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Astronomía

¿En qué fase está la luna hoy? Fecha y hora de todos los cambios del único satélite natural de la Tierra

El astro tarda aproximadamente 29 días y medio en completar su ciclo: llena, nueva, cuarto creciente y cuarto menguante

¿Cuándo es la luna llena del mes de abril? El día de la Luna rosa

Sin eclipses, pero con equinoccio, lluvias de estrellas y luna azul: guía de la primavera astronómica de 2026

Montaje de la luna transitando por sus distintas fases.

Montaje de la luna transitando por sus distintas fases.

Vega S. Sánchez

Vega S. Sánchez

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La luna, ese faro nocturno que llevamos siglos observando, no gira desordenadamente en el cielo: sigue un ritmo preciso de unos 29 días y medio -que es lo que tarda en completar un ciclo entero- en el que va cambiando de aspecto hasta recorrer sus cuatro grandes etapas visibles desde la Tierra.

A lo largo de ese mes lunar, el disco pasa de la oscuridad total a la iluminación completa y, de nuevo, a la sombra, en una coreografía que marca desde calendarios agrícolas hasta noches de observación astronómica.

Este mes, este baile celeste tendrá una cita especial para los observadores: la luna rosa de abril, una de las lunas llenas más esperadas del año.

Satélite redondo y brillante

Cuando nuestro planeta se coloca justo entre el sol y la luna, el hemisferio iluminado del satélite queda totalmente expuesto hacia nosotros y se produce la llamada luna llena, el momento en el que el disco aparece redondo y brillante, dominando el cielo nocturno.

Antes de llegar a ese máximo de luz, el satélite atraviesa la fase de cuarto creciente, en la que, visto desde el hemisferio norte, la parte iluminada ocupa la mitad derecha del disco y dibuja en el cielo una forma que recuerda a una "D".

Tras el plenilunio (o luna llena), la luz va cediendo terreno y llega el turno del cuarto menguante, cuando la mitad iluminada pasa al lado izquierdo y muchas personas la identifican con una "C".

Novilunio o ausencia de luna

Finalmente, el ciclo se reinicia con la luna nueva, cuando el satélite se sitúa entre la Tierra y el sol y su cara iluminada queda completamente de espaldas a nosotros, de modo que, salvo algún fino contorno, desaparece del cielo. Es lo que se conoce también como novilunio o ausencia de luna.

Esta curiosa alternancia de "D" y "C" alimenta la idea de que la luna miente: cuando crece, se ve como una D, inicial de decrecer. Pero cuando decrece parece una C, primera letra de crecer.

Se trata de un juego mnemotécnico muy arraigado en la cultura popular que, pese a no tener base científica, sigue funcionando como truco sencillo para recordar en qué fase se encuentra el satélite en cada momento.

Cuestión de geometría

Más allá de la anécdota, lo que hay detrás es pura geometría: el perfil iluminado que vemos está dictado por la posición relativa entre la Tierra, la luna y el sol, no por ninguna voluntad caprichosa del astro nocturno.

En abril de 2026, el mes arrancará con la luna avanzando desde el cuarto creciente hacia la plenitud, hasta culminar en la célebre luna rosa, que se producirá el 2 de abril, según el calendario lunar.

Ese día, el plenilunio se dará en el signo de Libra y marcará uno de los hitos astronómicos de la primavera en la Península.

Ciclo completo

A lo largo del mes, el satélite continuará su ruta habitual: pasará por el cuarto menguante, entrará en luna nueva y cerrará con un nuevo cuarto creciente, siempre con horarios calculados con precisión por el Instituto Geográfico Nacional.

Estas son todas las fases que atraviesa el único satélite natural de la Tierra en abril:

Para los observadores más metódicos, seguir estas fechas permite planificar sesiones de fotografía nocturna, salidas de observación o simplemente paseos bajo la luz brillante del plenilunio.

