Antoine Leiris: «El odio llama a mi puerta, pero no lo dejo entrar»

Entre las 89 víctimas mortales de la sala Bataclán estaba Hélène, su esposa, la madre de su hijo de 17 meses. Tres días después del atentado colgó una carta en Facebook titulada ‘No tendréis mi odio’. La onda expansiva de sus palabras no remite.

Antoine Leiris, en Barcelona, donde presentó su libro ’No tendréis mi odio’.

Antoine Leiris, en Barcelona, donde presentó su libro ’No tendréis mi odio’. / JOAN PUIG

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Tres días después del atentado de la sala Bataclán –París, 13 de noviembre del 2015– en el que murió su esposa Hélene, Antoine Leiris colgó en su muro de Facebook una carta titulada 'No tendréis mi odio'. Han pasado 10 meses y admite que no pensó en el huracán que desencadenaría en las redes. Vivía fuera del tiempo, como un buzo en un tanque de dolor, sin posibilidad de volver a la superficie. La carta se transformó en un dietario, breve y sin filtros, de las jornadas posteriores a la atrocidad yihadista que abrió un boquete en su existencia y en la de su hijo, Melvil.

Cuesta comprender el impulso de escribir en plena devastación. La carta de Facebook pretendía explicar al círculo íntimo qué pasaría conmigo y con Melvil. No tenía capacidad de anticipar que cobraría una dimensión pública. La escritura me permitía respirar. Dentro de la niebla espesa, solo estaba pendiente de la música de las palabras.

¿Eso explica la necesidad de un libro? Cuando se mira desde el exterior, puede resultar extraño. Pero la escritura es un trabajo solitario, delante de una pantalla, que realicé mientras Melvil dormía la siesta, durante horas de insomnio. En ningún momento pensé en lectores potenciales. Ha sido una forma de trascender, más que exorcizar, el dolor.

¿Qué diferencia hay? Yo no veo el dolor como un mal. Hacerlo desaparecer sería una forma de olvido, y no quiero olvidar. Es parte de quién soy, de dónde estoy, de cómo he vivido. Las palabras tienen una gran importancia en mi vida. Están en el centro. Y me permiten trascender el dolor.

¿Hay suficientes palabras para explicar lo inenarrable? Quizá porque no las hay, hablo de las pequeñas cosas.

"Desde la muerte de Hélène ya no hay relato", escribe. Así lo sentía. Yo había vivido antes la muerte de alguien muy cercano y abrigaba la fantasía de que la próxima vez sería capaz de vivir plenamente el dolor. Pero ocurre, y te levantas y te ves arrastrado en una toma de decisiones ordinarias sobre el entierro, el papeleo y las rutinas de baño, juego, alimentación y descanso de Melvil.

En el libro sí detalla el desaliento. Esa ha sido mi forma de vivirlo plenamente. Retratarlo fue un compañero de ruta preciado, junto a la necesidad de restablecer la salud familiar, de hacerle comprender a un niño de 17 meses que ambos compartíamos la ausencia y que había un lugar en el mundo en el que estaría protegido de las agresiones exteriores.

Las claves de la noticia

  • Nació en París, en 1981.  Licenciado en Derecho y diplomado en Periodismo por la Universidad de Nanterre, ha ejercido de periodista cultural para France Bleu (Radio France).
  • Se tomó un respiro profesional  en septiembre del 2015, antes del atentado, para pasar más tiempo con su hijo, Melvil, y su esposa, Hélène Muyal, maquilladora de cine.
  • Se ha personado en el proceso judicial  "solo para tener acceso al dossier" y algún día poder trasladar a su hijo la versión objetiva del atentado "y no la que encuentre en internet".
  • Tras publicar 'No tendréis mi odio' (Península), Tras publicar 'No tendréis mi odio' (Península), prepara un documental para la televisión francesa sobre la reconstrucción de las víctimas de los atentados.

En las "agresiones exteriores" incluye a la legión de empáticos que querían conocerle, abrazarle y alimentar y vestir a su hijo. En aquel momento no había lugar para las buenas gentes cargadas de palabras de amor y de ganas de participar. Los dejé fuera, como muchas otras cosas. Se había parado el tiempo y debía reconstituir un lugar seguro para Melvil y para mí. Es ahora, con la distancia, que puedo valorar las buenas intenciones.

Cuando relee su dietario, ¿se reconoce? Puse el punto final y nunca lo he releído. No puedo. Me gustaría conceptualizar lo que sale de la emoción, pero no he dado ese paso.

¿Tampoco se ha preguntado por qué ella, por qué esa noche? No. Supongo que es otra forma de protección. Si me pregunto el porqué, es posible que la siguiente cuestión fuera "¿y si?". "¿Y si le hubiera pedido que se quedara en casa?". "¿Y si fuera yo el que hubiera ido al concierto del Bataclán?"...

