EL PERSONAJE DE LA SEMANA

Antonio Cañizares: la cólera de Dios

El cardenal de València toma el relevo de Rouco Varela y Martínez Camino como adalid del ala más dura de la Iglesia católica en España. La Fiscalía le investiga por un posible delito de odio por sus declaraciones contra gais y mujeres, por las que no acaba de pedir perdón. 

Antonio Cañizares: la cólera de Dios

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Laura L. David
Laura L. David

Periodista

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«Ni soy homófobo, ni xenófobo, ni sexista: ¡Dios me libre! (…) Retiro aquellas palabras de mi homilía, como no dichas, que hayan podido herir o molestar a algunos, y perdono muy sinceramente a quienes me han ofendido de esa manera. Los perdono de todo corazón. Eso sí, espero reciprocidad». Con estas palabras, el arzobispo cardenal de València, Antonio Cañizares, daba por zanjada su arenga contra lo que denominó el «imperio gay» y las «insidiosas leyes de ideología de género», que llamó a «desobedecer» por ser, a su parecer, las que van a acabar con la familia. Tan curiosa manera de pedir perdón no ha convencido a la Fiscalía de València, que ha decidido abrir diligencias penales contra él para ver si cometió un delito de odio contra homosexuales y mujeres.

Este episodio parece haber consagrado a Antonio Cañizares Llovera (Utiel, València, 1945) como legítimo heredero del ala más reaccionaria de la Iglesia católica en España, tras el paso a un segundo plano del expresidente de la Conferencia Episcopal, Antonio María Rouco Varela, o el que fuera su exsecretario general, Juan Antonio Martínez Camino.

AZOTE DE ZAPATERO

El historial de andanadas del purpurado no es menor. Interlocutor de la Conferencia Episcopal para negociar -y discrepar- con José Luis Rodríguez Zapatero, las leyes de Educación para la Ciudadanía, la de Interrupción voluntaria del embarazo o la del Matrimonio igualitario provocaron la ira de Cañizares, quien participó en las manifestaciones contra las políticas sociales de aquel gobierno, del que, no obstante, acabaría por declararse amigo. No en vano, el Ejecutivo socialista aumentó la aportación voluntaria del IRPF a la Iglesia del 0,5% hasta el 0,7 %.

A punto estuvo  al Papa Francisco

Próximo a Joseph Ratzinger, Cañizares soñó con presidir la Conferencia Episcopal. Pero Benedicto XVI le reclamó para el Vaticano y le nombró prefecto de la Congregación por el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Y también allí se lució, declarando como portavoz de la curia en relación a los abusos sexuales a menores cometidos en escuelas católicas irlandesas entre los años 50 y 80, que no era «comparable lo que haya podido pasar en unos cuantos colegios con los millones de vidas destruidas por el aborto».

Tras su paso por Roma, a punto estuvo de recalar en la archidiócesis de Barcelona, aunque las reticencias de la Iglesia catalana hicieron que finalmente el Papa Francisco lo enviara a la de València. Antes, fue arzobispo de Granada y Toledo, donde impulsó la Universidad Católica, y obispo de Ávila.

DEL VATICANO A VALÈNCIA

Ya instalado en València, a donde llegó en septiembre de 2014 con el poder del PP agotándose en todas las instituciones, la hemeroteca da cuenta de otras arengas que no llegaron a las puertas de la Fiscalía, pero reflejan la propensión de Cañizares a ignorar la recomendación de Cristo de dar «al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». Así, días antes del referéndum catalán, convocó una vigila «por la unidad de España»; un año más tarde, dudó en voz alta sobre si los refugiados eran «trigo limpio», alegando después que los periodistas habían malinterpretado sus palabras textuales; y más recientemente, dentro de su cruzada contra lo que no represente la familia tradicional, cargó contra la diputada de la CUP Anna Gabriel, al considerar que plantear la posibilidad de educar en comuna era la «mayor estupidez» que se pueda decir.

LA 'CAPA MAGNA'

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El nuevo panorama normativo que dibujan los acuerdos entre el PSPV y Compromís ha devuelto a la palestra a un cardenal ya de por sí poco dado a la discreción, pues es el mismo que sorprendió por usar la antediluviana capa magna, roja y de cinco metros, en la ordenación de dos sacerdotes en 2007. Una prenda, cabe señalar, que el papa Pablo VI desaconsejó en 1969 y que precisa de un ayudante para portar la cola.

Y no es ese el último arcaísmo que Cañizares ha rescatado. Un cartel de la organización independentista Endavant con la Moreneta y la Geperudeta (la patrona de València) invitando a la manifestación por el Día del Orgullo LGTBI provocó su penúltimo acto de contrición. «Su Menudencia», como algunos le apodan por su escasa altura, celebró el pasado jueves el único acto de desagravio a la «Mare de Déu» aparte del que las tropas de Franco le dedicaran en 1939, poco después de entrar en València (aunque la imagen la protegiera en la Casa Consistorial el alcalde republicano José Cano Coloma). En su toma de posesión como arzobispo, el prelado ya avisó: «Proclamaré sin descanso, me gastaré y me desgastaré». En esas está al 100%.