Florecimiento del flox musgoso

La luna rosa, pese a su nombre, no adquiere realmente un tono rosado: el apodo procede de tradiciones norteamericanas que relacionan la luna llena de abril con la floración temprana y los colores de ciertas plantas propias de esta época.

De hecho, coincide con el florecimiento del flox musgoso, una especie de planta que sí es rosa. También se la conoce como luna llena de Pascua, porque determina la fecha de la Semana Santa: es la primera luna llena después del equinoccio de primavera -el 20 de marzo- y, según la regla tradicional, las iglesias cristianas occidentales (católica romana y protestante) celebran la Pascua el domingo siguiente a ella, por lo que este año el domingo de Pascua -también llamado de Gloria o de Resurrección- se celebra el 5 de abril. 

Lunas, eclipse y superlunas

Lo importante, más allá del marketing poético, es que esta será la primera gran luna llena totalmente asentada en la primavera de 2026, en un año que llegará cargado de plenilunios con nombre propio, desde la luna del gusano de marzo hasta la luna de las flores del primero de mayo o la luna azul del 31 de mayo, cuando coincidan dos lunas llenas en un mismo mes.

Después se sucederán las de verano: la luna de fresa de junio (el 30), la del ciervo en julio (el 29) y la del esturión en agosto -esta última, acompañada de un eclipse parcial, el día 28-.

Y, tras ellas, y las lunas de cosecha y cazador a lo largo del otoño, que cierra la estación con la superluna de castor, el 24 de noviembre, a la que sigue la superluna fría en Nochebuena, el 24 de diciembre. Aunque esta ya será en invierno.

Cómo y dónde observarlas

En áreas urbanas densas, como el área metropolitana de Barcelona, la contaminación lumínica complica la observación de los fenómenos astronómicos más delicados.

Para disfrutar de la luna, siempre que no sea nueva y si las condiciones meteorológicas lo permiten, basta con buscar un punto con el horizonte lo más despejado posible, procurando huir de edificios demasiado altos y de focos directos.

Lo mejor es ir a un lugar elevado, donde no hay excesiva contaminación lumínica, como por ejemplo, el mirador de Torre Baró (Ruidecanyes, s/n), construido en 1989 pero recientemente rehabilitado.

También el mirador de Joan Sales, más conocido como mirador del Virolai, (Pau Ferran, 44) y el parque de la Creueta del Coll (Mare de Déu del Coll, 77) que, aunque cierra a las 21 horas, tiene una zona de miradores situada en el nivel superior.

Tibidabo y playas

También cualquier balcón del parque del Tibidabo (plaça Tibidabo, 3-4), situado en la sierra de Collserola, o cualquiera de las decenas de miradores de Collserola, incluyendo el Observatori Fabra, situado en el Tibidabo (Camí de l'Observatori, s/n).

Por último, sentarse en la arena en una de las playas de Barcelona mirando al mar también ofrece la posibilidad de poder contemplar el único satélite natural de la Tierra en cualquiera de sus fases.

Si se dispone de prismáticos o de un pequeño telescopio, la experiencia mejora, pero una de las grandes ventajas de la luna -y de los eclipses lunares- es que no exige equipamiento sofisticado ni filtros especiales: se puede observar a simple vista, sin riesgo para la vista, algo que no ocurre con los eclipses de sol.

Eclipse de sol total

Precisamente este año se da un eclipse de sol total que apagará una amplia franja de la península Ibérica durante unos minutos el 12 de agosto.

Sin embargo, este evento excepcional que no eclipsa -nunca mejor dicho- el encanto pausado de las lunas repartidas a lo largo del año.

Mientras llega ese gran apagón diurno, la rutina mensual de la luna seguirá marcando tiempos más discretos, que conectan el calendario con los ciclos de la naturaleza, ya sea desde una azotea en Barcelona, una cala tranquila en la Costa Brava o un pueblo del Pirineo.

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