Markus Gabriel: «En una pizza Margarita hay verdad»

Este joven catedrático de Epistemología -y 'skater'- alemán es uno de los teóricos del Nuevo Realismo, una corriente filosófica que combate la posmodernidad.

Markus Gabriel, en el Palau Macaya, donde dio una conferencia el lunes.

Markus Gabriel, en el Palau Macaya, donde dio una conferencia el lunes. / FERRAN SENDRA

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Núria Navarro
Núria Navarro

Periodista

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Por si no teníamos suficientes quebraderos de cabeza, Markus Gabriel, el 'rockstar' de la filosofía alemana contemporánea, teórico de la corriente del Nuevo Realismo, asegura que el mundo no existe, pero sí los unicornios, el color rojo, los relámpagos, los números naturales, el IVA...

Si el mundo no existe, ¿usted y yo dónde estamos? En Barcelona. Alrededor de una mesa de roble. Frente a una vidriera modernista. Junto a mi libro 'Por qué el mundo no existe', publicado aquí por la editorial Pasado & Presente.

En algún punto del universo, ¿no? Es falso creer que Barcelona esté en el universo. El universo es el dominio estudiado por las ciencias naturales. Y las ciencias naturales nos enseñan algunas cosas sobre los agujeros negros o el bosón de Higgs, pero no tienen conceptos para describir una república, la Mona Lisa, el futuro. Más allá de los límites de la ciencia empieza la libertad humana.

La neurociencia pondrá algunas pegas a ese argumento. La neurociencia es ideología pura que nos quiere convencer de que no somos libres. Hay leyes matemáticas, físicas y políticas, pero no una ley general que lo explique todo. Quien pretende imponer la totalidad teme al infinito.

Las claves de la noticia

  • Nació en Remagen (Alemania), en 1980.  ‘Skater’ impenitente, una fractura de tobillo a los 14 años le obligó a guardar reposo. Cayó en sus manos ‘Temor y temblor’, de Soren Kierkegaard, y ya no abandonó la filosofía.
  • Es titular de la cátedra de Epistemología,  Filosofía Moderna y Contemporánea de la Universidad de Bonn. Y autor del 'best-seller' 'Por qué el mundo no existe' (Pasado & Presente).
  • Ha sido invitado a Barcelona  por la Escola Europea d’Humanitats del Palau Macaya de la Obra Social ‘la Caixa’.

¡Qué ganas tiene de mover el suelo bajo nuestros pies! Lo siento. La filosofía es lo contrario de la consolación, de la sabiduría y de la salvación.

Si no hay Dios ni Universo, ¿qué hay? La realidad se nos aparece como campos de sentido. Un martillo puede ser una herramienta, un conjunto de átomos, arte, un arma. Los campos de sentido se superponen, se anillan, son infinitos.

¿Cómo ha llegado hasta ahí? Una experiencia que me llevó a esta convicción es que en un determinado momento de mi vida tenía ciertos amigos y más tarde tuve otros, y experimenté cambios muy profundos. Eso me planteó una pregunta: "¿Existo algo que continúe en mí?". Sí. Lo 'fijo' es nuestra capacidad de unirnos a los otros.

¿No tiene más papel el ser humano? No somos centrales en el panorama de los campos de sentido. Estamos ahí, como las hormigas, los gobiernos, los unicornios rosas (en los cuentos), las manchas de café en el mantel...

Qué poca centralidad. Somos sujetos. Y un sujeto es una estructura libre con capacidad de autoengaño. Un animal ideológico, como decía Althusser. La buena noticia es que somos libres para criticar la ideología. Pero tenemos una relación confusa con la verdad.

VÍAS PARA LLEGAR A LA VERDAD

Para aclararnos, nos invita a ver series norteamericanas. Así es. 'Homeland' hace un diagnóstico avanzado de lo que está pasando. Es un buen análisis de la ideología.

¿De veras? Las series americanas exageran, pero nos muestran cómo pensamos. 'House of cards', por ejemplo, objetiva nuestras fantasías de omnipotencia. La gente quiere que el presidente de EEUU sea un Francis Underwood. Y aparece Donald Trump, alguien brutal y violento, "comme il faut". El propio Tump sabe que, en caso de ganar, no podría vetar el paso a los musulmanes o levantar un muro en la frontera, pero conoce su poder de activar la fantasía Hollywood.

No es muy evidente cómo nos ayuda eso. La serie no muestra una manera de entender la política, sino que nos hace entender que no entendemos la política. Es una herramienta de desmontaje.

