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Manel Gràcia, librero: "El gran golpe al libro ha sido el móvil, no la digitalización"

El propietario de la Salas, en la calle de Jaume I, habla de su oficio al jubilarse y cerrar el céntrico local

JÚLIA ALBACAR / BARCELONA

Manel Gràcia López (Barcelona, 1951) es el propietario de la librería Salas, en Jaume I, 5. Pero por pocos días. El céntrico local cerrará sus puertas el 31 de agosto y Gràcia, que en febrero fue homenajeado por sus compañeros comerciantes de la asociación Barnacentre, se jubila. La librería, ahora ubicada a pocos metros del ayuntamiento, empezó en el número 53 de la Rambla, junto al Liceu. Tras el incendio del teatro en 1995, fue expropiada y trasladada durante unos años a la calle de Unió, para acabar, finalmente, desde 1997, en Jaume I.

-Antes estaban al lado del Liceu. 

-Sí. Tan cerca que siempre veíamos entrar y salir a los actores y los decorados. Cuando nos instalamos en la Rambla nuestro espacio eran dos paredes repletas de libros en el mismo portal donde había también las puertas auxiliares del teatro. Pero con lo del incendio, aunque no nos afectó, tuvimos que irnos.

-¿Y lo de librero, como empezó?

-Yo antes trabajaba de mecánico, pero el padre de mi mujer tenía la librería y cuando se jubiló, decidí que debía continuar con el negocio. Y ahí creo que me equivoqué [risas].

-¿Por qué?

-Porque el oficio ha cambiado mucho. Antes había tres o cuatro tertulias a la semana, pasábamos la tarde hablando con distintas personas y discutiendo. Lo que menos importaba era vender libros. Pero con la crisis el mercado bajó en picado y las tardes de tertulias dejaron de estar de moda.

-¿Ahora qué es lo que se lleva?

-Ahora vives más de los eventos que no de la venta de libros en general. Por ejemplo, en la presentación de un libro, la gente lo compra, pero seguramente luego no venderás ninguno más. Hay que hacer hervir la librería con actos, espacios… Ya no eres un librero como tal, eres un generador de movimiento, un animador.

-¿La calidad se resiente?

-Con la crisis, las editoriales no se pueden permitir a los autores buenos, así que se saca mucha paja. Hay más oferta de la que te puedes comer y lo que acaba pasando no es que comas menos, sino que directamente, ni comes.

-Y el libro digital...

-El libro digital de momento no nos afecta, ni lo hará hasta que las editoriales quieran. Para mí el gran golpe al libro ha sido el móvil. Antes ibas en metro o bus y la gente leía, hasta novelas del Marcial Lafuente Estefanía. O una fotonovela. Ahora todo el mundo juega con el móvil, mira las redes… Ya no se tiene tiempo para leer.

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