ENTREVISTA

Juan José Omella: "Ante los abusos, hay que pedir perdón"

El arzobispo de Barcelona, uno de los hombres de confianza del Papa, asegura que le "duelen" los casos de pederastia de los maristas y admite que el protocolo de la Iglesia "es desgraciadamente muy reciente"

El arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, recibe a EL PERIÓDICO y contesta a sus preguntas. / J. CARBÓ / VÍDEO: M. TUDELA

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El perfil

Tomó posesión del cargo de arzobispo de Barcelona el 26 de diciembre. Va como loco arriba y abajo visitando parroquias, centros sociales y dándose a conocer. Luce anorak. Sigue teniendo aspecto del cura de pueblo que fue. Se sonríe cuando le recuerdan que es uno de los obispos de confianza del papa Francisco. Le puso en la comisión que selecciona los candidatos a obispo en todo el mundo. Y lo mandó a Barcelona a lidiar con un ayuntamiento de la izquierda radical y una Generalitat independentista. Y cuando llevaba un mes en el cargo le explotó el caso de las denuncias por abusos en colegios maristas de la ciudad y el escándalo por el poema 'Mare Nostra' en un acto oficial.

¿Han reaccionado con suficiente contundencia los maristas? Lo primero de todo, hemos de decir que nos duele, a mí me duele muchísimo ese tipo de práctica que es dolorosísima para las víctimas. Lo primero que miro es el dolor, el sufrimiento de la víctima, que no es fácil, porque es un menor. ¿Cómo gestiona eso? Es terrible. Y junto a ellos, los padres y los hermanos, los familiares que sufren enormemente. ¿Qué se puede hacer? Todo lo que hagamos por ellos siempre es poco. Dicho esto, las propias instituciones, llámese Iglesia, tenemos ya un protocolo que desgraciadamente ha sido muy reciente. Creo que la Iglesia, nuestra diócesis y todas las diócesis del mundo, ese protocolo lo está cumpliendo y es duro, es severo. El tema penal, si hay que llevarlo, hay que llevarlo. Tenemos que ser muy vigilantes, padres, educadores, poderes políticos, todos.

¿No tendría que pedir perdón la Iglesia por este tipo de cosas? Bueno, siempre que alguien comete un error tiene que pedir perdón y en eso la Iglesia no se ha avergonzado, el Papa lo ha hecho en nombre de toda la Iglesia, yo también lo hago en nombre de mi diócesis, acabo de llegar pero lo que tenga la diócesis de pecado en eso, pido perdón. No es mío el pecado, a Dios gracias, pero siento también, de alguna manera, que es de la propia familia, tenemos que aprender a pedir perdón.

El Papa ha sido en este tema y en otros partidario de las paredes de cristal. ¿A qué cambios le obliga? Estamos escuchando la palabra de Dios y escuchando también a la sociedad. En muchas cosas, la sociedad nos interpela y tiene razón, en otras no.

¿En cuáles sí que pueden hacer cambios? Pues, por ejemplo, la ley de la transparencia. Seamos más transparentes, en lo económico y en las actividades. A mí me parece que eso es importante. Otros temas más morales, éticos, pues ahí no casa bien con el Evangelio, entonces decimos: 'Mire, usted, no, nosotros como cristianos, no entramos y ya está'.

¿Está toda la Iglesia comprometida en las prioridades que ha marcado el papa Francisco? Una de las cosas que impresionan en el Papa, primero es que sabe transmitir muy bien el mensaje. Mensaje corto, incisivo, que llega al corazón y que abre a la esperanza. Segundo, que ese mensaje lo transmite con alegría, no echando anatemas y condenas.Y tercero, el papa Francisco, y esto me lo han dicho los periodistas, es un hombre coherente. Que lo que dice, lo hace, y lo que hace, dice. 

También les obliga a los obispos a ponerse las pilas… Claro, es evidente.

¿Y renunciar a privilegios?

Iremos viendo por el camino. El papa Francisco sí que nos está diciendo: tenemos que vivir más al estilo de Jesús, que vive en la sencillez. No tiene donde reclinar la cabeza, no hace anatemas, perdona a la pecadora, le dice: no peques, el pecado es malo pero yo a ti te perdono, es distinguir entre persona y acción. El papa Francisco parece que lo ha puesto más en evidencia y a algunos les choca y dicen: ‘A ver si ustedes corrigen pronto’. Vamos a mirarnos a nosotros mismos, en qué puedo cambiar y en qué debo cambiar yo para bien.

