Pemi Fortuny

De El Vendrell a Sierra Leona

El excantante de Lax'n'Busto inició en el 2006 una nueva vida de trotamundos que le llevó al país africano, donde ha montado una radio con la que ha combatido el ébola

Un grupo de mujeres y niños de Tacugama.

Un grupo de mujeres y niños de Tacugama.

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Jordi Bianciotto
Jordi Bianciotto

Periodista

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Hacía algunos años que a Pemi Fortuny le rondaba por la cabeza la idea de dejarlo todo y lanzarse a ver mundo, a fundirse con otras realidades. «La 25ª vez que actúas en Vilafranca del Penedès comienzas a sentirte un poco atrapado en el tiempo», confiesa. Así, tras unir su destino, durante dos décadas, al grupo Lax'n'Busto, uno de los punteros del rock catalán de los 90, con éxitos como 'Miami Beach' y 'Llenca't', anunció a sus compañeros que lo dejaba, dándoles tiempo para encontrar sustituto. Eso fue en el 2006. «Había cumplido 40 años y sentía que había vivido una juventud fabulosa pero que necesitaba un cambio. Por suerte dieron con Salva [Racero], su actual cantante, con quien ya llevan diez años», explica Fortuny, aún con cierta sensación de alivio.

La emisora tiene como objetivo  central informar a la población y dar consejos sanitarios

Antes de dar el paso ya había sacado la nariz por esos mundos: viajes no muy prolongados, cuando la agenda del grupo lo permitía, como el que llevó a Borneo, donde trabó amistad con la primatóloga Rosa Garriga, implicada en un centro de orangutanes. Esta se desplazó poco después a Sierra Leona para trabajar con chimpancés, y ese fue el destino que le atrapó, a él y a su mujer y cómplice en todos los proyectos, Yasmina Cánovas. De repente, el choque, el tortazo, con otra noción de la vida (y de la muerte): recién aterrizados en el país de África occidental conocieron a Chema Caballero, un misionero extremeño que había rehabilitado a 3.000 niños soldados. «Les hizo jugar a fútbol. Pensaba: 'si ese ha matado a tu hermano, ahora jugáis en el mismo equipo y os terminaréis abrazando cuando marquéis gol'», explica. «Le preguntamos en qué le podíamos ayudar, la peor pregunta que puedes hacer en África. Y nos habló de montar una radio».

BAJA ESPERANZA DE VIDA

Fortuny había trabajado en el arranque de la televisión de El Vendrell, su localidad natal, y como técnico en la delegación de Tarragona de TV-3. Pero, ¿una emisora de radio con qué finalidad? «Para mantener informada a la comunidad, dar consejos sanitarios y ayudarles a organizarse de manera que no tengan que emigrar», argumenta. Hablamos de un país con la esperanza de vida más baja del mundo, 47 años, «donde no hay costumbre de hervir el agua y se abraza a los muertos, propagando así las enfermedades». Un lugar devastado tras una década de guerra civil (1991-2002) y pasto de toda clase de enfermedades, desde la popular malaria («la única manera de combatirla es protegiéndote de los mosquitos, y ahí la información es esencial») hasta el dramático brote de ébola del 2014, todavía sin erradicar pese a que, hace unos días, la OMS declarara precipitadamente su fin, y que se ha saldado, por ahora, con 4.000 muertos solo en Sierra Leona (y otros 7.000 en las vecinas Liberia y Guinea). Se trataba entonces de crear «una radio comunitaria para el desarrollo».

'LA NUESTRA'

Un día, tras explicar el proyecto en una entrevista con Rita Marzoa en Catalunya Ràdio, su entonces director, Oleguer Sarsanedas, le citó. «Me propuso: 'monta la emisora y yo te daré el equipo'». Por eso la criatura, que contó con una mesa de sonido, micrófonos, auriculares y otros utensilios electrónicos suministrados desde Barcelona, se bautizó con el nombre de Cat Radio Barming (esta palabra significa «la nuestra» en lengua limba), con un logotipo inspirado en el emblemático relámpago de la emisora pública catalana.

Inaugurada el 19 de septiembre del 2010, la radio emite en seis idiomas locales y en inglés durante tres horas de la mañana y tres de la noche. Está en Madina, al norte de Sierra Leona, y cubre una área poblada por cuatro millones de personas. La electricidad no está extendida en todo el país y los oyentes suelen captarla con transistores a pilas. «Nos decían: 'esto durará un mes'. Porque allí, normalmente, una escuela al cabo de cuatro días es un gallinero, y un hospital, una casa de citas», recuerda con ironía Fortuny, escéptico ante los proyectos de «esas ONG que llegan, se están una temporada, actúan y se van». Pero la radio ya ha cumplido cinco años en los que ha jugado un papel en el combate informativo contra el ébola. «Estamos orgullosos de nuestra pequeña acción», confiesa Fortuny, contento, por otra parte, con el éxito de la reciente campaña de micromecenazgo (en migranodearena.org) gracias a la cual podrán comprar paneles solares que supliran a los costosos generadores de gasolina que suministran la electricidad a la emisora.

"Nos decían: 'esto durará un mes',  "Nos decían: 'esto durará un mes', porque allí una escuela al cabo de cuatro días es un gallinero", recuerda

SANTUARIO DE CHIMPANCÉS

Pemi y Yasmina viven en Tacugama, junto a la capital, Freetown, en la sede del llamado santuario de chimpancés, donde opera Rosa Garriga y con el que colaboran reintroduciendo animales en los bosques. ¿Son compatibles los proyectos humanitarios y los ecológicos? «¡Todo es importante!», exclaman. Mientras la emisora alza el vuelo, combinan otras actividades: explotación de material de construcción y una consultoría social que fomenta las inversiones en Sierra Leona dedicando parte de los beneficios al desarrollo.

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Adaptados al país, salpican su relato con historias para no dormir. Como cuando hablan de aquellos niños soldados.«Les hacían prender fuego a su casa, violaban a sus madres, luego les daban rayas de pólvora con cocaína y entraban en los poblados dispuestos a destrozarlo todo», explica. Las cicatrices de aquella época no son puramente metafóricas.«Ves grupos de chicos paralíticos en los semáforos. Paras el coche y te piden caridad. Hay equipos de fútbol de amputados. Es brutal».

El pasado julio, Fortuny se reencontró con Lax'n'Busto en La Banda Impossible, supergrupo de una noche con el que actuó en Canet Rock. «Muy emocionante»suspira. Pero, tras unos meses en casa, y tras quitarse una piedra del riñón («no me molestaba, pero preferí operarme antes de volver a África»), ya está listo para regresar. «¡Cuando llego a Freetown tengo un subidón...!».