Llamaradas
Del cielo rojo al apagón: así se desencadena una tormenta solar capaz de poner en jaque a satélites y redes eléctricas
Las grandes sacudidas del sol ponen a prueba la infraestructura digital del planeta, llegando a dejar sin servicio a GPS, aviones e instalaciones energéticas
VÍDEO | La NASA capta la erupción más intensa e hipotónica del sol
Auroras boreales en Catalunya (noticia del 11 de mayo del 2024)

Representación gráfica del sol en erupción, con múltiples tormentas solares afectando al clima espacial / Nasa

El cielo podría volver a teñirse pronto de rojo, como ya ocurrió los pasados 19 y 20 de enero, cuando una violenta tormenta geomagnética convirtió la atmósfera en un espectáculo insólito a simple vista en numerosas zonas del mundo.
Detrás de esas auroras se esconde un proceso extremo: una llamarada solar capaz de liberar tanta energía como mil millones de bombas atómicas, seguida de una eyección de masa coronal que arrastra hacia la Tierra una nube de gas y campos magnéticos a velocidades de vértigo.
En cuestión de minutos, las ondas electromagnéticas pueden perturbar radios y sistemas de navegación; horas después, la llegada de partículas de alta energía pone en jaque a astronautas y satélites y, finalmente, el impacto de la nube solar sobre el campo magnético terrestre desencadena la tormenta geomagnética que dobla las brújulas, estresa las redes eléctricas y enciende auroras donde casi nunca aparecen. Como las que se pudieron ver en noviembre pasado en Catalunya. O la de mayo del 2024 en varias partes de España, Catalunya incluida.
Tormenta geomagnética de alto impacto
Durante un episodio de clima espacial extremo, el sol puede encadenar varios fenómenos que, si miramos desde la Tierra, se traducen en una tormenta geomagnética de alto impacto.
El proceso arranca con una llamarada solar: una explosión súbita en la superficie solar que, en cuestión de segundos, libera una cantidad de energía descomunal, comparable a la detonación simultánea de miles de millones de bombas nucleares.
Esa liberación genera un pulso de radiación que viaja a la velocidad de la luz y tarda unos ocho minutos en alcanzar nuestro planeta, suficiente para provocar interferencias en comunicaciones de radio de onda corta y errores puntuales en sistemas de posicionamiento y navegación.
Bombardeo
Poco después entra en juego la radiación de partículas energéticas, formada por protones, electrones y núcleos atómicos acelerados, que se precipitan a gran velocidad por el espacio.
Este bombardeo representa un riesgo directo para astronautas y para las naves espaciales, ya que puede dañar componentes sensibles y desencadenar fallos en sistemas electrónicos incluso cuando las partículas generan cascadas secundarias en la atmósfera terrestre.
El tercer acto suele venir acompañado de una eyección de masa coronal (EMC), una gigantesca nube de gas ionizado y campos magnéticos que brota desde la corona solar y se expande hacia el espacio.
Estas burbujas pueden transportar miles de millones de toneladas de plasma y viajar a millones de kilómetros por hora, de modo que, cuando apuntan directamente a la Tierra, pueden llegar en un intervalo que va desde unas 15-18 horas hasta varios días.
Afectaciones a redes eléctricas
A su paso, la EMC comprime y distorsiona el campo magnético de la Tierra, desencadenando una tormenta geomagnética que se mide en las escalas oficiales de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (Noaa) y que, en los casos más severos, pone bajo tensión redes eléctricas, oleoductos y sistemas de navegación por satélite.
Cuando la tormenta geomagnética se desata, las líneas de campo magnético se estiran y se reconectan, guiando partículas cargadas hacia las regiones polares y, en episodios extremos, a latitudes mucho más bajas de lo habitual.
Al penetrar en la atmósfera superior, estas partículas chocan con átomos y moléculas de oxígeno y nitrógeno, excitándolos y dando lugar a las auroras: cortinas y arcos de luz de colores verdes y rojizos que, como se vio en el reciente evento de enero, pueden aparecer en lugares donde casi nunca se observan.
Limpieza y desintegración
El mismo proceso que ilumina el cielo tiene efectos menos visibles pero igual de relevantes: el calentamiento de la termosfera hace que la atmósfera se expanda, aumentando la resistencia que encuentran los satélites de órbita baja y acelerando su caída si no corrigen su trayectoria.
Paradójicamente, este aumento de rozamiento actúa también como un mecanismo natural de limpieza, ya que ayuda a arrastrar basura espacial y pequeños fragmentos hacia capas más densas, donde terminan desintegrándose.
Suscríbete para seguir leyendo
- Llega a España un nuevo fármaco para el tratamiento del TDAH en niños y adolescentes
- Protección Civil enviará un ES-Alert esta tarde para informar de las medidas activadas por el episodio de viento
- Francesco Tonucci, pedagogo: 'La escuela está ocupando todo el tiempo de los niños, hay demasiadas horas de colegio
- Huelga de profesores en Catalunya: Última hora en directo de las movilizaciones
- Alerta del sector de la dependencia: 'El sistema no está preparado para el impacto demográfico que se avecina
- La Aemet advierte de la llegada de la borrasca Nils, que dejará lluvias, fuertes vientos y temporal marítimo
- Toda Catalunya activa avisos por fuertes rachas de viento y temporal marítimo tras la llegada de la borrasca Nils
- Los Mossos investigan la muerte del dueño de Mango 'de forma encapsulada' para evitar filtraciones