Trump va ganando adeptos. Yo sostengo que somos libres, pero eso no desemboca necesariamente en la manera responsable de actuar. Quien tiene la concepción justa de la libertad entiende su responsabilidad.

Total, una ficción se acerca más a la verdad. Es más fácil ver la razón en una forma sensible que a través de un prolijo argumento filosófico. Incluso podemos escuchar, tocar y gustar la verdad.

¿Gustar en el sentido de comer? Sí. Al comer una pizza Margarita en un buen restaurante de Nápoles entiendes que hay una pizza en sí. Hay una esencia gastronómica. Hay verdad. Soy de los que cree que existen los platos absolutos.

¡Si le oyera Kant! Debo aclarar que crecí en el restaurante-hotel de mi abuela favorita. Ella hacía una sopa de alubias que son mi magdalena de Proust.

Ah, la infancia. Yo soy el mismo que aquel niño y que el anciano moribundo que seré. El presente no es tan especial. Soy la continuación de varios campos de sentido.

EN EL PENSAMIENTO NO HAY ESCLAVOS

Suena poco apetecible. El ser humano, como decía Sartre, es el deseo de no ser humano. Es por eso que tenemos la fantasía de Dios y la fantasía de los animales. El vegetarianismo es la fantasía de ser un animal. Y la religión es el deseo de ser Dios. Lo importante es la libertad de conciencia. El hecho de pensar. Y hay un pensamiento universal que es la razón.

Ojalá fuera universal. En el 'Menón' de PlatónSócrates logra que un esclavo resuelva un complicado problema de la matemática griega de su época. Demuestra que no hay esclavos en el pensamiento. Y que el pensamiento en cuanto tal es capaz de la verdad. Solo que la ideología y el poder nos quieren hacer creer que la verdad es algo exclusivo de una élite, y asegurarse de que no hará un uso justo de la razón.

Eso cuentan las noticias. Sin embargo, como dijo Jesús, "la verdad nos hará libres".

Pero la verdad es una verdad para alguien. La verdad es la verdad.

EL NACIONALISMO ES ERRÓNEO

El soberanista le dirá que hay verdad en su formulación. El nacionalismo es erróneo. Identifica el ser humano con algunas propiedades accidentales. Yo tengo la propiedad accidental de ser alemán, pero podría ser italiano. Por eso el nacionalista no puede entender al otro y lo percibe como un peligro. Es una forma de religión que maneja términos trascendentes.

El EI también, y es probable que consideren su salvajada justa. La verdad no es la 'verdad-para-alguien'. Cada verdad es verdad para todos. Si el EI cree que Dios reclama la vuelta del califato y ese tipo de cosas, se equivoca. Se puede demostrar la falsedad de sus creencias.

¿Y que Merkel no tiemble al ajustar el cinturón al sur de Europa? Tiene sus intereses como jefa de los alemanes, pero efectivamente es un error. No lo es, en cambio, abrir la frontera a los refugiados, una decisión políticamente arriesgada. La Constitución alemana marca el deber de asilo, así que lo que ha hecho es muy racional.

En su país, patria de la racionalidad, la ultraderecha sube. Si estudias con rigor sus argumentos ves que son incoherentes. Insisto, lo que determina algo no es un grupo, es la razón. Y la razón tiene más paciencia que la lucha. Por eso la escuela es absolutamente crucial.

La escuela también puede salpicar ideología. Los individuos estamos integrados en contextos sociales que nos influyen, y no podemos observar todos los contextos existentes a un mismo tiempo. Por eso necesitamos instituciones basadas en el concepto de libertad.

VELOS IDEOLÓGICOS

¿Qué entiende por libertad? El idealismo alemán enseñó que libertad es autodeterminación. Si quiero tomar un café y tengo el dinero, lo compro. Es mi libertad, pero las condiciones de la libertad no son completas. Alguien produce mi café en unas determinadas condiciones, alguien paga al camarero que me lo sirve. O sea, el contexto de mi libertad aún no es compatible con las condiciones de la autodeterminación de todos. Hay velos ideológicos que hay que destruir para avanzar.

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Parece tarea larga. El grado de la civilización es más alto que nunca, pero estamos muy lejos de un orden global justo. Por eso los que vivimos en una situación compatible con la libertad social somos responsables del avance de la humanidad.

Tiene un hijo de un año. A ver cómo le cuenta su teoría a los 15. Él sabe ya. Los niños residen en la realidad en la medida en que cualquier cosa para ellos es un acontecimiento.