Derechos humanos

Mutilación genital, prevención desde el conocimiento

La Fundació Wassu trabaja desde hace más de 30 años sobre el terreno, en España y en varios paises africanos, para erradicar esta práctica desde el respeto y la comprensión

Más de 3.600 niñas se encuentran en riesgo de sufrir una mutilación genital femenina (M.G.F.) en España

Más de 3.600 niñas se encuentran en riesgo de sufrir una mutilación genital femenina (M.G.F.) en España

8
Se lee en minutos
Judit Figueras

Más de 3.600 niñas se encuentran en riesgo de sufrir una mutilación genital femenina (MGF) en España, según los últimos datos del 2020 del Ministerio de Igualdad. Sin embargo, “son muchas más niñas”, señala a este medio Margarita Kaplan, antropóloga y directora de la Fundación Wassu, desde su sede ubicada en la Universitat Autónoma de Barcelona (UAB). Tal y como asegura la organización Save The Children, “uno de los principales obstáculos para atajar el problema de la MGF en España- es la falta de datos, porque los números actuales son estimaciones”. “Hablamos de niñas nacidas aquí con, al menos, uno de los padres de origen africano”, explica Kaplan. Y es que África es el continente en el que más países llevan a cabo esta práctica. De hecho, según cifras de la Organización Mundial de la Salud países como Somalia, Guinea y Egipto el porcentaje de mujeres entre 15 y 49 años que han sido mutiladas supera el 90%. En Somalia, la prevalencia alcanza el 98% de mujeres. 

La MGF hace referencia a “todos los procedimientos consistentes en la resección parcial o total de los genitales externos femeninos, así como otras lesiones de los órganos genitales femeninos por motivos no médicos”, según la definición de la Organización Mundial de la Salud (OMS). “Esta práctica puede conllevar unos riesgos en la vida de las mujeres que la sufren, inmediatos: como infecciones, hemorragias y tétanos, y a largo plazo: como infecciones urinarias de repetición, dolores durante la menstruación y complicaciones severas en el parto”, señala la antropóloga. Se trata de una práctica muy arraigada a la cultura y a la tradición milenaria de muchos países. Son muchas las razones por las que las madres y las abuelas deciden llevar a cabo la MGF a sus hijas y nietas. “Entras en la sociedad secreta de las mujeres; es una marca que llevas de por vida; creen que potencia la fertilidad; dicen que una mujer circuncidada es una mujer limpia y aquella que no lo está contamina los alimentos a través de su impureza; que si tienes clítoris puede crecer demasiado hasta alcanzar el tamaño de un pene; e incluso que en el momento del nacimiento la cabeza del bebé puede tocar el clítoris y poner en peligro tanto la vida del hijo como la de la madre”, relata Kaplan. “Son razones de peso, que se las puedes desmontar todas, pero las tienes que conocer”, sentencia la antropóloga.

Son razones de peso, que se las puedes desmontar todas, pero las tienes que conocer



A finales de las década de 1990 y a inicios de los 2000, tuvo lugar en España una expansión de la población que procedía de alguno de los países en los que se practica la MGF. Según datos de la Fundació Wassu, en el 2016 residían en España casi 250.000 personas originarias de estos países, principalmente, del Senegal, Nigeria, Malí y Gambia. Además, en los últimos años la población femenina procedente de estas naciones ha incrementado un 5,2% desde entonces. Este fenómeno ha potenciado una nueva preocupación: la ablación genital en niñas que viven en la diáspora. Y es que las personas viajan con sus creencias y sus tradiciones y la MGF cruza fronteras formando parte del bagaje cultural de quienes migran. 

La mutilación genital femenina cruza fronteras formando parte del bagaje cultural de quienes migran



Situación en España

Con el objetivo de trabajar en este campo, Adriana Kaplan fundó la Fundació Wassu en el 1987 cuando se dio cuenta que la MGF era un tema que seguía vivo. Para poder abordar esta problemática, la fundación instauró el primer Observatorio Transnacional de Investigación Aplicada a Nuevas Estrategias para la Prevención de la MGF, único en el mundo, que tiene dos sedes: una en Catalunya y otra en Gambia. “El laboratorio nace de la necesidad de poder hacer un trabajo transnacional en el campo de las migraciones, circular en el espacio y longitudinal en el tiempo, para ver los factores que cambian y las resistencias”, señala Kaplan. Tal y como explica la experta, desde esta institución se lleva a cabo una investigación aplicada a la transferencia de conocimiento. En España, el 57,63% de la población femenina con vínculos en países donde se realiza la MGF, proviene de Nigeria, Senegal y Gambia (Kaplan y López, 2017), territorios entre los cuales Gambia tiene la mayor prevalencia de la práctica, alcanzando un 75,7% entre mujeres de 15 a 49 años, según datos de UNICEF. Es por ello que el observatorio se instauró en este país. 

