¿Qué es la realidad?

Al acabar las vacaciones, solemos oír expresiones del tipo «ahora toca volver a la realidad». De tanto creer que solo es real lo desagradable, acabamos convencidos de que el mundo es un espanto.

¿Qué es la realidad?


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Cada año, al finalizar las vacaciones, escucho a personas entristecidas decir que "ahora toca volver a la realidad". Todos hemos pronunciado esa frase alguna vez, dando por supuesto, inconscientemente, que el mar en el que nos hemos bañado, el sol que nos ha bronceado, los hoteles o pensiones donde hemos dormido y los helados tomados al pasear no eran reales del todo.

Curiosamente, creemos volver a la realidad al terminar las vacaciones, pero jamás he escuchado a nadie gritar eufórico el último día de trabajo: "¡Por fin el descanso, por fin la realidad!". Eso es algo que debería hacernos reflexionar. Otorgamos mayor dosis de existencia a lo que no nos gusta, pareciéndonos más real lo feo que lo hermoso, lo incómodo que lo placentero.

Tal vez por eso somos pesimistas. De tanto creer que solo es real lo desagradable, acabamos convencidos de que el mundo es un espanto. Por muchas diversiones que tengamos, no cambiaremos jamás nuestra negativa opinión sobre las cosas, porque esas maravillas las terminamos colocando en el cajón de la irrealidad, y por tanto no cuentan, como estas vacaciones que están terminando para la mayoría de ustedes.

DIVISIÓN ARTIFICIAL

Lo malo es más real que lo bueno. Esa parece ser la premisa con la que nos movemos. Si una película termina mal, aplaudimos su realismo, pero si tiene un final feliz, nos burlamos de ella asegurando que ha sido edulcorada.

Y así caemos en contradicciones, marcando una división artificial entre "la vida" y "la realidad". Muchas veces oímos a personas afirmar, tomando una cerveza frente al mar: "esto es vida", como si todo lo demás no lo fuera. Son los mismos que ahora aseguran que regresar al trabajo supone volver a la realidad. ¿Lo ven? La vida por un lado, la realidad por otro. Y claro, esta esquizofrenia pone tristísimo a cualquiera.

Pero lo que ustedes han vivido durante estos días de ocio ha sido tan real como sus dificultades para pagar la hipoteca. La ilusión con la que se lanzaban a la piscina, la felicidad que sintieron tumbados en la playa, con la gorra tapándoles la cara, mientras miraban esos filamentos diminutos filtrados por el sol que siempre se ven a través de los agujeritos de la tela, la alegría que tuvieron, días atrás, cada vez que pensaban que aún les quedaba mucho tiempo de vacaciones; todo eso fue tan real como la desgana con la que acudirán mañana lunes al trabajo.

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No se trata de dulcificar, sino de hacer justicia a la existencia, añadiendo a ella también la parte positiva. Dejemos de decir al finalizar las vacaciones que ahora volvemos a la realidad, porque nunca nos habíamos alejado de ella. Digamos, más bien, que la realidad continúa, y así, al agrandarla con lo bueno, al añadirle lo que nos gusta, nos volveremos más optimistas, porque la realidad será mejor. Desde esta nueva posición más alegre, más «realista», seguro que volver mañana al trabajo no nos parece tan espantoso.

Y si ustedes son de los que dijeron «esto es vida» al lanzarse al agua, díganlo ahora también al subirse al metro; díganlo con entusiasmo porque dentro de un tiempo ya no podrán decirlo nunca más. 

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