Fuera de cobertura

Fuera de cobertura

LEONARD BEARD

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Me estoy quedando sin cobertura. Y ojo que no hablo de mi móvil, que ya hace tiempo que funciona mucho mejor que yo. Me refiero a mi actitud, mis ganas y mi predisposición a estas alturas del año. Debe de ser por eso de que dejamos de trabajar para Hacienda, no sé, pero lo cierto es que las vacaciones de verano siempre me pillan como a Kate Moss: con una rayita. Badúm pshh. Sin embargo, en mi caso esa rayita es de batería y, sobre todo, de cobertura.

Por estas épocas, poco a poco, voy notando que cada vez escucho menos. Los susurros se vuelven gritos y las cotidianidad me da aún más pereza que de costumbre, que ya es decir. Dirás que es el calor que nos aplatana, pero ya no. Porque me ocurre lo mismo aunque me tire horas bajo el chorro del aire acondicionado, sigo recibiendo cada vez peor. Y que conste que no es un proceso inducido ni consciente, ni mucho menos, es algo que me pasa todos los años muy a pesar de mi voluntad.

También siento que emito peor que de costumbre. Lo que tengo en mi cabeza y lo que acaba saliendo por mi boca se parecen lo mismo que los discursos de Melania y Michelle, bueno, igual no tanto, vale me he pasado. Pero sí creo que cada vez estoy menos interesado en ser bien recibido, entendido, decodificado por los demás. Yo lo suelto y una vez está fuera me dedico a explorar qué tal se desenvuelve el mensaje por sí mismo en el exterior, como quien examina su pañuelo después de sonarse, dispuesto a llevarse una desagradable sorpresa que sin embargo sabe que le encantará contemplar. También es posible que todo sea sólo cosa de la edad. No sé.

Lo que sí sé es que al mismo tiempo, se produce en mi cabeza una desconexión en círculos concéntricos, de fuera a dentro, de más a menos prescindibles en mi vida. Es un proceso de degradación social que también forma parte de esta crisálida del cerebro a la que llamamos agosto.

Suelo empezar por los contactos con los que no he hablado en el último año. Son el trastero de las relaciones sociales. Esa parte del fondo de armario que ya jamás te pondrás. Son las personas que de pronto se vuelven cada vez más borrosas. Y algún día los descubres en tu agenda de teléfonos y en algún caso hasta te preguntas quién es esa persona que algún día te hizo almacenar su contacto. Y de pronto me doy cuenta de que no lo utilicé jamás. Ni ellos tampoco el mío, claro.

Después empiezo a disparar balones fuera con una habilidad que ni Sergio Ramos en sus mejores tiempos. Badúm repsssh. De pronto, mi agenda se vuelve impermeable a todo tipo de compromisos, reuniones y otras fiestas de guardar. Y el proceso desde este punto se vuelve imparable e irreversible.

Continúo por las personas con las que trato día a día. Personajes secundarios en mi rutina diaria que, como todos los secundarios, son cada vez más protagonistas, más visibles, pues empiezan a actuar como si supieran que cuando vuelvan de vacaciones, ahí estarás.

A continuación empiezo a reconectarme con las personas más importantes de mi vida de una manera que no he podido el resto del año. Es por eso, supongo, que hay más divorcios cada verano. Porque uno se ve obligado a concederle horas a quien se supone que le importa de verdad. Y ahí se dan cuenta muchos de lo poco que les importan sus allegados. O simplemente, de lo equivocados que están. En mi caso, pasar más tiempo con la gente que quiero es lo más próximo que existe a eso que algunos llaman felicidad. Y regalándoles lo más preciado que tengo, mi tiempo y mi rutina, es mi manera de intentárselo demostrar.

Por último, llega el momento de desconectar de mí mismo. Es la desconexión más difícil, pero la más importante también. Dejar de hacer lo que hacía, de hablar de lo que hablaba, de pensar en lo que pensaba y de sentir lo que sentía. Quitarse todo ese ropaje y ponerlo a lavar, secar y centrifugar, y ver qué es lo que se ha estropeado, lo que se me ha quedado grande o pequeño y lo que definitivamente hay que ir pensando en renovar. Tomarse distancia y verse como en un sueño, desde otro punto de vista pero sabiendo que seguirás siendo tú en tercera persona, hasta que decidas volverte a despertar.

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Me estoy quedando sin cobertura y lo noto incluso como responsable de esta columna que sabe que -con suerte- hasta el mes de septiembre no volverá.

No sé si me r-c-b-s bien. Hol-? M— es——————?