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¿Extraterrestres en la playa?

Bolas espaciales en las playas de Australia: los astrofísicos advierten a quienes las encuentren que no deben tocarlas

La Agencia Espacial australiana cree que los objetos proceden del espacio exterior y que pueden contener sustancias tóxicas

Una sonda japonesa sobrevuela un asteroide en un ensayo para proteger la Tierra

Objeto no identificado en la Costa de Forrest Beach, Queensland (Australia)

Objeto no identificado en la Costa de Forrest Beach, Queensland (Australia) / Queensland Fire Department/Instagram

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Goundo Sakho

Goundo Sakho

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El pasado día 3, alrededor de las 14.30 horas (las 6.30 hora peninsular española), la policía del estado de Queensland (Australia) recibió la llamada de unos pescadores que alertaron sobre la presencia de unas esferas metálicas en la costa de Forrest Beach.

Al principio pensaron que eran unas boyas flotantes, pero pronto las autoridades constataron que se trataba de algo mucho más grave, lo que llevó a la evacuación inmediata de la zona.

Hace más de tres años, también en Japón

En ese instante, empezaron las especulaciones: ¿qué eran esos objetos? ¿Artefactos militares? ¿Señales extraterrestres? Lo cierto es que no era la primera vez que algo así sucedía: en febrero de 2023, en las playas de Enshu (Japón) también hallaron una bola metálica de extraña procedencia.

La carencia de marcas claras ya despertaron entonces todo tipo de teorías conspiranoicas: desde bombas hasta la aparición de un ovni. Sin embargo, los investigadores concluyeron que solo se trataba de una boya marina de grandes dimensiones, nada que ver con los objetos no identificados en Australia.

Restos del espacio

La policía de Queensland encontró tres esferas el viernes y otras tres el sábado por la tarde. Debido a la gran expectación que generaron, los bomberos de Forrest Beach acudieron a la playa para delimitar la zona (50 metros alrededor de los objetos), vestidos con trajes especiales de protección contra materiales peligrosos.

Los registros preliminares indicaron que las bolas habrían llegado desde el espacio exterior (o espacio sideral), la región vacía del universo que se encuentra más allá de la atmósfera de los cuerpos celestes -en el caso de la tierra, a 100 km de altitud, separada por una frontera invisible, conocida como línea de Kármán-, por lo que la investigación sobre los objetos pasó a la Agencia Espacial Australiana.

Poco después, los expertos determinaron que los objetos pertenecieron a una nave espacial que supuestamente habría caído en el mar días antes del hallazgo: "La ubicación y las características de los objetos coinciden con los restos de un cuerpo de cohete extranjero que reingresó recientemente a la atmósfera desde la órbita", han explicado al medio de comunicación 'ABS'.

Recipientes de combustible

Según explica a 'ABS' la arqueóloga y profesora de la Universidad de Flinders Alice Gorman, que también participó en el reconocimiento, las esferas podrían ser recipientes de combustible: "Muchos cohetes y naves espaciales cuentan con sistemas de combustible líquido [...] a alta presión almacenado en recipientes a presión fabricados con materiales resistentes".

Estos suelen tener un punto de fusión mucho más alto que la temperatura que alcanzan cuando vuelven a la atmosfera, motivo por el que no llegan a desintegrarse: "Los elementos de estas características pueden flotar si no contienen combustible", expone Gorman.

No obstante, el astrofísico de la Universidad Nacional de Australia Brad Tucker tiene otra hipótesis: "El hecho de que haya tres tanques significa que se trata de un satélite muy grande o, incluso, de la etapa superior de un cohete", explica a la televisión '7News'

Objetos tóxicos y corrosivos

Tal y como explican en el canal de televisión, los objetos podrían contener hidracina (N₂H₄), una sustancia química comúnmente usada en los propulsores de satélites, los sistemas de maniobra de las naves espaciales y la fabricación de pesticidas, polímeros (la molécula base de los plásticos) y algunos productos farmacéuticos.

La hidracina pura es altamente reactiva y puede ser peligrosa incluso meses después de su reentrada a la atmosfera, ya que es un compuesto tóxico y corrosivo que puede ser absorbido por la piel, quemar el tejido humano e irritar el sistema respiratorio, provocando graves daños neurológicos y orgánicos a largo plazo.

Al ser un líquido transparente, no se puede reconocer de forma segura y puede confundirse fácilmente con el agua. Además, su olor, parecido a del amoniaco, no siempre advierte sobre su nivel de toxicidad, algo que explicaría las estrictas medidas que se han adoptado para el reconocimiento de las esferas.