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Astronomía

¿Qué pasará con el cometa 3i/Atlas? La NASA plantea un giro hacia Júpiter

El acercamiento de 3i/Atlas a Júpiter en marzo es clave para confirmar o desmentir las teorías sobre su posible origen tecnológico

Detectado un asteroide con un tamaño y una velocidad nunca observados hasta ahora

La ESA aclara qué ocurrirá cuando el cometa 3I/Atlas pase cerca de la Tierra

El cometa interestelar 3I/ATLAS captado por el Hubble mientras abandona el Sistema Solar. Las estrellas aparecen como trazos debido al rápido movimiento del cometa.

El cometa interestelar 3I/ATLAS captado por el Hubble mientras abandona el Sistema Solar. Las estrellas aparecen como trazos debido al rápido movimiento del cometa. / NASA, ESA, STScI, D. Jewitt (UCLA), M.-T. Hui (Shanghai Astronomical Observatory). Image Processing: J. DePasquale (STScI)

Zoe Campos Corral

Barcelona
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Parece que, aunque en la Tierra atravesamos tiempos convulsos, la vida en el espacio tampoco se detiene. Y cada vez falta menos para que pase algo insólito.

Según los cálculos de la Nasa, el 16 de marzo el cometa 3i/Atlas se acercará tanto a Júpiter que incluso podría ser absorbido por el planeta gigante.

Una energía absorbente

Este suceso puede ocurrir por el límite de Júpiter, llamado Esfera de Hill, que en palabras más sencillas sería el área alrededor de Júpiter donde su gravedad es lo suficientemente potente como para “absorber” un objeto.

Así pues, en menos de dos meses podremos saber si el objeto pasa de largo o, por el contrario, se convierte en un satélite de Júpiter o permanece en órbita a su alrededor.

Puede que la idea suene descabellada, pero a científicos como Avi Loeb esta posibilidad les preocupa, porque el radio de Hill ese día será de 53,502 millones de kilómetros y el de 3i/Atlas será de 53,445 millones de kilómetros. Es decir, la diferencia será de casi 60.000 kilómetros entre ellos. Demasiado cerca.

Viaje al centro del 3i/Atlas

Con el permiso de Julio Verne, vamos a dejar de lado su ‘Viaje al centro de la Tierra’ para adentrarnos de lleno en un ‘Viaje al centro del 3i/Atlas’ a modo de recopilación

Desde su detección hasta las alarmas que despertó en su momento, y el momento histórico que dejó el 19 de diciembre para todos los aficionados y expertos del espacio. 

¿Qué ha sido de 3i/Atlas durante los últimos meses?

El 1 de julio de 2025 la comunidad astronómica mundial confirmó la llegada de un nuevo objeto, designado como 3i/Atlas. Era el tercer cometa (de ahí el número 3) de origen interestelar (de ahí la ‘i’) que nos visitaba, y fue descubierto por el sistema de telescopios Atlas (de ahí ‘Atlas’) de Río Hurtado, en Chile; tres factores que explicarían a la perfección el porqué de su nombre.

La precisión de su órbita permitió que se clasificara, casi de manera inmediata, como un objeto proveniente del exterior del Sistema solar. Sin embargo, iba a ser su coma -la atmósfera que envuelve su núcleo, típica de aquellos materiales volátiles que se acercan al sol y se subliman; no confundir con su cola- la causante de todas las teorías conspiranoicas, aunque en ese momento no lo sabíamos.

Este diagrama muestra la trayectoria del cometa interestelar 3I/ATLAS a su paso por el Sistema Solar.

Este diagrama muestra la trayectoria del cometa interestelar 3I/ATLAS a su paso por el Sistema Solar. / NASA/JPL-Caltech

El 3 de julio, tal y como explicamos en EL PERIÓDICO, ya sabíamos que el 3i/Atlas no iba a suponer ninguna amenaza de impacto para la Tierra -básicamente porque, como mucho, se iba a acercar a 1,6 unidades astronómicas-, ni tampoco para el sol, a pesar de que el 30 de octubre iba a alcanzar su punto más cercano (su perihelio).

Aun así, los preavisos no iban a ser suficientemente fuertes como para parar las conspiraciones de Avi Loeb.