Sería humano. Evidentemente, a menudo me asalta la idea de rebobinar la película y decirle a Hélène que no se vaya, que se quede en casa. Pero me resisto tanto como puedo porque, si lo hago, estoy perdido.

"La muerte esperaba a tu madre ese día y ellos no eran sino sus embajadores", le escribe a su hijo. Sí.

Prefiere hablar de "fatalidad".  Sí.

Pero su esposa no murió en un accidente de tráfico. Tengo toda una vida para reflexionar sobre eso.

Fue asesinada por yihadistas enloquecidos. En este momento, en que mi disposición mental está debilitada, en el que tengo la inmensa responsabilidad de ocuparme de la educación de mi hijo, necesito apartar esa circunstancia excepcional.

Pero... Sé que si me pregunto sobre esa cuestión corro el riesgo de dar respuestas que solo serían recursos intelectuales. Llegará el momento en el que me plantee con calma cómo alguien puede llagar a hacer algo así, cómo unos hombres furibundos dejan oír su veredicto a tiros de armas automáticas.

Permítame admirar su temple. ¿Temple? Lloro todos los días. Es el plano en el que expreso libremente lo que siento por la pérdida de Hélène. Pero también juego y río con mi hijo.

¿Melvil ha sido su salvación? No sería justo ponerle ese peso sobre las espaldas. Sí es cierto que me he concentrado en mi papel de padre, y que ese papel me ha mantenido a flote.

¿Sigue sin querer regalarles su odio? Sí. El odio es un sentimiento que llama a mi puerta con regularidad, pero lo combato oponiendo la razón. No lo dejo entrar.

Pero les niega el perdón. Sí.

Si los tuviera delante... No me he planteado esa idea ni un solo momento.

¿Le ocurre lo mismo a las otras víctimas del Bataclán? Todos, los familiares, los heridos, los que estuvieron en el Bataclán y salieron ilesos, han tomado caminos de reconstrucción distintos, pero todos coincidimos en una cosa: la historia de la ausencia. Todos nos preguntamos qué hacer con lo que queda tras la desaparición.

Asegura que no construirán su vida contra ellos. Casi todos entendemos que los extremistas del Estado Islámico son simplemente locos. Se sitúan en la cúspide de la pirámide de buenos y malos musulmanes, y todos aquellos que viven pacíficamente el islam en nuestra sociedad corren el mismo peligro que el resto de ciudadanos.

"No veo el dolor como un mal.  "No veo el dolor como un mal. Hacerlo desaparecer sería una forma de olvido, y yo no quiero olvidar"

En el Elíseo no lo tienen tan claro. La situación de la amenaza terrorista está en la agenda política de Francia. Todos los partidos se posicionan con respecto a la identidad nacional y a la cuestión de si el islam es compatible con los valores de la República. Yo, sinceramente, lo veo como un circo mediático. Como muchos de mi generación, me centro en lo que puedo hacer por mis conciudadanos a pequeña escala.

Podría tener la tentación de votar a la ultraderecha. Ahí vuelve a salir de mi reflejo de protección. Si me hubiera dejado contaminar por las emociones, ¿dónde estaría? El asesinato de Hélène fue una deflagración tal que lo borró todo. De repente eres virgen. Poco a poco, voy teniendo pequeñas consideraciones políticas. Pero sigo en el momento de reconstruirme en la intimidad.

Acaban de desarticular otra célula en Francia. No puedo negar que hay momentos en que quiero huir, otros en los que tengo la tentación de gritar "que los combatan con todos los medios disponibles". La violencia alivia la presión, pero estamos obligados a ser inteligentes. Hasta que no me sienta entero, dejaré estas consideraciones en el exterior. Suena a Walt Disney, pero insisto en que lo único que me ocupa es la educación de Melvil. En casa ni siquiera hay televisión.

Se ahorra las atrocidades que desvela la investigación del Bataclán. Hélène asistió al concierto con un buen amigo. Él sobrevivió y me ha contado todo lo que necesito saber.

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Esa parte es solo suya. Por supuesto. Tampoco comparto el momento en que recuperé su cuerpo, la reacción de su familia, mi estado espiritual o qué le explicaré a mi hijo cuando sea mayor. Lo que he puesto en el libro es lo que estoy dispuesto a compartir.

¿Será posible volver a amar? El lugar que Hélène ocupó en mi corazón es para ella. Seguramente habrá un espacio, diferente, para otro amor. Y espero que sea tan sincero y profundo. Tengo derecho a ser feliz y tengo derecho a no serlo.