Hotel Cadogan (34)

El pájaro de fuego, la bruja caníbal y otras delicias rusas

  • 'El pájaro de fuego y otros cuentos rusos', con maravillosas ilustraciones del malogrado Iván Bilibin, muestra un folclore riquísimo, plagado de zares, princesas, sortilegios, boyardos y animales prodigiosos

Una de las ilustraciones de ’’El pájaro de fuego y otros cuentos rusos’ 

Una de las ilustraciones de ’’El pájaro de fuego y otros cuentos rusos’  / IVÁN BILIBIN

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Olga Merino
Olga Merino

Periodista y escritora

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Aprovechando que la pandemia nos tiene sin huéspedes volantes, sumidos como estamos en la mullida modorra de las primeras nieves, la otra tarde se nos coló en el jardín del hotel un zorro de hermoso pelaje escarlata. Al enterarse de la afrenta, el jardinero jefe del Cadogan, el señor Herbert Pinnegar, interrumpió su siesta barriguda, bajó en tromba las escaleras y atravesó la pérgola de las glicinias, echando vapor como el expreso de Mánchester. Solo recuperó la compostura al comprobar que seguían intactos tanto los macizos de dalias como los sauces y las caprichosas plantas carnívoras del invernadero. Pobre animalito, el susto que nos dio sin pretenderlo. El cánido de cola espesa traía entre las fauces un presente, un hermoso libro de tapa dura que aún nos mantiene embelesados en torno a la lumbre: 'El pájaro de fuego y otros cuentos rusos' (Libros del Zorro Rojo).

A mediados del siglo XIX, el folclorista ruso Aleksandr Afanásiev se dedicó a compilar leyendas populares eslavas, de las que llegó a reunir unas 600, un patrimonio de la tradición oral a punto de perderse en el sumidero del olvido por el desdén de la intelectualidad, que los consideraba «cuentos de mujik»; o sea, historietas de labriegos. «Por aquellos tiempos, mientras el campesinado —aún sometido a la servidumbre— se hallaba aislado de la enseñanza y de la civilización y la Iglesia predicaba sumisión al orden establecido, el pueblo daba rienda suelta a su fantasía en los cuentos, creando imágenes de una belleza, una fuerza vital y una veracidad extraordinarias», escribió sobre la antología el célebre lingüista y antropólogo Vladímir Propp.

En una fosa común

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El presente volumen recoge solo siete, una muestra más que suficiente para aproximarse a un folclore riquísimo, plagado de zares, princesas, sortilegios, boyardos y animales prodigiosos como el pájaro de fuego, que da título a uno de los relatos e inspiró a Ígor Stravinski el ballet homónimo. También desfilan por su páginas monstruos únicos por su rareza, como Baba Yagá, la bruja caníbal, que vive en el bosque, en una isba sostenida sobre patas de pollo y rodeada de los huesos pelados de sus víctimas. Suele tener los dientes de hierro y emplea un mortero de moler grano para desplazarse por los aires.

El libro contiene algunas de las maravillosas ilustraciones de Iván Bilibin, un reputado artista que falleció de inanición en 1942, durante el cerco nazi a la ciudad de Leningrado. Lo enterraron en una fosa común.