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El Cafè de l'Òpera sigue en el siglo XIX

El histórico bar que se inspiró en el Liceu nació como pastelería

PATRICIA BARAJAS / BARCELONA

"Ronaldinho comía biquinis cuando venía al café", comenta un camarero a unas turistas. Por el Cafè de l'Òpera (Rambla,74), han pasado personajes de todo tipo, desde políticos hasta artistas bohemios. No en vano el local es todo un símbolo en la ciudad.

"La primera referencia que tengo es de principios del siglo XIX, cuando era una pastelería", dice Rosa Doria, actual propietaria del café. Tras cambiar de dueño, la pastelería se convirtió en restaurante. El establecimiento era conocido por sus famosas ensaimadas y se le quedó el nombre de La Mallorquina. Tras un altercado en la calle de atrás que causó la muerte de uno de ellos. la imagen del restaurante quedó afectada y el número de clientes cayó en picado. En 1929 el padre de la actual propietaria adquirió el local y le cambió el nombre. "Había una asociación de ideas con lo ocurrido y, como estamos en frente del Teatre del Liceu, le puso Cafè de l'Òpera", añade Doria.

MATICES NEOCLÁSICOS

Durante la guerra civil, y gracias al esfuerzo de la familia, el bar se mantuvo abierto. Al acabar el conflicto, y puesto que la obtención de alimentos era difícil, la familia decidió mantener el local solo como cafetería porque no podían mantener un restaurante de lujo.

Tras varias restauraciones, aún se conservan piezas históricas como por ejemplo los espejos, que son de finales del siglo XIX y están grabados al ácido. Algunas de las sillas que se conservan son de estilo art-déco fabricadas por la conocida marca Thonet. El café está considerado patrimonio histórico de la ciudad y sigue conservando detalles modernistas con aires neoclásicos.

"La mejor época fue la década de los 60. Cada tarde se llenaba de gente bohemia que charlaba de temas interesantes", dice la propietaria. Ahora la clientela es cosmopolita. Los clientes de toda la vida se mezclan con turistas que pasean por las Ramblas.

Ana Carolina Neme, turista de Río de Janeiro, explica al entrar en la cafetería por primera vez y viajar al pasado: "Mi familia tiene una tabaquería en Brasil que es de la misma época, y mi tío me recomendó visitar el Cafè de l'Òpera".