Libro de la semana

Crítica de 'Diario de un viejo cabezota (Reus, 2066)': distopía apocalíptica

Pablo Martín Sánchez, oulipiano de pro, cierra una trilogía con una historia ambientada en el frenopático Pere Mata tras una pandemia futura

Crítica de 'Diario de un viejo cabezota (Reus, 2066)': distopía apocalíptica
Se lee en minutos

Con 'Diario de un viejo cabezota (Reus, 2066)', Pablo Martín Sánchez (Reus, 1977) cierra una trilogía cuyo primer volumen, 'El anarquista que se llamaba como yo' (2012), comprendido entre 1890 y 1924, estaba ubicado entre Francia, España, Estados Unidos y Argentina, y cuyo segundo, 'Tuyo es el mañana' (2016),situado en 1977, se limitaba a narrar acontecimientos situados en Catalunya. Ahora, como oulipiano de pro, la restricción que se ha impuesto es mayor porque el escenario es el municipio de Reus, dibujado desde el microcosmos del frenopático Pere Mata, y el arco temporal, 2066. Los ejes temáticos de los tres libros son disímiles, aunque de fondo se respire un mismo aire en esta “trilogía del Yo”, una misma lucha para contravenir el género del que se parte y la misma robusta confusión entre lo real y lo inventado.

Escrito en el verano de 2018 en forma de diario anticipatorio con aires de distopía apocalíptica este libro no es tanto el destino del ser humano tras una pandemia de Marburgo, que también, cuanto las consecuencias geopolíticas que se derivan tras una emergencia sanitaria surrealista con tintes de 'thriller'. “Escribí una distopía apocalíptica y el libro corre el riesgo de convertirse en una novela costumbrista”, ha declarado Martín Sánchez recientemente.

Cosas futuras que asustan en el presente

Aunque curse efecto en ese futuro que se narra anticipándolo, la novela se abre con una cita capital de Lionel Shriver porque sitúa el horizonte de expectativas del lector en los residuos que deja el presente: “Las tramas ambientadas en el futuro tratan de las cosas que asustan en el presente. En realidad, no tratan sobre el futuro. ”Si los vínculos con el pasado sostenían el andamiaje del primer volumen y la memoria lo hacía en el segundo, en esta entrega el narrador deja de estar vinculado a la Historia -en mayúsculas- para convertir la narración en una dialéctica –en minúscula- consigo mismo que va del futuro a la actualidad. 

Que la península Ibérica se deba abandonar “por motivos geoestratégicos”, que un Gran Apagón confirme la dependencia del ser humano de la tecnología, que un grupo de ancianos y mutilados de guerra se quiera mantener a toda costa en el Pere Mata y que el narrador escriba su diario en las páginas de cortesía de los libros que encuentra es la excusa perfecta para pergeñar las cuestiones que interesan: una necesidad imperiosa por contar el mundo cuando está a punto de expirar (“siento que el mundo que he conocido llega su fin, y me gustaría dejar constancia de su existencia antes de que sea demasiado tarde y ya no quede nadie para contarlo”), una historia de amor con sus ausencias y olvidos, un libro sobre cómo anticiparse al dolor y al duelo, una reflexión sobre la muerte sin ambages y un cuestionamiento constante de por qué se está escribiendo un diario que muda constantemente a novela o una novela que cuestiona en qué consiste escribir un diario (“¿lo escribo para contar la verdad o para mantener viva la esperanza?”).

Te puede interesar

La habilidad técnica con la que tensiona el relato es asombrosa y permite a Martín Sánchez conformar un mundo de difícil olvido. 

Diario de un viejo cabezota (Reus, 2066)

Autor: Pablo Martín Sánchez         

Editorial: Acantilado                                        

384 páginas. 22 euros