Pero este Papa es muy concreto, no solo apela a la solidaridad y a la caridad, también a cambiar las estructuras económicas que conducen a la injusticia, como la evasión fiscal, y la Iglesia no paga algunos impuestos como el IBI... Hay que distinguir un poquito. Vamos a ver. La economía ha de estar al servicio de la persona y no del dinero. Y eso lo dice muy bien el Papa. Y cuando no está al servicio de la persona puede entrar la corrupción, puede entrar la injusticia, etcétera. Y segundo, lo del tema del IBI no es ningún privilegio: la ley permite que un bien cuando sirve para la sociedad no tenga un gravamen. Esto lo tienen los sindicatos, lo tienen los centros de la administración y lo tiene también la Iglesia porque sirve a la sociedad. Si eso se quita, pues se quita y nosotros pagaremos como todos. Si cambia la ley, que la cambien, pero que sea para todos. Y en esto la Administración también tiene que ser honesta. Bueno, todos tenemos que ser honestos.

"La sintonía  corazón"

Usted va dos veces al mes a Roma… ¿Este impulso renovador del Papa está encontrando mucha resistencia? El Papa ha puesto el raíl del AVE. Va a ser muy difícil quitarlo. El Papa está marcando un camino y, pese a algunas resistencias, que siempre las puede haber y las hay, el Papa, y creo que con él muchísima gente, dice: ‘Adelante’. Ahora, a veces no se va a la velocidad que uno quiere.

Pero hay gente que tiene miedo de que se lo carguen… Bueno, eso son los periodistas que dicen en el Vaticano que si envenenan al Papa, que si se lo cargan… Bueno, nadie está libre de un atentado. Juan Pablo II ya tuvo uno, pero no creo. Si la pregunta iba por dentro de la Iglesia, entre obispos y cardenales, somos buena gente, no vamos a matar al Papa.

 

Y a usted, ¿qué le ha pedido el Papa que haga en Barcelona?

Le dije: 'Me manda a una ciudad, yo no soy obispo de ciudad, yo soy obispo rural que siempre he estado en pueblos. Pero él, con esa sencillez y esa profundidad que tiene, me dijo: 'Pues sea pastor, usted es pastor y ya está'. Eso es querer a la gente, sea quien sea, tender puentes, porque eso es amar, crear una sociedad más fraterna, haga lo que pueda en esa línea y no de crispación o de separación.

Y el secretario de Estado que se ocupa de asuntos más mundanos, ¿qué consigna le dio? Son muy pillos los periodistas y lo quieren saber todo. Con él me encuentro alguna vez. '¿Qué tal le va por Barcelona?' 'Pues mire, muy bien acogido'. 'Pues siga'. Son muy respetuosos, son de la carrera diplomática.

¿Qué es lo que más le ha impresionado de estos dos primeros meses en Barcelona?

Pues hay dos cosas. Es una ciudad muy cosmopolita, donde hay muchísimas razas, colores, lenguas. Y la segunda, la gran acogida. Yo voy por la calle y mucha gente me dice: ‘le he visto en una entrevista’, ‘lo oí en la radio’… Y me saludan, me hablan, y esto no pensaba que sucedería en una gran ciudad como es Barcelona. Me hace pensar que dentro de las grandes ciudades la gente busca la relación humana, la comunicación.

¿Qué se ha encontrado en Barcelona que no había leído en los periódicos? Cuando voy al Raval, cuando voy a La Mina, veo lo que está haciendo la Iglesia cerca del dolor de la gente, no solo ella, hay otras organizaciones –también la administración se hace presente– y me quedo impresionado. Es una ciudad con corazón. En La Mina, me impresionó la presencia de una comunidad religiosa que vive, ciertamente, en uno de los edificios más, diríamos entre comillas, degradado. Donde al entrar te encuentras todo lleno de pintadas, basura por la calle, por el patio de la casa, y ver ahí la presencia de unos religiosos que comparten el dolor, el sufrimiento de la gente, a mí me impactó. Dije: 'Ante esto hay que quitarse el sombrero, qué bonito'.

Muchos barrios de Barcelona viven una situación de emergencia social, ¿está respondiendo la sociedad a ese reto? Creo que es un botón de muestra de lo que está pasando en nuestra sociedad actual, también en Europa. Y tengo que decir que la sociedad, como Catalunya y también Barcelona, está respondiendo con el mismo parámetro. Descubro mucha soledad, mucho sufrimiento, mucha marginación, pero a la vez también descubro mucha respuesta solidaria. Y fíjese, doy un botón de muestra. En este tiempo de crisis, que hemos vivido en España y en Europa, prácticamente en el mundo, las aportaciones a Cáritas se han triplicado. Digo Cáritas, pero podríamos citar también las demás. Con los de aquí y también con los de allá evidentemente, que también hay gente que muere de hambre en el mundo y esos sí que viven en crisis, no solamente de tres años, sino desde que nacen hasta que mueren.

¿Cómo es su relación en un ayuntamiento muy alejado de la Iglesia? Tengo entendido que se ha reunido con el teniente de alcalde Gerardo Pisarello. 

