Testigo del primer alunizaje

Muere Michael Collins, el astronauta que llegó hasta la Luna pero no la pisó

El tercer tripulante de la icónica misión Apollo 11, la primera en llevar la humanidad a la Luna, ha fallecido a los 90 años

El astronauta Michael Collins durante las pruebas a bordo del módulo de la misión Apollo 11, la primera en llegar a la Luna.

El astronauta Michael Collins durante las pruebas a bordo del módulo de la misión Apollo 11, la primera en llegar a la Luna.

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Valentina Raffio
Valentina Raffio

Periodista.

Especialista en ciencia, salud y medio ambiente.

Escribe desde Barcelona.

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Michael Collins fue el piloto que en 1969 llevó la misión Apollo 11 a la Luna. También fue el astronauta que, entregado a su deber, viajó 386.000 kilómetros por el espacio durante 76 horas y, una vez llegado a su destino, se quedó en órbita mientras observaba los primeros pasos de sus compañeros Neil Armstrong y Buzz Aldrin sobre el polvoriento suelo lunar. Los mismos que pasaron a la historia como "un pequeño paso para un hombre pero un gran salto para la humanidad". Collins, el icónico y a la vez siempre olvidado Collins, ha fallecido este miércoles a los 90 años "tras una larga batalla contra el cáncer".

"Mike siempre enfrentó los desafíos de la vida con gracia y humildad, y enfrentó este, su desafío final, de la misma manera", manifiesta su familia en un comunicado oficial emitido tras su fallecimiento. Su último deseo, explican, fue que no se llorara su muerte sino que se celebrara su vida. "Estés donde estés, querido Mike, siempre tendrás el fuego para llevarnos hasta nuevas alturas y hacia el futuro", escribe Buzz Aldrin, el último integrante de la misión Apollo 11, en honor a su compañero.

"El hombre más solitario del planeta"

El nombre de Collins ya forma parte de los libros de historia. El primer viaje de la humanidad rumbo al suelo lunar fue guiado por él. Su talento a los mandos del Apollo 11 fue el que, paradójicamente, lo encasilló en el papel de piloto. Y eso fue lo que en última instancia hizo que se quedara él solo en el módulo de comando mientras sus compañeros acaparaban todos los focos en la Luna. Alguien debía quedarse en segundo plano para garantizar que, llegado el momento, el módulo de comando Columbia y la cápsula lunar Eagle se pudieran acoplar correctamente para devolver a los astronautas a Tierra sanos y salvos. Ese era su deber.

Collins, siempre en segundo plano, permaneció más de 20 horas en órbita en la más absoluta soledad. De hecho, se perdió parte del espectáculo mientras recorría el lado oscuro del satélite. Mientras millones de terrícolas observaban maravillados los primeros pasos de su especie fuera del planeta, el tercer tripulante del Apollo 11 pasó minutos y horas totalmente desconectado. "Desde los tiempos de Adán ningún humano ha conocido una soledad como Mike Collins", reza el diario de la misión en referencia a esos momentos.

Mientras Collins orbitaba la Luna, Armstrong y Aldrin exploraban por primera vez la superficie lunar. En la imagen, Armstrong posa junto al módulo 'Eagle' en una fotografía tomada por Aldrin en 1969.

/ NASA

No es de extrañar, pues, que la pregunta que más recibió Collins en los siguientes años fuera justamente como vivió esta histórica misión desde la órbita. O como se sintió al hacer historia desde la penumbra, como "el hombre más solitario del planeta". El astronauta, con la característica elegancia que siempre impregnó sus declaraciones, siempre respondía diciendo que él siempre se había sentido tan importante como sus compañeros. Y que incluso cuando estaba en el lado oscuro de la Luna nunca sintió miedo. "El sentimiento era más bien de conciencia, satisfacción y confianza", explicaba en las innumerables entrevistas concedidas a lo largo de las décadas.

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La historia que pocos conocen es que Collins sí que pisó, aunque fuera simbólicamente, la Luna. Los parches de la misión, y que adornaban los trajes de sus compañeros, habían sido diseñados por él. Suya fue la idea de tomar la imagen de una estadounidense águila, un ramo de olivo símbolo de paz y la imagen contrapuesta de Tierra y Luna para crear la memorable insignia del Apollo 11. El emblema no solo aterrizó sobre la Luna sino que, además, ha perdurado como una de las estampas más icónicas de la carrera espacial.