Vacunas abandonadas

Las cuatro vacunas contra el covid-19 que se han rendido frente a los ensayos clínicos

El primer ministro australiano Scott Morrison visita los laboratorios de CSL en los que se desarrolló un prototipo de vacuna contra el covid-19.

El primer ministro australiano Scott Morrison visita los laboratorios de CSL en los que se desarrolló un prototipo de vacuna contra el covid-19. / Andrew Henshaw (AAP)

  • Ya son cuatro las inmunizaciones experimentales que han abandonado la carrera científica.

  • La Organización Mundial de la Salud estima que, hoy por hoy, hay más de 200 proyectos de investigación en curso sobre vacunas. Es posible que muchos de ellos nunca lleguen al mercado.

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A veces es mejor rendirse que desvivirse para retrasar un agónico desenlace. Sino que se lo digan a las cuatro vacunas experimentales contra el covid-19 que, tras un año de laboriosas investigaciones, han anunciado que abandonan la carrera mucho antes de llegar a la línea de meta. Todo apunta que la historia de estas primeras 'vacunas abandonadas' se repetirá con gran parte de las fórmulas que, hoy por hoy, siguen en fase de investigación. Según dibuja el último balance de la Organización Mundial de la Salud (OMS), actualmente hay 84 prototipos de inmunizaciones que se están testando en voluntarios y 184 más que siguen investigándose en los laboratorios.

El futuro de las vacunas experimentales no solo dependerá de los resultados más o menos prometedores que puedan arrojar. También tendrán que hacer frente a las arenas movedizas que deja la aprobación de las primeras vacunas contra el covid-19. Por ejemplo. ¿Quién querrá prestarse voluntario para probar ‘a ciegas’ estas fórmulas experimentales si, por el contrario, puede acceder a una vacuna segura, efectiva y aprobada? ¿Quién financiará los millones que vale tirar adelante estos estudios clínicos a gran escala? ¿Y si se consiguen buenos resultados que pero no están a la altura de sus predecesores? ¿Lograrán estas inmunizaciones un aprobado o habrá subido el listón? La historia de las primeras 'vacunas abandonadas' arroja luz sobre algunas de estas preguntas.

Polémica de los falsos positivos


El 10 de diciembre del 2020, cuatro días antes del lanzamiento de la primera vacuna en Estados Unidos y quince días antes de la inicio de la campaña de vacunación europea, Australia anunció que abandonaba su carrera por la vacuna. El proyecto iniciado por la Universidad de Queensland y la firma Commonwealth Serum Laboratories llegaba así a su fin tras mil millones de dólares invertidos por el gobierno australiano. Su prototipo de vacuna, del que habían apalabrado más de 50 millones de dosis, no funcionaba. Es más. Despertaba 'falsos positivos' ante pruebas del VIH, el virus responsable del sida.

Esta historia dio la vuelta al mundo. Primero porque la caída de esta vacuna suponía la pérdida de millones de dólares, pues el desarrollo de todas las vacunas se ha realizado con dinero a fondo perdido. Y segundo, porque los resultados de por la alarma generada por unos inusuales resultados de los ensayos clínicos. Parte de los 216 voluntarios que se prestaron a probar el compuesto dieron positivo a tests del VIH. Aunque ninguno de ellos estaba realmente infectado. Los científicos descubrieron que este fenómeno se debía a la fórmula que estaban utilizando para hacer frente al covid-19 inoculaba unas proteínas que también están presentes en el VIH. De ahí los ‘falsos positivos’.

Los responsables del estudio se mostraron devastados ante estos resultados. Aunque todo apuntaba a que su vacuna era segura y efectiva, y que todos los participantes estaban sanos, los 'falsos positivos' suponían un riesgo para la confianza pública en el antígeno. "Así es la ciencia. Te desvives pero no siempre funciona", resumió el jefe de investigación del proyecto. "Ha sido un error honesto que ha costado dinero, no vidas humanas", zanjaron varios científicos externos sobre el desenlace de esta vacuna.

Investigadores trabajan en la fábrica de CSL durante el desarrollo de una vacuna experimental contra el covid-19.

/ James Ross

Una vacuna en forma de pastilla


El 25 de enero del 2020, cuando en España hacía ya un mes que se vacunaba contra el covid-19, finalizaba la historia de la vacuna experimental contra el covid-19 en forma de píldora de la farmacéutica Merck y la Iniciativa Internacional de vacunas contra el SIDA (IAVI). Tras casi 40 millones de dólares invertidos en este estudio, el proyecto abandonó la carrera con unos resultados agridulces. Los ensayos clínicos mostraban que la vacuna era segura, pero no efectiva. El medicamento, de hecho, generaba menos anticuerpos que una infección natural de covid-19.

La farmacéutica emitió un comunicado explicando que, aun así, se comprometía a publicar estos 'malos resultados' en una revista científica para que los demás laboratorios pudieran ver qué pudo haber fallado en su fórmula. "La pandemia subraya la necesidad de seguir invirtiendo en investigación para abordar las amenazas a la seguridad de la salud", zanjó la firma alemana tras el fracaso de su primera vacuna.


Fórmula segura pero no efectiva


La vacuna en forma de pastilla no fue la única derrota de la firma alemana Merck. El mismo 25 de enero la empresa anunció el fin de otro ensayo clínico que estaba realizando junto a Thermis Bioscience y el Institut Pasteur de París. La razón era la misma. La fórmula parecía segura, pero no eficaz. Los anticuerpos producidos tras el pinchazo eran demasiado escasos como para proteger a un paciente ante una eventual infección. La noticia causó muchísimo revuelo en Francia, donde se confiaba plenamente en el éxito de esta vacuna ‘de producción local’.

Tras este segundo varapalo, Merck anunció que seguía con el estudio y la manufactura de dos fármacos antivirales que, según se está investigando, podría ser efectivos contra el covid-19. El Institut Pasteur, por su parte, también declaró que centraría sus esfuerzos en otros dos prototipos de vacunas que, hoy por hoy, siguen testándose en los laboratorios. Ya llegado el mes de marzo, el consorcio forjó una alianza con la farmacéutica Johnson & Johnson para ayudar con la producción de la vacuna de la firma Janssen.

Un investigador trabaja en secuenciar el genoma del coronavirus SARS-CoV-2 en el Institut Pasteur de París.

/ CHRISTOPHE ARCHAMBAULT

Inmunización sin agujas


El 27 de enero se anunció el fin de un proyecto que prometía una vacuna 'sin agujas' capaz de aguantar intacta hasta a 40 grados centígrados. La fórmula había sido desarrollada a principios del 2020 por el Imperial College y, durante meses, destacó entre las más prometedoras del panorama global. Pero tras un año de investigaciones, y mientras las primeras vacunas contra el covid-19 lograron su autorización, el antígeno británico seguía 'estancado' en la primera fase de los ensayos clínicos.

"Creemos que este no es el momento adecuado para iniciar un nuevo ensayo de eficacia para una nueva vacuna en el Reino Unido", explicó el investigador Robin Shattock, líder del proyecto, en referencia a la vacuna de AstraZeneca y Oxford. Una vez abandonado su proyecto de vacuna contra el coronavirus, la institución afirma haberse centrado en el estudio de la tecnología para hacer frente a mutaciones que puedan menoscabar las inmunizaciones ya aprobadas. "Queremos que nuestra tecnología tenga el mayor impacto. Eso significa centrar nuestros esfuerzos en el desarrollo de tecnología de ARN autoamplificadora para adaptarse a nuevas variantes, impulsar otras vacunas y estar preparados frente a futuras amenazas pandémicas", afirma el instituto en un comunicado.

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