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8-M, DÍA DE LA MUJER

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A por el próximo empujón feminista

La socióloga Marina Subirats remarca que se ha avanzado en materia de igualdad de la mujer, pero que todavía queda mucho por hacer

Marina Subirats, en el Palau Macaya de La Caixa.

Marina Subirats, en el Palau Macaya de La Caixa.

Alma es una nueva manera de hablar de lo social. Con actitud y optimismo. Desde la diversidad. Y a partir de las historias de la Obra Social La Caixa. Quiere ser también un punto de encuentro de las infinitas realidades sociales de nuestro mundo.

Érase una vez un grupo de mujeres con una idea radical y revolucionaria: tener los mismos derechos que los hombres. Querían correr, estudiar, ser presidentas del Gobierno y dejar de pasar miedo al volver a casa por las noches. Lucharon durante años y, cuando ya pensaban que se habían hecho mayores sin relevo generacional, el 8 de marzo de 2018 las calles volvieron a llenarse de feministas jóvenes. La reputada socióloga Marina Subirats pudo vivir ese renacimiento y nos lo contó en el ciclo “Después del muro: un mundo en cambio”, organizado por la Escola Europea d’Humanitats y el Palau Macaya de La Caixa, en una conferencia sobre lo ya conseguido y lo que aún nos queda por conseguir.

-Durante muchos años, las feministas erais consideradas cuatro locas obsesionadas con un tema y parecía que no ibais a llegar a nada. ¿Pensabas que llegarías a ver este momento?

-Yo pensaba que no. Nací en el 43, y en esos años tu horizonte era casarte y tener hijos. Y profesionalmente, podías hacer de secretaria o maestra, mientras no te casaras. Si cuando tenía 20 años me hubieran dicho que vería a mujeres en el Parlamento, a la primera alcaldesa de Barcelona o que yo misma sería catedrática emérita en Sociología y regidora de Barcelona…, no me lo hubiera creído. Otro buen síntoma es que haya emergido algo tan soterrado como la violencia de género. Cuando era directora del Instituto de la Mujer en Madrid del 93 al 96 y la policía me pasaba el listado de mujeres asesinadas por sus maridos, amantes y demás, ¡ni siquiera los diarios querían publicar la noticia! Era algo invisible e invisibilizado. Ahora lo podemos hablar.

-También ha cambiado la publicidad, los discursos políticos, la mentalidad…

-Sí, pero no tanto como parece. Antes la socialización de las niñas se hacía a través de la represión: no puedes saltar, ir en bicicleta, estudiar… A mí me decían que fregara los platos mientras mis hermanos salían a jugar, yo preguntaba por qué y discutíamos. Sabías contra qué luchabas. Ahora es más sutil. Te venden que tienes que ser muy guapa y delgada e ir maquillada y arreglada y triunfarás. Eso lleva a las chicas a adoptar roles de mujeres tradicionales, de mujer objeto, que solo está pendiente de cómo la ven los demás. Si ahora tuviera 20 años sería muy difícil salir de eso, porque no es solo el modelo que te dan en los medios, sino que viene de tus amigas, los chicos… ¿Cómo te opones a que te den más likes?

-O sea, que aún no estamos donde queríamos.

-No, ni mucho menos.

-Aunque haya muchas personas, mujeres incluidas, que piensen que sí. ¿Qué les dirías?

-Que miren la cantidad de mujeres asesinadas. No tenemos esas cifras en hombres ¡ni la queremos tener! Que miren quiénes ocupan los espacios de tertulia en la tele. Nosotras estamos en el “ji, ji, ja, ja”, pero los temas serios como economía o política son para ellos. En la universidad, solo hay un 20-25 % de catedráticas. Y seguimos sin aparecer en los libros de texto. Todo eso es machismo.

-A veces parece que las leyes hayan avanzado más que las personas.

-¡Claro! Es más fácil firmar acuerdos que cambiar la realidad. La realidad está hecha de lo que nos ha transmitido la cultura, es mucho más profundo, nos sale en cualquier momento sin darnos cuenta. Las mujeres también somos machistas, porque hemos sido educadas en una cultura machista.

-Después de tantos años, ¿todavía te pillas en gestos machistas?

-Sí, muchas veces. Un día vinieron un sobrino y una sobrina a comer a casa, y en un momento le dije a ella: “Pon la mesa”. Y pensé: “¿Por qué no se lo digo a los dos?”. Y ahí se me ocurrió una cosa que recomiendo: antes de decirle algo a alguien, pregúntate si le dirías lo mismo si fuera del sexo contrario. Hemos de ser capaces de analizar nuestra mentalidad e ir cambiándola o iremos reproduciendo lo mismo, por muchas leyes que haya.

-Llegados a este punto histórico, ¿cuáles son los próximos objetivos a conseguir?

-Revalorizar todo lo que proviene del género femenino, como los cuidados. Hemos de darles la importancia que tienen y dejar de considerarlos una pérdida de tiempo para conseguir universalizarlos y que ellos también formen parte. Y es urgente cambiar el modelo de género masculino. Seguimos educando a los niños para ser guerreros, fuertes, para imponerse, no tener miedo a nada ni nadie…, cuando la figura del guerrero ya no es útil en nuestra sociedad.

Continúa leyendo esta entrevista en Miradas con Alma.