La MGF está prohibida en España desde hace casi dos décadas. La ley española contempla en el artículo 149 del Código Penal, la pena de entre seis y 12 años de cárcel a cualquier persona que practique una MGF a otra persona dentro del país. Sin embargo, la legislación española no prohíbe ni persigue la posibilidad de viajar al país de origen para llevar a cabo el ritual. Kaplan apunta que la formación de los trabajadores de la atención primaria, que son los que están en contacto con el bebé incluso antes de que nazca, es esencial: “ya desde que la madre está embarazada, se puede preguntar desde el respeto y el conocimiento. Suele ser un tema difícil para las profesionales que, a veces, desde el desconocimiento juzgan y criminalizan”. Las formaciones les brindan las herramientas necesarias para abordar situaciones como casos de mujeres embarazadas que han sido mutiladas y van a tener una hija: “cuando nace la niña, lo comunicas a pediatría y, a partir de ahí, tienes el resto de la vida de la niña para hacer un trabajo de prevención y también de atención a la madre por las consecuencias que ha sufrido”. 

Recursos

Noticias relacionadas

Kaplan destaca el esfuerzo que se está llevando a cabo desde la atención primaria, sin embargo, lamenta la falta de apoyo institucional. “Son las propias trabajadoras las que destinan su tiempo personal a realizar este tipo de formaciones. Creo que las instituciones tienen que poner recursos. Cerrar la agenda de una profesional es un recurso. Bloquear tres citas para que, al menos, pueda tener media hora para poder hablar con los padres de una niña en riesgo de sufrir MGF y hacer un trabajo de sensibilización es un recurso”, reivindica la directora de la Fundació Wassu. Por otra parte, “nos gustaría conseguir en España lo que hemos conseguido en países como Gambia, Senegal, Kenia y Tanzania: introducir en el currículum académico de ciencias de la salud la formación obligatoria sobre MGF”. Durante la década de 1990, desde la Fundació Wassu se impulsó un sistema de prevención para evitar la MGF a las niñas que viajan a sus países de origen. “En 1994, hubo un caso de una familia que, juntamente con la doctora y la enfermera de pediatría, había hecho un trabajo de prevención y los padres tenían claro que no iban a tocar a la niña”, explica Kaplan, “sin embargo, temían que las abuelas, bajo su convencimiento emocional, llevaran a cabo la ablación”, añade.

“Son las propias trabajadoras las que destinan su tiempo personal a realizar este tipo de formaciones. Creo que las instituciones tienen que poner recursos. Cerrar la agenda de una profesional es un recurso"

Adriana Kaplan, Fundació Wassu

La Fundació Wassu decidió elaborar un documento en forma de carta firmado por los tutores legales de la menor en el que se especificaba que la niña se encontraba en un buen estado de salud y se explicaba que, aunque la MGF fuera una práctica habitual en el país de origen, en España está prohibida por ley y su ejecución puede conllevar consecuencias penales para los padres de la menor. “Este documento está funcionando y ahora se ha establecido en otros países europeos”, señala la antropóloga. Así, se formalizó un documento que se denomina compromiso preventivo y que se ha convertido en una herramienta que ayuda a los padres a defender su decisión de no ejercer la MGF a sus hijas frente a la presión que reciben por parte de las familias en los países de origen. “Este es un ejemplo de cómo podemos abordar la problemática desde la transferencia de conocimiento”.

Pequeños avances en Gambia

Desde que la Fundació Wassu empezó a trabajar en Gambia hace 35 años, se ha logrado reducir la incidencia de la MGF entre niñas. “A día de hoy, sabemos que los casos de niñas menores de cuatro años que han sido mutiladas se han reducido al 27%” destaca Kaplan. Para ello, “planteamos una propuesta alternativa que denominamos iniciación sin mutilación y que consiste en un ritual en el que eliminamos la parte física, que es la parte mutilante, y reforzamos la transmisión cultural y la pertenencia social, que son los aspectos que aportan la entidad étnica y de género”. Otro de los logros destacados de la entidad en el país subsahariano ha sido el diseño y la implementación de un programa nacional de formación a profesionales del sector de la salud sobre la mutilación genital femenina. “Ningún estudiante de ciencias de la salud puede acabar la carrera sin saber qué es la MGF, como abordarla, tratar sus consecuencias y hacer un trabajo de prevención”, detalla la experta. Estos esfuerzos, en cooperación con las autoridades sanitarias del país, han significado un impulso más para conseguir, en el año 2015, la prohibición de la MGF por parte del gobierno gambiano. La clave, destaca Kaplan, es “ir paso a paso: produciendo conocimiento y no imponiendo, desde el respeto y el conocimiento”.