La oportunidad de estudiar un fósil

El 21 de julio, el telescopio espacial Hubble nos proporcionó la imagen más nítida que había de 3i/Atlas hasta el momento. La Nasa anunció que las fotografías eran públicas, y pudimos disfrutar de un cometa interestelar a 365 millones de kilómetros de la Tierra.

En la imagen, se observaba una columna de polvo que salía del lado del cometa que el sol estaba calentando. También una cola de polvo que se alejaba del núcleo del objeto. 

No obstante, lo más desconcertante de todo era que perdía polvo de una forma parecida a como lo hacen los cometas de nuestro sistema. Aun así, los científicos tenían claro que ese objeto no venía del mismo lugar que el resto.

El telescopio espacial Hubble de la NASA captó esta imagen del cometa interestelar 3I/ATLAS el 21 de julio de 2025, cuando el cometa estaba a 365 millones de kilómetros (277 millones de millas) de la Tierra. Hubble mostró un capullo de polvo en forma de lágrima que salía del núcleo de hielo sólido del cometa.

El telescopio espacial Hubble de la NASA captó esta imagen del cometa interestelar 3I/ATLAS el 21 de julio de 2025, cuando el cometa estaba a 365 millones de kilómetros (277 millones de millas) de la Tierra. Hubble mostró un capullo de polvo en forma de lágrima que salía del núcleo de hielo sólido del cometa. / NASA, ESA, David Jewitt (UCLA); Procesamiento de la imagen: Joseph DePasquale (STScI)

Las observaciones permitieron descifrar los números de 3i/Atlas: su velocidad era de 210.000 kilómetros por hora aproximadamente, el tamaño del núcleo helado sólido rondaba entre los 5,6 kilómetros de diámetro y los 320 metros y puede tener más de 7.000 millones de años.

Con todo esto, la buena noticia para los científicos era que seguiría siendo visible hasta septiembre y reaparecería a principios de diciembre.

Así pues, se avecinaba un conjunto de meses que no se podía desaprovechar: era el momento perfecto para estudiar la composición de un ‘fósil’ del proceso planetario.

Una cápsula del tiempo espacial

El 22 de octubre contamos un hito astronómico: un equipo liderado por Xabier Pérez Couto del Centro de Investigación en Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (Citic) de la Universidad de A Coruña, utilizó la misión Gaia de la Agencia Espacial Europea para reconstruir trayectoria del cometa 3i/Atlas a la inversa.

El objetivo de la misión era crear el mapa tridimensional más preciso y detallado de la Vía Láctea. Así, podrían determinar la posición, el movimiento y la distancia de miles de millones de estrellas.

Con este método, fueron capaces de rebobinar y reconstruir el viaje de 3i/Atlas de los últimos 10 millones de años, pudieron confirmar que su órbita provenía del espacio interestelar y ratificaron que nació en la nebulosa de otra estrella. Por esta razón, los científicos españoles lo identificaron como una “cápsula del tiempo primordial”. 

¿Qué pasó cuando se acercó al sol?

El 29 de octubre llegó el gran día: el cometa 3i/Atlas alcanzó su perihelio -su punto de mayor acercamiento al sol- y el interés científico creció, a la par que lo hacía el mediático.

El brillo, la coma y la posible cola del cometa interestelar dejaron de ser importantes; era el momento de que las redes sociales y algunos medios generaran una gran ola de desinformación.

Entre las teorías más repetidas estaban las que aseguraban que el objeto tenía un origen artificial y, por tanto, era una nave alienígena. También se dijo que su nombre era un código secreto o que la Nasa había activado un protocolo de defensa planetaria, porque estábamos en peligro.

Imagen que muestra la observación del cometa 3I/ATLAS cuando fue descubierto el 1 de julio de 2025. El telescopio de sondeo ATLAS en Chile, fue el primero en informar que el cometa tenía su origen en el espacio interestelar.

Imagen que muestra la observación del cometa 3I/ATLAS cuando fue descubierto el 1 de julio de 2025. El telescopio de sondeo ATLAS en Chile, fue el primero en informar que el cometa tenía su origen en el espacio interestelar. / ATLAS/Universidad de Hawái/NASA

Con la intención de apagar fuegos, algunas plataformas de verificación de hechos y organismos científicos se encargaron de aclarar que no existía ningún sistema de defensa activado. La realidad era que se había creado una campaña internacional de observación coordinada -en la que participaron la Nasa, la ESA y otros observatorios-, para recopilar datos de forma conjunta sobre 3i/Atlas.

