UNA HISTORIA DE CIUTAT VELLA

El Antic Teatre, resistencia en escena

El Antic Teatre sobrevive durante 14 años como uno de los pocos espacios con una programación experimental y multidisciplinar

Mágico 8El jardín del Antic Teatre, un remanso de paz para tomar algo y charlar.

Mágico 8El jardín del Antic Teatre, un remanso de paz para tomar algo y charlar. / JUAN LUIS ROD

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ANNA ROCASALVA / BARCELONA

Un foco baña con luz anaranjada un desierto de Atacama hecho de sábanas. En el fondo de la sala, un proyector arroja versos del poeta chileno Raúl Zurita: "Verás un mar de piedras. Verás margaritas en el mar…". Es la obra Extraños mares arden, un documental experimental de los artistas Txalo Toloza y Laida Azkona sobre el desierto de Atacama, la industria armamentística y el arte contemporáneo. Un claro ejemplo de lo que se puede encontrar en el Antic Teatre (Verdaguer i Callís, 12), espacio de creación artística y agitación cultural poco convencional.

En el histórico barrio de Sant Pere, Santa Caterina i la Ribera, Semolinika Tomic, la directora y fundadora, se toma una cerveza en idílico jardín interior. "Nosotros somos la resistencia al neoliberalismo en la cultura y en el arte -defiende-. Sólo fíjate en nuestro origen: un grupo de artistas que resucitan un centro cívico abandonado, lo autogestionan y lo convierten en un escenario de creación independiente".

El Antic Teatre se emplaza en un antiguo palacio neoclásico de 1650. "No tenemos más información pero creemos que los aristócratas ya se hicieron construir el teatro para sus representaciones privadas", comenta Tomic. En 1879, el lugar se convierte en sede del Círculo Barcelonés de Obreros San José, fundado por el arquitecto Joan Martorell, en oposición a los ateneos obreros laicos que afloraban por todo el país.

Aprovechando el teatro, el lugar deviene un centro cívico donde los trabajadores podían tomar un refrigerio en el bar y participar en actividades educativas y artísticas. Actividades que se mantienen hasta los años 90, cuando queda el edificio queda prácticamente abandonado hasta que un grupo de artistas lo recuperan en el 2003.

Parecía como si este tesoro los hubiese estado esperando. Pero el Antic siempre fue el reflejo de las inquietudes artísticas del barrio. "Descubrimos que en los 70 se proyectaban películas radicales dirigidas por el artista travestido Pierrot", agrega la directora.

FUTURO INCIERTO

Después de 14 años el Antic Teatre puede desaparecer. "Tememos que, cuando se nos acabe el contrato, el propietario nos eche -comenta Semolinika-. Es el típico caso de capitalismo salvaje porque este lugar, en el corazón de Ciutat Vella, es un bombón". Pero los trabajadores y el barrio se niegan a rendirse.

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"Aquí nos dieron la ilusión de saber que podíamos servir para algo más que fregar platos o hacer la comida", explica Aurora Roig, vecina jubilada que baila en las clases gratuitas de danza contemporánea que ofrece el Antic como parte de su programa para gente mayor. "Esto me ha dado la vida", añade otra mujer, Mari Gutiérrez.

"El Antic es el único sitio que sigue apostando por la experimentación en las artes escénicas -defiende el artista Txalo Toloza-. Y la experimentación en el arte es el I+D de la cultura".

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