Las organizaciones que trabajan con la marginación y con la pobreza trabajan mucho en red. Eso lo tienen muy claro. Trabajan juntos, porque es juntos como podemos incidir en la realidad y hacerla que evolucione y cambie. Eso es muy importante. No podemos ir nosotros de llaneros solitarios. Caminamos juntos en una realidad que nos supera. Y en eso también se apunta, por lo que veo, la Administración. Y en el diálogo que he tenido con los políticos, con la Administración, veo que tienen una sensibilidad especial en ese campo y para trabajar conjuntamente con la Iglesia, y creo que la Iglesia también está en una actitud de colaborar y trabajar con ellos. He detectado sintonía en este mundo de la marginación que es de lo que más hablamos sobre todo. Con todas las administraciones. 

Y con la alcaldesa Ada Colau ¿ya se ha reunido? No he llegado a hablar con ella, tengo citas pendientes todavía, pero en esa línea vamos. Me parece muy importante. Porque estamos aquí para ir tendiendo puentes. Lo importante no es una confrontación, sino un tender puentes y colaborar todos, codo a codo, tengamos la religión que tengamos, tengamos la ideología política que tengamos.

¿Está toda la Iglesia con las pilas puestas en este compromiso social? Hay muchas pilas, unas son Duracell, otras tienen un poco menos de fuerza, pero gastadas del todo no he encontrado ninguna. Los japoneses siembran la semilla de bambú en tierra y durante seis años la van regando, día a día, semana a semana, sin que salga nada. Y el séptimo año, en seis meses, sale y crece dos metros. Pero han tenido que esperar seis años sin ver ningún resultado. 

Hablando de políticos, esta crisis social ha provocado un cambio muy sustantivo, por ejemplo, en el ayuntamiento de Barcelona y una mayoría independentista en el Parlament. ¿Es demasiado nacionalista la Iglesia de Barcelona como dicen algunos? La Iglesia es muy respetuosa de las distintas realidades, en este caso, de las instituciones. Lo único que busco y por lo que quiero trabajar es que no hagamos fosas de división sino de comunión y de tender puentes. En estos momentos a mí nadie me habla de ese tipo de beligerancia nacionalista dentro de la parroquia, más bien al contrario, he visto personas que quieren servir a la sociedad. Puede haber algún caso, en eso ya no entro, y desde luego no les hago el examen de qué partido son. Y ellos tampoco. 

Ya sabe que aquí siempre que vienen obispos que no hablan catalán hay un cierto revuelo... Bueno, cuando vine oía ese mensaje que siempre hemos oído: 'Volem bisbes catalans'. Bueno, yo digo, pues tienen razón. Eso también lo dicen los aragoneses. A mí me decían, tú podías ser obispo de Zaragoza, que nos conoces y conoces la tierra, pues normal. Pero de eso no se hace una batalla sine qua non. Soy aragonés, soy de la Franja como dicen aquí, pero me han recibido muy bien y no he percibido ningún desprecio.

Usted diría que hay una visión desenfocada en el resto de España de lo que está pasando en Catalunya. He llegado aquí y digo, pues ciertamente, los catalanes no son lo que a veces se cree uno fuera. ¿Quién contribuye a esa imagen? Ahí es donde tenemos que hacer todos análisis, los unos por creer que solo es ese mensaje y los otros por mandar ese mensaje, involuntariamente, porque creo que es involuntario. 

El colectivo e-cristians le ha pedido que lleve a los juzgados el incidente de la lectura del poema 'Mare Nostra' en los premios Ciutat de Barcelona. A mí me duele que en una cosa pública se tenga esa falta de respeto a un montón de personas que tienen unas creencias y en algo tan sagrado, como en este caso es el Padre Nuestro. Puedes creer o no puedes creer, pero hacer de eso una especie de burla a mí me duele muchísimo. Dicho esto, el respeto que yo pido lo tengo también. Quizás es bueno saber callar. Igual que respetamos a un musulmán en su creencia, a un ortodoxo en su creencia, a un protestante, a un político de un partido o de otro, pedimos respeto también para la Iglesia, porque nosotros también lo queremos practicar con todos. 

Usted ha intentado hacer gestos como los del Papa, en el palacio con su obispo auxiliar sin servicio... Ponemos la mesa, nos calentamos la comida y luego fregamos. Y nos reímos. Voy a ser el que era siempre. Unas cosas las podré hacer, otras no, pero si tengo que ir a comprar, voy a comprar y si tengo al hospital a ver a un enfermo, pues voy a ver a un enfermo. 

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Me han dicho que va en metro. Sí, ya he ido varias veces. Voy en metro, voy andando también y otras veces en coche, claro. Normal, como hace todo el mundo, no?

Muchos obispos no lo hacen… Allá ellos. Yo no sé lo que hacen.