Fenómeno histórico
Un año de preparación para 90 segundos de oscuridad: así vivió AstroMallorca el eclipse en el Faro de ses Salines
La asociación desplegó un completo dispositivo científico para estudiar el eclipse total de Sol, mientras cientos de personas ocupan la costa del Llevant, entre telescopios, cámaras y embarcaciones, con la mirada clavada en un horizonte donde el negro lunar acabó devorando al naranja solar
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Así se vivió el eclipse solar total en el Faro de ses Salines / Ana B. Muñoz

Más de un año preparándose para 90 segundos de oscuridad. AstroMallorca, colectivo integrado por astrónomos, científicos y divulgadores de la isla, desplegó el día de ayer un imponente operativo de observación solar en el Faro de ses Salines para contemplar y analizar los parámetros de un eclipse total que, durante un minuto y medio, paralizó la costa del Llevant mallorquín: todo el mundo miraba al cielo.
Una carpa blanca, de pocos metros cuadrados, protegía del embat a los equipos colocados en el tejado de la torre marítima. Todo estaba listo desde el martes. Tres telescopios calibrados al milímetro se erigían entre una maraña de cables, aparatos electrónicos y ordenadores, preparados para recoger todos los detalles del fenómeno astronómico del siglo. Una pequeña zona delimitada por unas cintas señalaba el espacio reservado frente al mar para los socios de la entidad que quisieran tomar fotografías.
Disfrutar era el primero de los objetivos, pero los seis miembros de AstroMallorca encargados de los telescopios también buscaban extraer los máximos datos posibles del eclipse solar total. Temperatura, luz infrarroja y tiempo de contacto entre el Sol y la Luna eran algunos de los parámetros por analizar.
La tardía hora a la que se producía el eclipse y la baja posición del Sol, explicaban los expertos, podía provocar que las turbulencias atmosféricas actuaran como filtro natural y dificultaran la visión. La calima era también un elemento a tener en cuenta a la hora de hacer previsiones.

Pero la idea era clara: medir el C1, el C2 y el C3 del eclipse; es decir, el tiempo que tarda la Luna en cubrir el Sol, el tiempo que permanecen superpuestos y cuánto tardan en retirarse. Para ello disponían de un telescopio reflector con filtros solares, otro electrónico/automático y un último aparato con magnificación, que permitía ver con más detalle lo que ocurría en el cielo entre el Sol y la Luna. Todo ello retransmitido en directo gracias al dispositivo Starlink instalado en la parte superior del Faro.
Pese a todo el despliegue, el dispositivo de AstroMallorca se desarrollaba de forma paralela en dos lugares distintos. Además de en ses Salines, una delegación de la asociación científica también se había desplazado hasta el Faro de Formentor para poder observar y estudiar el fenómeno y, en los próximos días, comparar cómo se ha visto en la parte más al norte de la isla y en la zona más al sur.
Trípodes sobre las rocas
Sin embargo, fuera del Faro también estaban pasando cosas; la expectación era máxima. La zona de costa de ses Salines, la Colònia de Sant Jordi y los alrededores se habían convertido en algunos de los enclaves más codiciados para ver el eclipse. La carretera para llegar al Faro permanecía cerrada desde el mediodía, custodiada por varios agentes de la Guardia Civil, algo que no impidió que decenas de coches, la mayoría rent a car, accedieran al lugar horas antes, casi de madrugada, y acabaran aparcados a los laterales de la calzada.
El aplastante calor tampoco frenó a muchas personas que, al ver las restricciones de acceso, decidieron recorrer los varios kilómetros de la carretera hacia el Faro a pie, arrastrando en algunos casos carritos de bebé, neveras y algún que otro soporte para la cámara. Algunos de los intrépidos senderistas improvisados acabaron levantando el pulgar y haciendo autostop, derrotados por las extremas temperaturas
Una vez frente al mar, docenas de personas fueron buscando entre las rocas el lugar más adecuado para contemplar el fenómeno. Prácticamente todos eran turistas. El destino de muchos era la playa de es Cargol, a unos quince minutos a pie del Faro, mientras que otros tantos se quedaban más cerca y plantaban su trípode sobre las piedras, colocando sus cámaras y telescopios para observar el eclipse. La costa ofrecía una imagen insólita, convertida por unas horas en un auténtico campo de observación solar.
El mar también jugó un papel protagonista. Incontables embarcaciones, de mayor o menor eslora, muchas de ellas con docenas de turistas a bordo, navegaban desde primera hora de la tarde en dirección a la costa de la Colònia. El fondeo de estos barcos fue incontrolable y a placer, ejerciendo un daño todavía desconocido sobre el fondo marino y la posidònia.
La cronología de un eclipse
16:07 horas. Calma tensa en el Faro de ses Salines. Equipos preparados en el tejado; la batalla contra el calor es ahora la prioridad. La sombra se convierte en el mejor aliado.
17:03 horas. Repaso general. Arriba, telescopios listos. El viento de embat zarandea la carpa y hay que reforzar los anclajes.
18:40 horas. El helicóptero Milana sobrevuela la zona. Simulacro para los presentes: todos con la vista al cielo.
18:53 horas. Últimos preparativos. Revisar los equipos y orientar los telescopios hacia el horizonte. Todo está calculado al milímetro.
19:39 horas. «Tenemos contacto», se oye desde la carpa. El negro lunar empieza a saborear el naranja solar. Silencio en el tejado del Faro.
20:09 horas. Mitad luz, mitad oscuridad. Varios minutos ya con las cabezas mirando hacia arriba y las gafas homologadas bien colocadas. La costa, con Cabrera de fondo, proporciona una estampa primitivodigital: centenares de personas reunidas observando el sol a través de lentes de alta tecnología.
20:17 horas. «Faltan trece minutos», advierten. AstroMallorca, sin embargo, empezó a contar hace más de un año.
20:31 horas. «¡Ya!». Jolgorio y gritos desde la carpa. Abrazos entre los compañeros. Cae alguna que otra lágirma. «¡Espectacular!», se oye de fondo. El negro ha devorado al naranja. Lenguas de fuego sobresalen de la oscura esfera solar que ahora preside el cielo. Éxtasis total en ses Salines. Ha salido la Luna, pero sigue siendo de día.
20:50 horas. La espera ha valido la pena. El Sol y la Luna se esconden tras su místico baile. La costa comienza a vaciarse de barcos y de gente. Miembros de AstroMallorca suben a la terraza del Faro. Felicitaciones, más abrazos, ansia por ver las imágenes. Portátiles abiertos: se producen revisiones de vídeos, fotos. Se vuelve a ver lo que ya se había visto. Se ve lo que no se percibió en un primer instante. Sonrisas, puños cerrados, agitados, describen la emoción del momento. Pero los expertos y científicos del colectivo no pararán. Tienen clara una cosa: que volverán a mirar al cielo de nuevo, siempre en busca de su próximo destino.
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Fuente: Diario de Mallorca
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