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CURIOSA TIENDA EN CIUTAT VELLA

Sumergidos en la calle de Tallers

Un comercio vende acuarios y hasta pirañas a una clientela mayoritariamente masculina

Sílvia Alberich

Enric Duran, propietario de la tienda de acuarios Dauer  en la calle Tallers.

Enric Duran, propietario de la tienda de acuarios Dauer  en la calle Tallers. / DANNY CAMINAL

Aunque los perros y los gatos son las mascotas habituales de la mayoría de los hogares, hay quienes prefieren los peces. Hay infinidad de especies, con formas, tamaños y colores muy variados, y tienen muchas ventajas frente a otros animales. "Son más limpios, no se quejan y te puedes ir de vacaciones", afirma Enric Duran, propietario de Dauer Acuarios (Tallers, 48). 

Sus padres se pusieron al frente del local a finales de los 60, tras jubilarse su propietario, un alemán de apellido Dauer, que sigue dando nombre al negocio. Se trata de un espacio singular en el que se pueden contemplar incontables especies que van desde el clásico pez cometa, de tono anaranjado, hasta las pirañas y los peces neón, conocidos como los peces del Barça por su tonalidad azul y rojiza. 

Mercè Bert, mujer de Duran, también al frente de este singular local, reconoce que en la década de los 90, la venta de peces y acuarios fue un boom. Hoy en día, considera que la mayoría los tienen como elemento decorativo. "A los peces no los puedes querer como a un perro", precisa Bert.

Este universo piscícola alberga acuarios de distintos tipos, medidas y precios. Los hay desde 40 euros hasta más de 8.000 si son personalizados e incorporan elementos como luces LED, termostatos o filtros especiales. El precio de los peces oscila entre 1 y 200 euros. Además de peces, también tienen corales, estrellas y caballitos de mar y anguilas, muchas de las cuales comparten espacio con  plantas, ya sean naturales o artificiales.

Este colorido y vistoso escaparate no pasa desapercibido para nadie. "Me gustan mucho los peces y me llama la atención su intenso colorido", destaca Cristina Perelló, una estudiante de 18 años que visita el local por primera vez, junto con un grupo de amigas. A unos metros de ella se encuentra Lluis Manel Rodríguez, cliente habitual aficionado a los acuarios. "Siempre se ha dicho que los peces traen mala suerte, pero yo hace más de 40 años que tengo en casa", expone Rodríguez.

Un león vendido

Los clientes habituales suelen ser de Barcelona, aunque también cuentan con algún extranjero e incluso con antiguos compradores, ya jubilados, que siguen yendo a la tienda. "El 99% son hombres de 30 años en adelante", afirma Bert, quien asegura que el mundo de los acuarios "fideliza mucho a los aficionados". 

Algunos de los más veteranos clientes pudieron disfrutar en su día de un león (que se vendió), monos, reptiles y pájaros, animales que ocuparon el local en sus inicios, en los años 30. "A partir de 1990 sólo quedaron peces y todo lo relacionado con éstos", precisa la propietaria. 

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