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Tres pastillas en una dosis única, la bala de plata contra la enfermedad del sueño

La Agencia Europa del Medicamento ha autorizado el acoziborol, una terapia que puede erradicar esa dolencia a corto plazo

La investigadora del DNDi Mariame Camara, con una píldora de acoziborol contra la enfermedad del sueño, en Guinea.

La investigadora del DNDi Mariame Camara, con una píldora de acoziborol contra la enfermedad del sueño, en Guinea. / Brent Stirton/Getty Images for DNDi

Michele Catanzaro

Michele Catanzaro

Barcelona
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La enfermedad del sueño está a un paso de ser eliminada. La Agencia Europea del Medicamento (EMA) acaba de aprobar un fármaco, el acoziborol, que cura la variante más frecuente con una dosis única.

Esta “bala de plata” podría darle la puntilla a la dolencia transmitida por la mosca tsé-tsé. La terapia existente requiere hospitalización y combinar pastillas e inyecciones durante días. El acoziborol se da en un único suministro de tres pastillas. Eso abre la puerta a atacar la enfermedad donde se agazapa: en las comunidades donde una hospitalización es muy difícil.

Pero el giro nacionalista de la política global pone en entredicho este avance. Los recortes a la cooperación de EEUU y Europa, las guerras y la desidia frente al cambio climático se conjuran para arrebatarle a la humanidad los beneficios de la investigación. No sería la primera vez que la enfermedad del sueño se escabulle: tras décadas de reducción, este mal ya repuntó en los años 80.

La cura del arsénico

La enfermedad del sueño está causada por un parásito que penetra en el cuerpo por la picadura de la mosca tsé-tsé. Primero circula por la sangre causando fiebres, luego penetra en el cerebro y causa trastornos y convulsiones que postran al paciente.

“Los pacientes tienden a dormir durante el día, porque no pueden dormir por la noche”, explica Francisco Bartolomé, referente de enfermedades tropicales desatendidas de Médicos Sin Fronteras. “Es una de las pocas enfermedades seguramente letales si no se hace ninguna cura”, explica Luis Pizarro, director ejecutivo de la Iniciativa Medicamentos para Enfermedades Olvidadas (DNDi), creadora del nuevo medicamento. La mayoría de casos se diagnostican en el Congo, la República Centroafricana y Sudán del Sur.

La primera terapia, el melarsoprol, se desplegó en la primera mitad del siglo XX. Este fármaco contiene arsénico y mata a uno de cada diez pacientes tratados. Las campañas de tratamiento, combinadas con el control de la mosca tse-tsé, redujeron casos. Pero la tendencia se invirtió después de los años 60, cuando muchos de esos esfuerzos se interrumpieron, durante la descolonización, y el mal repuntó en los años ’80.

En 1999, Médicos sin Fronteras recibió el premio Nobel de la paz. La organización invirtió los ingresos en crear el DNDi. Esta coalición de centros de investigación, gobiernos y oenegés busca soluciones para las enfermedades olvidadas, aquellas sobre las cuales las farmacéuticas no quieren invertir porque no tienen expectativa de un retorno.

En 2009, el DNDi consiguió el NECT, una combinación de píldoras e inyecciones que trata la enfermedad del sueño grave, la que afecta al cerebro, sin apenas efectos colaterales. En 2018, desarrolló el fexinidazol, un tratamiento oral para la enfermedad leve, en su fase en la sangre.

Los casos diagnosticados han caído desde 38.000 en 1998 a menos de 600 en 2024. “Pero podría haber muchos sin diagnosticar, porque se dan en zonas rurales, pobres, en zonas de conflicto, y porque se pueden confundir fácilmente con meningitis o rabia”, explica Bartolomé. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que hay 1,5 millones de personas en riesgo de infección.

La magia de las tres pastillas

La terapias existentes, complejas y largas, son muy difíciles de aplicar con poblaciones pobres. “Lo ideal era un fármaco oral que sirviera para todas las formas de la enfermedad y que se tomara una sola vez. Es muy raro conseguir una utopía, pero la conseguimos”, explica Pizarro. El acoziborol inhibe un enzima del parásito, impidiéndole que se multiplique. Su eficacia está demostrada con la variante gambiense, que representa el 94% de los casos.

El DNDi implicó a los países afectados; a investigadores de primera; a la Fundación Bill Gates y a varios gobiernos europeos para que pusieran fondos y a la farmacéutica Sanofi para que produzca el medicamento gratuitamente. Y finalmente, obtuvo la aprobación de la EMA: ese marchamo es suficiente para la aceptación del fármaco de parte tanto de los países africanos cómo de la OMS. Juntando puzzles de este tipo, el DNDi ha conseguido una docena de fármacos para dolencias olvidadas.

Recorte a los programas de coopearación

La enfermedad del sueño no se puede erradicar, porque se propaga también entre animales, pero sí se puede eliminar: con ello se entiende que no afecte a los humanos durante años. El objetivo de la OMS – conseguir la eliminación en 2030 – parece cercano gracias al acoziborol.

Pero Pizarro destaca tres obstáculos. Primero, el recorte a los programas de cooperación que están aplicando muchos países. Segundo, la inestabilidad global y tercero, el cambio climático y la deforestación, que empujan la mosca tse-tsé a sitios donde no estaba.

Los gobiernos de extrema derecha no prometen mejorar esos factores. Pero eso se podría revolver contra sus propios ciudadanos. “Los boroles, la familia de medicamentos del acoziborol, pueden servir contra enfermedades como el Chagas, que ya son un problema en países como España. Estas investigaciones también benefician a Europa. No se trata de que el rico ayude al pobre, sino de que nos ayudemos entre todos”, concluye Pizarro.