía a comida el día de tu cumpleaños. La merendola consistía en sándwiches de jamón y queso, chorizo y Nocilla. Medialunas de fuagrás y ganchitos naranjas también eran imprescindibles. Cuando soplabas las velas todos te cantaban ’Feliz, feliz en tu día’.

FELIZ, FELIZ EN TU DÍAToda la casa olía a comida el día de tu cumpleaños. La merendola consistía en sándwiches de jamón y queso, chorizo y Nocilla. Medialunas de fuagrás y ganchitos naranjas también eran imprescindibles. Cuando soplabas las velas todos te cantaban ’Feliz, feliz en tu día’.

2
Se lee en minutos
Olga Pereda
Olga Pereda

Periodista

Especialista en educación y crianza.

Escribe desde Madrid

ver +

El 28 de septiembre de 2010, los blogueros profesionales Javier Ikaz (Barakaldo, 1978) y Jorge Díaz (Bilbao, 1971) subieron a su perfil de Facebook una foto de las ceras Manley con un comentario: «Cómo manchaban las cabronas». La frase, recibida con miles de 'likes' en cuestión de minutos, fue el inicio de lo que hoy es un gigante fenómeno editorial. El artesanal libro 'Yo fui a EGB' -que rescata el costumbrismo, los juguetes, los dibujos animados y la forma de ser y vivir de los niños de los años 70 y 80- cumple ya su cuarto volumen de la mano de la editorial Plaza & Janés.

La última entrega acaba de salir del horno. La comunidad 'egebera' -de una fidelidad descomunal- está ya pidiendo un quinto volumen. Pero los autores del 'best-seller' han decidido quedarse aquí. De momento. Ha llegado la hora de poder aparcar los libros (cada uno ha llevado casi un año de trabajo) y centrarse en otros proyectos: estrenar un concurso de televisión (en TNT el 21 de diciembre); fabricar artículos de promoción comercial; organizar fiestas ochenteras… Todo esto está en los planes de Ikaz y Díaz, que viajaban desde Bilbao a Madrid para promocionar el cuatro volumen de 'Yo fui a EGB' con la misma ilusión con la que lo hicieron, en 2013, con el primero.

«No somos conscientes de a cuanta gente llegamos. De verdad. Creemos que es mejor así para mantener el espíritu libre que nos caracteriza», afirman ambos autores, cuya web (www.yofuiaegb.com) tiene más de un millón y medio de visitas al mes y cuyos perfiles de Facebook y Twitter son seguidos por cientos de miles de fans. Contestan -personalmente- cada uno de los mensajes que reciben en las redes sociales. El día que sea y la hora que sea. «No tenemos 'community manager'. Bueno, sí. Jorge es el 'comunity' y yo el 'manager'», se ríe Javier.

PURA EMOCIÓN

Yo fui a EGB no es una manera de decir mira qué generación tan estupenda fuimos, mucho mejor que la de ahora, todo el día enganchados a las tabletas y los ordenadores. En absoluto. «No fuimos mejores que los chavales de ahora. Simplemente nos tocó vivir esa época. Nuestros libros no solo rescatan juguetes y fotografías, sino el costumbrismo de entonces», afirman.

"No fuimos mejores esa época"

Noticias relacionadas

Las páginas de 'Yo fui a EGB', efectivamente, son pura emoción para los cuarentañeros de hoy, que se ven reflejados en cada foto. El volumen 4 destila una nostalgia especial por la familia. Sobre todo, por los papás ausentes (por trabajo) y por las entregadas mamás (heroínas sin saberlo). «Cuando te levantabas, papá ya se había ido. Y cuando llegaba de trabajar por la noche, en la tele ya habían anunciado el 'Vamos a la cama' que hay que descansar. No tenía tiempo para jugar con nosotros, ni para ayudarnos a hacer los deberes, ni tan siquiera para decirnos te quiero. Su única obsesión era trabajar para sacar a su familia adelante y que no le faltara de nada».

Ikaz y Díaz han querido rendir homenaje a la gastronomía de los 70 y los 80. Por eso han incluido un (delicioso) capítulo con recetas ochenteras. El imprescindible cóctel de gambas de Navidad y el plato estrella cuando (cosa rara) la familia salía a comer a un restaurante: entremeses variados. El libro también rinde tributo a los postres de las abuelas. Solo con ver las fotos de natillas, rosquillas y torrijas uno viaja directamente a su infancia. Hasta las páginas huelen a canela y azúcar.