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Mujeres que lideran la ciencia en Catalunya: "Un liderazgo efectivo crea confianza"

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Michele Catanzaro

Michele Catanzaro

Barcelona
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Una investigación biomédica liderada por mujeres tarda en publicarse en una revista académica entre una y dos semanas más que una liderada por hombres, en promedio. Así lo ha demostrado un análisis de ocho millones de artículos académicos.

Las publicaciones científicas tienen que pasar una rigurosa revisión antes de salir a la luz, pero este proceso parece llevar las marcas de la desigualdad de género. Un aplazamiento de unas semanas puede suponer un revés para una científica, si ocurre en el momento en que está compitiendo para conseguir una plaza o una financiación. Una científica senior que haya publicado 50 artículos, habrá esperado entre uno y dos años más que sus compañeros hombres para publicarlos.

El rigor

Hoy en día, la manera más sencilla para hacerse una idea de si una afirmación es científica es mirar si se ha publicado en una revista que hace “revisión por pares”. Los artículos enviados por unos científicos a estas revistas son reenviados a otros expertos, que pueden pedir cambios y mejoras o desaconsejar la publicación.

El mecanismo tiene sin embargo muchas limitaciones: por ejemplo, se pueden colar trabajos fraudulentos o se pueden caer trabajos valiosos pero heterodoxos. El nuevo estudio demuestra que el mecanismo también está afectado por las desigualdades de género.

“La desventaja para las mujeres en la ciencia se da en la financiación, en la publicación, en el liderazgo… en casi cualquier actividad”, constata Jocalyn Clark, editora del British Medical Journal y anteriormente de The Lancet, dos de las principales revistas biomédicas (no implicada en el nuevo estudio).

Retraso sistemático

No es la primera vez que se detecta ese retraso en estudios de pequeña escala. “Sin embargo, en este trabajo analizamos millones de artículos y de un campo, la biomedicina, que no estaba investigado y representa más de un tercio de la producción científica anual”, explica David Álvarez-Ponce, biólogo catalán que trabaja en la Universidad de Nevada (EEUU), y coautor del trabajo.

Su equipo descargó los datos de 'PubMed', la mayor de biblioteca digital de publicaciones biomédicas. Luego, atribuyó un género a los autores con la herramienta genderize.io, que asocia a cada nombre una probabilidad de ser masculino o femenino, basándose en datos de redes sociales. Tras eliminar los registros incompletos, el equipo se quedó con 7,75 millones de artículos.

Los investigadores midieron el tiempo transcurrido entre la fecha de presentación del artículo a la revista y la de publicación. Los artículos cuyos autores principales son mujeres tardan entre el 7,4% y el 14.6% más de tiempo que los de los hombres.

Por ejemplo, si el autor “de correspondencia” (una posición que indica que se trata de uno de los investigadores principales) es mujer, la revisión tarda casi dos semanas más (de 102 a 115 días, en promedio). “En general, vimos que a mayor porcentaje de autoras mujeres, mayor tiempo de espera”, observa Álvarez-Ponce.

La brecha se desvía del promedio en algunos países. El caso más extremo es Uruguay, donde el tiempo de revisión aumenta un 50% si el primer autor (otra posición que indica la autoría principal) es una mujer.

También se vio una brecha nula o invertida en algunas subdisciplinas, como los estudios de salud de la mujer o de biología, donde el retraso los sufren los hombres. Sin embargo, se trataba de una minoría de casos.

Las diferencias observadas no son pequeñas si se acumulan a lo largo de la vida de una investigadora. Una científica que haya publicado 50 artículos habrá esperado entre 350 y 750 días más que un compañero para la revisión de esos trabajos.

“Pedir una financiación con menos artículos en el currículum te puede poner en desventaja, y si consigues menos recursos lo vas a tener aún más difícil para publicar más resultados”, observa Álvarez-Ponce.

Causas complejas

Los autores excluyen que los artículos de los hombres sean más fáciles de leer. De hecho, varias medidas de legibilidad de los textos sugieren una sutil diferencia a favor de las mujeres.

Entonces, ¿hay un sesgo contra las mujeres entre los revisores ? Ese no sería el punto. “Puede ser que los revisores sean más sospechosos con las mujeres, pero también puede ser que las autoras se tomen más tiempo para contestar”, observa Vicent Traag, investigador de la Universidad de Leiden, no implicado en el estudio.

“Mi experiencia como editora es que a veces las mujeres tardan más en responder a las críticas de los revisores”, confirma Jocalyn Clark. “Y tienen multitud de razones, como el exceso de trabajo que las afecta en las tareas de cuidado”, añade.

Incluso dentro la academia, ellas hacen más docencia y más trabajo en comités que ellos, lo que le quita tiempo para atender a las peticiones de los revisores.

Otros factores podrían ser que las mujeres se caen más pronto de la carrera académica que los hombres y hay menos de ellas en posiciones senior. También podría influir la posible preferencia de las mujeres por temas más aplicados e interdisciplinarios, o una mayor inclinación al perfeccionismo y a la duda.

Soluciones complejas

Algunas revistas ocultan el nombre de las autoras para intentar minimizar los sesgos, pero Clark advierte de que sirve de poco, porque a menudo los revisores lo pueden adivinar al reconocer el trabajo típico de cada autor.

“Muchas desigualdades surgen de las grandes diferencias entre hombres y mujeres en la toma de responsabilidad familiar. Ser investigadora y tener una familia es difícil. Eso se podría mejorar, y acabaría beneficiando incluso a los hombres”, observa Traag.

La calidad del trabajo debería primar sobre la cantidad en la asignación de contratos y fondos. “También podría ser que las mujeres se tomen más tiempo para presentar mejores trabajos”, concluye Clark.

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