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EL FÚTBOL LO PUEDE TODO

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Ver con las manos

José Ríchard, que sufre ceguera a causa del Síndrome de Usher, vive su pasión por el fútbol gracias a la ayuda de un amigo y un tablero

Christian Martínez Romeo

José Ríchards y César Daza, siguiendo un partido con su particular sistema.

José Ríchards y César Daza, siguiendo un partido con su particular sistema.

Accediendo por la puerta número 14 del Camp Nou, tras haber pasado por el pertinente control en el Centro de Acreditaciones, José Ríchard Gallego sujetó con fuerza el brazo de César Daza e inició su andadura hacia el interior del estadio azulgrana. Con una sonrisa que se mantuvo perenne a lo largo del anochecer, tomó asiento en la tribuna de prensa, situándose enfrente de su compañero y amigo, y disfrutó de los siete goles que brindaron Barça y Girona. Lo hizo a su manera. De una forma única. La de un aficionado que ve el fútbol a través de las manos.

Sordo desde los nueve años y ciego a partir de los quince, fruto del Síndrome de Usher, José Ríchard jamás se planteó dejar a un lado su gran pasión. Con el balón como eje vertebrador de su día a día antes de la actuación de la enfermedad, ni la dificultad a la que ha tenido que hacer frente desde su niñez le ha supuesto un obstáculo para disfrutar del fútbol. Nacido en Bogotá (Colombia), a sus 36 años asegura que sin ver ni escuchar siente la emoción del deporte como el que más. Una proeza que no se entendería sin Daza. Su intérprete guía. Su compañero. Su amigo.

Aspiración

Cruzando sus caminos hace casi cuatro años, el anhelo y el sueño de ambos les hizo encontrarse en el inicio de una fastuosa historia. Mientras Ríchard idealizaba su futuro pudiendo volver a sentir la emoción del deporte; Daza creaba la Fundación Sin Límites para cubrir la necesidad vigente en relación a la comunidad sordociega. De los deseos de uno y los desafíos del otro se dio paso a una vinculación que les permite compartir algo que va más allá de un deporte.

Un tablero en el que se recrea un campo de fútbol y una serie de códigos establecidos e inventados por ellos mismos bastan para poder llevar a cabo el seguimiento de cualquier partido. Frente a frente, Daza toma el control de las manos de Ríchard para contarle con minucia lo que sucede al instante. Pases, disputas, saltos, saques de banda y goles, entre otras acciones, se explican sobre la pizarra futbolística al ritmo que marca Daza para hacerse un hueco en el imaginario de Ríchard.   

“Soy sordo y ciego pero eso no importa ni me detiene para poder disfrutar del fútbol y llevarlo en mi corazón”, narra el protagonista en uno de los muchos partidos que logra seguir gracias a la presencia de su inseparable escudero.

Sin límites

Su voz, sus ojos y sus oídos se encuentran en la figura de Daza. Intentando estar siempre en un segundo plano cuando se cuenta la proeza, su presencia se hace inexcusable a la hora de relatar una historia de superación que no deja indiferente a nadie. “Estar con Ríchard me ha enseñado mucho. He aprendido a ser humilde y ver los problemas como una oportunidad”, relata el responsable de la Fundación Sin Límites.

Trabajando en silencio en medio del bullicio de un público entregado, en una conversación extensa, sin pausa y que solo ellos dos logran entender, el paso de los minutos de cada uno de los encuentros que siguen juntos no es más que la constatación de que nada ni nadie puede reprimir o torpedear la pasión de Ríchard por el balompié.

Disfrutrar del día a día

Familiarizado con lo extraordinario y habituado a superar cualquier oposición, su día a día es una constante muestra de convicción. Entre partido y partido, Ríchard ha encontrado otros quehaceres que le permiten disfrutar de la vida como el teatro y su afición por la panadería. Aunque nada le hace produce tanta satisfacción como el balompié.

Con el balón como protagonista, Ríchard ha vivido en primera persona encuentros de máximo nivel. Su presencia en el Camp Nou, concretamente en la disputa del primer derbi catalán en la máxima categoría entre Barça y Girona, fue solo la rúbrica de una lección de superación que también le permitió ser partícipe de la fiesta futbolística que vivieron Millonarios y Santa Fe en el clásico por excelencia del fútbol colombiano. Su equipo enfrentándose al de su inseparable amigo. Dentro de un estadio donde Ríchard olvida las adversidades de la vida para aventurarse en un sueño que nunca imaginó.

Cada golpe de Daza en la pizarra, cada movimiento con los dedos de la mano de Ríchard, cada desplazamiento tiene un mensaje mucho más profundo que el de un saque de banda, falta, córner o gol: es la constatación de que lo que parece una utopía puede convertirse en realidad con tesón e ilusión.

Aprendiendo a lidiar con la repercusión mediática que tiene su caso desde que saliera a la luz en los medios de comunicación, su objetivo no es otro que el de lograr que su historia pueda inspirar a otras personas que vivan una situación compleja. Con el fútbol como principal aliado, su sonrisa tras cada partido constata que en la vida para sentir primero hay que creer.

Una noche soñada

Emocionado desde que supo que iba a poder viajar a Barcelona, su sonrisa entusiasta fue en aumento a medida que avanzaba en dirección al Camp Nou. Aquel 24 de febrero, Richard sintió como el que más la emoción intrínseca de un encuentro en el templo azulgrana. Fascinando a todos los presentes en la tribuna de prensa por su capacidad de seguir el juego, vibró junto a Daza y su tablero con el duelo que depararon Barça y Girona. Tras ello, un sentido abrazo con Yerry Mina y Johan Mojica, dos de sus ídolos, rubricó una jornada imperecedera

Temas: Fútbol