15 ago 2020

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ENTREVISTA CON EL Escritor

Joan de Déu Prats: "La inmigración siempre entra por el Raval"

C. E.
BARCELONA

El sentido común del campesino le lleva a escarbar bien la tierra para profundizar las raíces. Joan de Déu Prats (Barcelona, 1962) hace lo mismo con la historia. El último libro de este escritor del Raval, Barkeno, Bàrcino, Barcelona. 38 històries de la història de la ciutat (Angle Editorial) refleja esa mirada que arraiga.

-Después de ahondar en el pasado de barrios como el suyo, ¿es capaz de ver en ellos el presente?

-Precisamente porque he conocido su pasado, ahora no solo veo el presente, sino que lo comprendo mucho mejor. El presente no es más que la consecuencia del pasado. A mí, saber lo que hemos sido, me hace sentir mejor y ver de la ciudad más allá de lo evidente, llegar a esa Barcelona por descubrir.

-¿Qué época abarca el viaje histórico de su trabajo?

-Desde la época de los mamuts, el recorrido pasa por la Barcelona de los íberos, romanos, visigodos, árabes y occitanos, confirmando que esta  ciudad, y especialmente el Raval, ha sido siempre puerta de entrada de la inmigración, un verdadero melting pot (crisol de razas), y lo continúa siendo todavía hoy.

-¿Dónde ha capturado las 38 historias que explica en el libro? ¿Cuáles son sus fuentes?

-La primera de ellas es la curiosidad. Solo paseando por la ciudad, por el Raval, donde vivo, vas descubriendo detalles que te llevan a la historia. Por ejemplo, la placa que recuerda al noi del sucre, en la esquina de la Rambla del Raval con la calle de Sant Rafael, es un testigo de la violencia que se vivía en el barrio, que estaba lleno de fábricas en las que las condiciones laborales eran muy malas.

-La ciudad aún conserva en sus calles monumentos de esclavistas, como el del Comte Güell, padre del mecenas de Gaudí, o el de Theolongo Bacchio, caudillo de los laietanos, que según su libro nunca estuvo en Barcelona, hacen intuir cierto espíritu de crítica en su obra. ¿Lo hay?

-No. No es un juicio a todas esas cosas. El libro trata de ser un paseo amable, un trabajo de divulgación - no una obra académica- que, de forma llana y amena puede llevarnos a entender mejor la ciudad. De todo lo negativo del pasado, la lucha de los judíos, -mataron a 300 de ellos en el call, y, sin embargo, no existe ningún monumento que los recuerde-de los gitanos, de las mujeres, hay que conocer la historia también, para que no se repita, y para no olvidar nuestros orígenes y, así, no perder nuestra identidad.

-Cuando se escribe sobre historia, ¿no hay algún momento en el que se siente que su historia puede caminar sobre episodios ya explicados?

-Cada generación revisa la historia y con elementos de reflexión novedosos, en cada nueva exploración se contrastan datos que pueden aportar nuevas historias dentro de la historia o desmentir cosas. Al final, se trata de dotar al lector de nuevos elementos de reflexión.

-Epidemias, pobreza y batallas están muy presentes en la obra. Tanta dureza en el pasado, ¿qué sabor le deja de esta ciudad?

-Yo siento un amor incondicional por Barcelona y, si amas bien, amas virtudes y defectos de aquello que amas. Y esa es la única forma de superar los defectos, aceptándolos.

-¿Qué conclusión le deja su nuevo repaso histórico de Barcelona?

-La historia es una gran película y la de esta ciudad da mucho de sí. Han venido gente de muchos lugares y ese es un valor positivo para ella y para su gente. Barcelona se ha construido gracias a la gente que, sin perder su personalidad, se han integrado en ella, al mismo tiempo que el referente, en la ciudad, ha continuado siendo siempre su espíritu y su identidad catalanas.