Ya es Navidad en Berlín

Los grandes partidos alemanes exhiben un catálogo de buenas intenciones opuesto a las políticas europeas que han impulsado España y el sur pasan de olvidados a utilizados

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Eric Vázquez Jaenada
Eric Vázquez Jaenada

Profesor en Berlín

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Veo el rostro de una anciana con expresión de miedo y sobreimpreso el lema Dinero para la abuela en lugar de para gitanos. De la siguiente farola cuelga un cartel con los mismos colores corporativos y la imagen idílica de un lago alpino en cuyas aguas se refleja el imponente monte Cervino. El titular es Modelo Suiza, detener la inmigración masiva, en alusión a la futura ley suiza que prevé restringir la libertad de circulación de la ciudadanía de la Unión Europea. Así despertó Berlín una mañana ventosa de abril, señalando el inicio de la precampaña europea.

Pero no solo la extrema derecha alemana recurre al miedo. La pauperización de Europa está presente en el grafismo del arco iris político alemán: Para que Europa consiga más empleo y desarrollo (cristianodemócratas), Por una Europa en la que nadie se hunda (verdes), Una Europa de la democracia, no de la tutela (socialdemócratas), ¡Más salario, más pensión, combatir la pobreza! (La Izquierda). La campaña electoral parece Navidad, todo el mundo tiene buenas intenciones. Resulta curioso que se persuada con promesas políticas diametralmente opuestas a lo llevado a cabo desde las instituciones comunitarias en este último mandato. ¿Qué les ha impedido ponerlas en marcha? ¿Por qué tenemos que creerles ahora cuando han tenido la oportunidad de hacer una política más respetuosa, humana y democrática y no lo han hecho?

Los mensajes de empatía y solidaridad también se escuchan en los mítines y duelos televisados de los dos grandes partidos alemanes, aparentemente enfrentados entre sí pero difíciles de distinguir. Hablan de los años más difíciles de la UE, del inevitable sacrificio para sanear las economías nacionales, de los seis millones de jóvenes parados en toda Europa, y ponen a España y al sur del continente como ejemplo de catástrofe humana. Pero ¿por qué nos utilizan en campaña? ¿Por qué no se han acordado de nosotros en los últimos cinco años? ¿Acaso creen que la oleada de inmigración procedente del sur es un reconocimiento a sus políticas sociales y económicas?

Armas de usar y tirar

El sufrimiento meridional ha sido silenciado entre comicios para convertirse ahora en un recurso demagógico. Al fin y al cabo, somos la personificación del olvido, un punto cardinal lejano, banal y ajeno, aunque personas como yo vivamos en la misma ciudad que estos políticos que se preocupan o nos ignoran según les conviene.

La campaña electoral que llega de España no es mucho más esperanzadora. Los partidos tradicionales siguen enzarzados en sus rencillas históricas, haciendo campaña en clave nacional, más preocupados por la inmigración que por la emigración de su ciudadanía. Me pregunto si se acuerdan de mí o ni siquiera saben que estoy aquí. ¿Quieren también que les entregue mi voto para que luego me olviden de nuevo?

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Y, pese a todo, recurren a nosotros porque tenemos el poder de cambiar las cosas. La ristra de problemas no termina el 25 de mayo: la cifra de parados, los desahucios, el exilio, la reducción de becas, las listas de espera en la sanidad... Los comedores sociales no podrán cerrar el 25 de mayo. Las víctimas de la crisis no pretendemos dar lástima a nadie ni ser un arma partidista de usar y tirar, pero lo que menos deseamos es recibir la caridad de los privilegiados que nos han llevado a la miseria absoluta.

Profesor en Berlín.