25 sep 2020

Ir a contenido

Las nietas de Janis Joplin

Jordi Bianciotto

Florence Welch.

Florence Welch.

Janis Joplin no creó un género musical preciso, sino que se diría que el género era ella misma, lo cual pone las cosas difíciles a sus sucesoras: imitar el 'estilo Janis', esa actitud vocal apasionada, expresada hasta el grito, puede derivar fácilmente en la caricatura. Pero son numerosas las cantantes que se han sentido inspiradas por su fuerte personalidad, por su modo literal, extremo, de encarnar un sueño 'hippy' que es, a la vez, símbolo puro de libertad. No hubo tiempo de corromperlo, ni tan solo de ponerlo a prueba, dado que murió a los 27.

DISCRETA ESTELA

Quizá porque imitar sus arranques de genio vocal pone a cualquiera en evidencia, durante muchos años, la estela de Janis Joplin se manifestó de un modo discreto. La cantante tejana no llegó a disponer del aura de culto de otras contemporáneas: no tenía la clase de Marianne Faithfull, ni el enigma de Joni Mitchell, ni el glamur ilustrado de Nico, ni se avanzó musicalmente a los tiempos, como Patti Smith. Conviene recordar que el adjetivo 'hippy' se utilizó durante largos años con ánimo despectivo, y Janis Joplin era, para muchos, aquella pueblerina de fuerte temperamento a quien Leonard Cohen dedicó 'Chelsea Hotel'. Hasta que, poco a poco, fueron aflorando las confesiones: admitieron su influjo Steve Nicks (Fleetwood Mac), Bette Midler (que protagonizó el filme 'La rosa'), Chrissie Hynde (Pretenders), Bonnie Raitt, Lucinda Williams y hasta la atolondrada estrella pop Cyndi Lauper. Y habría que añadir a algún que otro cantante masculino: "Robert (Plant) siempre quiso ser Janis", sususurró una vez Jimmy Page, su compañero en Led Zeppelin, a un periodista de 'Rolling Stone'.

Un relevo generacional hace posible que su mención se libere de los prejuicios hacia el 'hippismo'

Pero quizá ha hecho falta otro relevo generacional para que la mención a Janis Joplin se haya liberado definitivamente de aquellas viejas connotaciones y se manifieste con naturalidad, incorporada incluso como un recurso más en el 'mainstream' del pop. Las grabaciones originales de 'Summertime', 'Me and Bobby McGee' o 'Piece of my heart' están, a veces, asociados a recuerdos de infancia para cantantes que hoy se sitúan entre la veintena y la treintena, como la británica Joss Stone, que irrumpió en la gala de los Grammy del 2005 brindando una actuación de homenaje a Joplin de la mano de otra admiradora confesa, Melissa Etheridge. Un incendiario asalto a 'Cry baby' que le permitió lucir voz sin que la acusaran de histrionismo: al fin y al cabo, se trataba un 'tribute act' y el exceso era exigencia del guion. Stone ha confesado que, de niña, desconcertaba a los mayores con su modo de forzar la voz al arenoso estilo bluesísistico de Janis.

DE TEXAS AL CÁUCASO

Más difícil todavía: para Katie Melua, nacida en la Georgia no estadounidense sino la caucásica, en 1984, en tiempos de la Unión Soviética, afincada en el Reino Unido desde los ocho años, Janis Joplin representa la memoria sentimental familiar, que incluye a otros clásicos del blues y el rock'n'roll como John Mayall y Bo Diddley. Melua es artista de extremos, va de lo más etéreo a lo más terrenal, y su versión de 'Kozmic blues', situada en el segundo polo, es un clásico de sus recitales, siempre reservado para el final. Nunca la ha grabado en el estudio: dice que lo ha intentado pero que, fuera del escenario se estropea. La vincula al aleteo del público, a la vida. Y aunque ella represente unos parámetros estéticos delicados, muy apartados de la estridente figura de Joplin, su versión de la pieza parece venir de un recóndito lugar. Melua también ha adaptado 'Piece of my heart' en sus conciertos (con resultados menos turbadores, todo sea dicho) y no se hace la hastiada cuando los periodistas le preguntan por la cantante texana. "Janis era una bomba atómica; como un animal, algo increíble", respondía hace tres años a este diario.

