ESTUDIO
Una investigación publicada en 'Health Policy' destaca la sanidad basada en valor como clave en la transformación de los sistemas sanitarios europeos
La sanidad basada en valor emerge como alternativa para mejorar calidad y eficiencia más allá del modelo público-privado

Personal sanitario.
Los sistemas sanitarios europeos atraviesan un momento de enorme presión. El envejecimiento de la población, el aumento de enfermedades crónicas y los efectos del cambio climático están disparando los costes sanitarios. A ello se suman la escasez de profesionales, la elevada demanda de servicios médicos y los retrasos asistenciales agravados tras la pandemia de covid-19. En este contexto, muchos países han recurrido a la externalización de servicios como una posible solución para ganar eficiencia, aunque este enfoque sigue siendo objeto de un intenso debate.
Sin embargo, un artículo reciente publicado en la revista científica 'Health Policy' aporta una visión renovadora: externalizar puede mejorar la calidad sanitaria siempre que se haga bajo el modelo de atención basada en valor, conocida como Value-Based Healthcare (VBHC). El artículo sostiene que las políticas de externalización no deben enfocarse únicamente en la reducción de costes, sino en la calidad de los resultados clínicos y la experiencia del paciente. El modelo VBHC se basa precisamente en incentivar a los proveedores no por volumen de actividad, sino por los resultados en salud que alcanzan. Este enfoque incluye componentes como la organización de la atención por unidades clínicas integradas, la medición de resultados y costes por paciente, los pagos por procesos, la integración entre niveles asistenciales y el uso intensivo de tecnología y datos.
Diversas experiencias internacionales, como el Netherlands Heart Network (Países Bajos), la Martini Klinik (Alemania), Diabeter (Países Bajos) o la red Quirónsalud y el Hospital 12 de Octubre (España), han mostrado resultados positivos con este tipo de enfoque —tanto en centros públicos como privados—, mejorando la calidad, la coordinación asistencial y la experiencia del paciente.
Una de las claves del sistema basado en valor es la medición sistemática de los resultados (PROMs) y la experiencia del paciente (PREMs). Esta información ofrece una mirada más completa y humana sobre la atención sanitaria, más allá de indicadores tradicionales como la supervivencia o el tiempo de recuperación. Además, permite orientar decisiones clínicas, asignar recursos y mejorar la gestión sanitaria. No obstante, su implementación plantea retos como las barreras tecnológicas o la falta de tiempo, lo que puede solucionarse en parte mediante la externalización de servicios tecnológicos especializados.
La investigación sostiene que uno de los temores habituales sobre la privatización —la búsqueda de beneficios a costa de la calidad— podría resolverse con modelos de pago basados en resultados. En lugar de incentivar el volumen de procedimientos, el sistema recompensa el valor que se aporta a los pacientes. Los autores citan experiencias recientes en Francia, donde el modelo de pago por desempeño ha contribuido no solo a reducir el gasto público, sino también a mejorar la cobertura preventiva, promover la adherencia a guías clínicas y reducir desigualdades en resultados de salud.
Asimismo, investigaciones recientes muestran que los modelos de pago por resultados o por procesos —cuando se plantean con un enfoque amplio, que incluye la eficiencia, la calidad y la equidad— pueden mejorar resultados clínicos y contener los costes. Según la publicación, estos sistemas evitan penalizar a centros que atienden poblaciones complejas o vulnerables, y favorecen la colaboración entre proveedores públicos y privados.
Aunque el modelo de sanidad basada en valor fue concebido inicialmente para fomentar la competencia entre centros, su aplicación práctica está demostrando que la colaboración es aún más efectiva para elevar resultados en salud a nivel poblacional. Por ello, los autores defienden que el debate no debe centrarse en si la sanidad debe ser pública o privada, sino en cómo los sistemas pueden organizarse para ofrecer atención de máxima calidad y centrada en el valor aportado al ciudadano.
La implementación de este modelo —concluyen— podría actuar como catalizador para la transformación de los sistemas sanitarios europeos, proporcionando una vía para superar las limitaciones tanto del modelo tradicional como de la privatización sin control, y siempre poniendo en el centro los resultados que importan a los pacientes.
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