Mensaje en el cosmos
Astrónomos detectan una señal láser procedente de una galaxia a 8.000 millones de años luz
Einstein describió este fenómeno en su teoría de la relatividad gravitacional
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Imagen de radio del telescopio VLA superpuesta a la del telescopio espacial Hubble de la galaxia 3C 348. / TEO MUÑOZ DARIAS /NASA, ESA y Z. Levay

La comunidad científica ha quedado sorprendida tras detectar un láser espacial a casi 8.000 millones de años luz de la Tierra. Este descubrimiento ha sido descrito en un estudio del Observatorio de Radioastronomía de Sudáfrica (SARAO) como uno de los fenómenos más intensos del universo: el hidroxilo megamáser.
Del otro lado del universo
Los investigadores del observatorio MeerKAT, que forma parte de una de las redes de observación más avanzadas del planeta, han detectado una fuerte señal procedente de un sistema de galaxias llamado HATLAS J142935.3–002836, a 8.000 millones de años luz de nuestro planeta.
Este 'mensaje', denominado hidroxilo megamáser, describe un fenómeno comparable a un láser cósmico, que en lugar de emitir luz visible, transmite microondas generadas por moléculas de hidroxilo.
Así pues, no tiene nada que ver con los láseres que aparecen en las películas de 'Star Wars'. "Estamos viendo el equivalente a un láser procedente del otro lado del universo", explica Thato Manamela, uno de los investigadores.
Una verdadera guerra de las galaxias
El origen de esta rareza cósmica se encuentra en el choque de galaxias. Durante la colisión, enormes nubes de gas se comprimen y provocan que las moléculas liberen radiación, creando lo que los astrónomos llaman un gigantesco láser natural.
Diversos estudios han demostrado que la luminosidad de este tipo de máseres (acrónimo para amplificación de microondas por estimulación de radiación) están estrechamente relacionadas con la intensidad infrarroja de su galaxia anfitriona. Esto convierte al magamáser de hidroxilo en un buen indicador de aquellos lugares del universo donde las galaxias se están fusionando y formando estrellas de manera explosiva.
Los expertos también señalan que su intensidad es tan elevada que podría superar la categoría megamáser y entrar en la gigamáser, que incluye astros de gran tamaño y luminosidad, como Betelgeuse, la estrella roja más brillante de la constelación de Orión.

Ilustración de una galaxia, a 8.000 millones de años luz de la Tierra, siendo magnificada por otra, resultando en un disco rojo. / Goundo Sakho / Inter-University Institute for Data-Intensive Astronomy (IDIA)
La predicción de Einstein
Detectar este fenómeno a una distancia tan inmensa ha sido posible gracias a un efecto predicho por Albert Einstein en 1915: la lente gravitacional. Esta teoría explica cómo la gravedad de un objeto masivo, como una estrella o una galaxia, curva el espacio-tiempo a su alrededor, desviando la trayectoria de la luz procedente de los objetos situados detrás.
En 1919, el astrónomo Arthur Eddington confirmó la teoría al observar cómo la luz de las estrellas se torcía al pasar cerca del sol. Y décadas después, este principio se convirtió en una clave para desarrollar el Hubble, el primer telescopio espacial capaz de captar con precisión las estrellas.
En el caso del megamáser de hidroxilo, la gravedad de la galaxia que estaba entre la fuente de radiación y la Tierra actuó como un amplificador y deformó el espacio circundante. De este modo, las microondas emitidas desde HATLAS J142935.3–002836 pudieron ser detectadas por los 64 radiotelescopios del MeerKAT.
Una pequeñísima parte del cosmos
Hace unos 13.500 millones de años, el universo era significativamente más pequeño y compacto que ahora. Las galaxias primitivas estaban mucho más agrupadas, por lo que la gravedad actuaba con mayor eficacia y había una mayor probabilidad de colisiones.
Poco a poco, el cosmos se empezó a estructurar: pequeñas protogalaxias y nubes de gas se fusionaron repetidamente hasta formar sistemas cada vez más grandes. Pero, a medida que fueron creciendo, las galaxias se alejaron unas de otras.
Hoy, descubrir un astro puede llegar a ser muy complejo, ya que requiere equipos avanzados, técnicas especializadas y, a veces… mucha paciencia. No obstante, gracias a la localización de megamáseres, los astrónomos han podido reconstruir cómo han evolucionado las galaxias.
Con el futuro Square Kilometre Array (SKA), el radiotelescopio más grande del mundo, los científicos esperan encontrar muchos más megamáseres y mapear las señales que viajan a través del universo.
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