La versión de 'Kozmic blues' de Katie Melua es un clásico de los recitales de la cantante georgiana.

SIN MIEDO A LLORAR

En un popular grupo británico de la esfera pop alternativa, Florence + The Machine, también bombea el culto a la heroína de Woodstock a través de su cantante, Florence Welch. Hay ahí un desprendimiento vocal, una entrega, cuyas raíces parecen apuntar a Port Arthur, Tejas. La música de Florence + The Machine desprende esa épica de la que ella se alimenta para cantar a corazón abierto. En un vídeo de la campaña antipiratería 'Why music matters'Welch citaba a Janis Joplin como fuente inspiradora para crear música, elogiaba su sentido de la libertad, su canto desenfrenado y "que no tenía miedo a llorar". También, un aspecto interesante, su relación con el público, su modo de compartir con él esa angustia que le desfiguraba la cara y le hacía perder el mundo de vista. Janis Joplin representa eso: una idea de sinceridad, de exposición completa de los interiores emocionales violentando el diálogo ordinario con la audiencia, exigiéndole atención e implicación. Si la palabra no estuviera tan manoseada, podríamos hablar de autenticidad.

Welch, Melua y Stone son figuras asentadas en el 'show business', estrellas comerciales cuya asociación a Janis Joplin quizá hiera sensibilidades. Pero ningún artista dispone del don de poder elegir a través de quién se manifestará su influencia, y ellas la invocan a su libre manera, traspasando géneros, épocas y sensibilidades. Como Pink, rebelde envasada a principios del siglo XXI, en los últimos estertores de la era MTV, que se considera a sí misma un cruce de Janis y Madonna. Aspirante frustrada a protagonizar, años atrás, un biopic, le dedicó la canción 'Unwind', que escribió tratando de ponerse en su piel y en la que afirmaba: "Solo he estado aquí 27 años / pero mi vida ya se ha terminado". En la red se la puede ver cantando 'Me and Bobby McGee' y hasta un 'Mercedes Benz' a capela.

SU HUELLA EN ESPAÑA

En la escena española, el influjo de Janis Joplin ha sido igualmente intermitente, cosa de rockeras poco interesadas en parecer modernas, con tendencia a la atemporalidad, como Luz Casal (suyo fue el primer disco que compró siendo adolescente) y Aurora Beltrán, del grupo navarro Tahúres Zurdos, que ha interpretado alguno de sus clásicos. Pero, cuando menos te lo esperas, alguien vuelve a gritar su nombre, como la catalana Bikimel, que la menciona como influencia esencial, más visible en los días de su primer disco, 'Stat jònic' (2010), que en su obra posterior. O la gallega Ses, cantautora eléctrica que insinúa su ascendente en los momentos más blues y de su último disco, 'Tronzar os valos'.

Entrado el siglo XXI, Janis Joplin amplía su estela. Aparece como un icono de la cultura pop susceptible de ser desprovisto de sus propiedades genuinas y reducido a un cliché, un envoltorio, como Andy Warhol o Che Guevara. 'Talent shows' como 'American idol' y 'The voice' acuden ahora a su figura y repertorio, de modo que su intenso estilo se ha convertido en un estándar del 'entertainment', del que toman nota jóvenes voces de medio mundo, con fortuna desigual, como Amanda OvermyerNicki Bluhm o la francesa Amandine Bourgeois. Hace años se llevaban las divas soul afectadas, que escenificaban "emociones simuladas", como criticaba Elvis Costello. Janis representa ahora otro canon al que recurrir, aunque evocarla en ciertos platós sea un ejercicio de nostalgia de la libertad con sabor a dulce cinismo.