El 3i/Atlas detectado por radio

Pocos días después, cuando tan solo quedaban las cenizas de esa oleada de desinformación, volvió a ocurrir un hito adicional. El radiotelescopio MeerKAT de Sudáfrica detectó una señal de radio registrada por el objeto interestelar; la primera de la historia.

MeerKAT Radio Telescope (2024). Imagen del radiotelescopio MeerKAT capturada del web de SARAO.

MeerKAT Radio Telescope (2024). Imagen del radiotelescopio MeerKAT capturada del web de SARAO. / South African Radio Astronomy Observatory (SARAO)

Los científicos aclararon que la señal tenía una explicación natural y química por la naturaleza de 3i/Atlas, pero para otros, como Avi Loeb, eso fue gasolina para la máquina de las conspiraciones.   

Noviembre llegaba al fin de sus días y el astrofísico Avi Loeb, de la Universidad de Harvard, publicó dos análisis sobre el cometa en los que cuestionaba las explicaciones oficiales de la Nasa. Para él, 3i/Atlas seguía siendo un artefacto tecnológico extraterrestre.

Las conspiraciones de Avi Loeb

Sus conspiraciones se sustentaban entre coincidencias orbitales y anomalías detectadas. Por ejemplo, para el astrofísico era un motivo suficiente de desconfianza la relación de la trayectoria del cometa y el radio de la Esfera de Hill de Júpiter. Demasiada exactitud para ser una casualidad, según Loeb.

Otro factor de desconfianza fue que el objeto sufrió una aceleración no gravitacional durante el perihelio, es decir, como un empujón que ajustó su trayectoria. Demasiado extraño para ser producto de la sublimación del hielo del cometa.

Según el astrofísico, esos supuestos propulsores podían permitir que el objeto se acerque -en marzo- lo suficiente a Júpiter como para colocar dispositivos en puntos de estabilidad gravitatoria y, en consecuencia, eso “implicaría que Júpiter es de interés para una civilización extraterrestre”.

Un cometa con volcanes

Al final, con el paso de los días, la ciencia aclaró que esas propulsiones eran provocadas por unos “volcanes de hielo que tenía el cometa.

Aunque pueda sonar surrealista, un equipo de investigación planetaria -en el que participaba el catalán Josep M. Trigo-Rodríguez- descubrió que los chorros que propulsaban al cometa se activaban cuando el cometa se calentaba y, por tanto, cuanto más se acercaba al sol. 

La explicación parece más terrestre que espacial, pero 3i/Atlas no expulsaba lava, sino que lo hacía con hielo. Esta realidad evidenció que 3i/Atlas comparte características con objetos transneptunianos -aquellos planetas y cuerpos que orbitan más allá de Neptuno-, a pesar de haberse formado en otro sistema planetario.

Cabe destacar, por apuntar un tanto a la ciencia autóctona, que este descubrimiento se destapó con las observaciones realizadas con el telescopio Joan Oró, del Observatorio del Montseny, del Institut d’Estudis Espacials de Catalunya

El día que 3i/Atlas nos visitó

El 19 de diciembre el cometa por fin alcanzó su punto más cercano a la Tierra y las agencias espaciales realizaron observaciones concretas para poder ampliar sus conocimientos sobre 3i/Atlas.

Ese día se convirtió en una oportunidad científica única -porque seguramente 3i/Atlas ya no volverá-, pero también en un día repleto de teorías conspiranoicas que corrieron por las redes sociales sin respaldo científico.

Mientras tanto, tendremos que esperar a que el cometa interestelar se acerque a Júpiter para poder saber si Avi Loeb tenía razón y el tiempo de observación durante su paso por el sol y la Tierra fueron demasiado breves como para descartar por completo escenarios alternativos que deben analizarse con mayor detalle.

Loeb ha dejado claro que ya no afirma que se trate de un objeto artificial, pero considera que todavía es pronto para dar por cerrado el caso. De momento, y hasta que no llegue a Júpiter, no sabremos más.