Desde el laboratorio

Así se investigan las nuevas vacunas contra el covid-19

Investigadores del Institut de Química de Sarrià trabajan en el desarrollo de una nueva vacuna contra el covid-19.

Investigadores del Institut de Química de Sarrià trabajan en el desarrollo de una nueva vacuna contra el covid-19. / IQS

Cientos de laboratorios de todo el mundo siguen trabajando en nuevas vacunas contra el covid-19. "La carrera por la vacuna no solo va del primero que llega. También va de generar conocimiento", explican desde el Institut de Química de Sarrià.

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Valentina Raffio
Valentina Raffio

Periodista.

Especialista en ciencia, salud y medio ambiente.

Escribe desde Barcelona.

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Mientras el mundo asiste al reparto (desigual y escaso) de las primeras vacunas contra el covid-19, en los laboratorios de todo el globo se sigue investigando la viabilidad de varios centenares de inmunizaciones más. “La carrera por la vacuna no solo va del primero que llega. También va de generar conocimiento que pueda ser útil para otras enfermedades y, sobre todo, de estar preparados para las crisis sanitarias del futuro”, resume Salvador Borrós Gómez, director del Institut de Química de Sarrià (IQS) y líder de un equipo que actualmente trabaja en un prototipo de vacuna contra el covid-19 que, si todo va bien, podría estar listo en un año.

Así es el laboratorio donde se investiga una vacuna contra el covid-19 ’made in Barcelona’

Esta vacuna experimental diseñada en Barcelona, bautizada como CoviNanoVax, está basada en ARN mensajero; como la de Pfizer-BioNtech y Moderna. Pero a diferencia de las fórmulas ya en el mercado, la inmunización catalana se podría conservar durante nueve meses a temperatura de nevera (y no a -20 o -80 grados, como sus homólogas). “Como cada vacuna utiliza un fragmento diferente del virus; cuantas más vacunas haya disponibles, más cobertura tendremos ante mutaciones y variantes emergentes del virus”, comenta Cristina Fornaguera i Puigvert, investigadora principal de este proyecto.

Tras nueve frenéticos meses de investigación, los científicos hablan de su vacuna experimental con esperanza. La fórmula ya ha superado la fase preclínica de la investigación, donde se pone a prueba su seguridad, y ha superado el escollo de demostrar su eficacia en ratones. Ahora, pues, el medicamento ya podría dar el salto a la fase clínica y empezar a testarse en voluntarios humanos. “La buena noticia no solo es que estamos más cerca de una nueva vacuna contra el covid-19. La buena noticia es que estas investigaciones provocarán un cambio en muchísimas otras terapias”, esgrime Borrós. “Gracias a esto, puede que en unos años tengamos vacunas contra varios tipos de cáncer”, añade el científico.

"Gracias a estas investigaciones puede que en unos años tengamos vacunas contra varios tipos de cáncer"

Salvador Borrós i Gómez

Director del IQS

Vacunas sobre hombros de gigantes

Las vacunas contra el covid-19 se han diseñado sobre hombros de gigantes. O mejor dicho, sobre décadas de investigación que en su día no parecían tener una aplicación inmediata y que ahora se disponen a salvar el mundo. “Nosotros empezamos a trabajar en esta vacuna el día 1 de mayo, pero ya llevábamos desde el 2012 trabajando con este tipo de tecnología”, recalca Fornaguera. “Sabemos que las vacunas de ARNm son más seguras que las convencionales porque, al tener una estabilidad muy baja, en 24 horas están eliminadas de nuestro cuerpo, por lo que no se pueden producir problemas de acumulación”, resume la investigadora sobre el triunfo de estas fórmulas frente al covid-19.

Cristina Fornaguera i Puigvert y Salvador Borrós Gómez, investigadores del Institut de Química de Sarrià.

/ IQS

Según el último balance de la Organización Mundial de la Salud (OMS), un 12% de las vacunas contra el covid-19 en fase clínica están basadas en ARN mensajero; así como el 10% de las vacunas registradas durante su fase preclínica. Aun siendo minoría, las vacunas basadas en esta tecnología han sido las más rápidas en avanzar. Pfizer y Moderna, de hecho, fueron las primeras en lograr el visto bueno de organismos reguladores y autoridades sanitarias.

Llegados a este punto, pues, serán muchos los que se planteen la siguiente pregunta. ¿Cuál es el factor que marca la diferencia entre una vacuna y la otra? “La inversión”, resumen al unísono los científicos del IQS. El proyecto CoviNanoVax recibió 193.000 euros de financiación del Ministerio de Ciencia e Innovación y el Instituto de Salud Carlos III. Pfizer desarrolló su fórmula con casi 500 millones de dólares, mientras que Moderna contó con unos 600 millones para el mismo cometido. Las comparaciones, claro está, son odiosas. Pero ayudan a poner estas investigaciones en contexto.

El coste de la investigación

El futuro de esta vacuna depende de la inversión. No solo basta con tener una buena idea y buenos resultados; si queremos dar el salto a los estudios clínicos necesitamos una inversión de varias magnitudes mayor”, esgrime Borrós en referencia no solo a su estudio, sino a un déficit que frena el desarrollo de una infinidad de medicamentos experimentales.

Investigar es caro. Y dar el salto a los estudios a gran escala, todavía más. Para muestra, un botón. La receta de estas vacunas ‘made in Barcelona’ requiere una infinitésima parte de polímero. Fabricarlo a pequeña escala puede costar a un euro el gramo. Pero para producir grandes cantidades de este compuesto (según la normativa GMP), el coste puede ascender a “500 mil euros cada 100 miligramos”, ejemplifica Borrós. “Los científicos echamos todas las horas que podemos echar, pero el dinero sigue siendo una barrera infranqueable”, argumenta el científico.

"No estamos hablando de una tecnología complicada, pero sí de algo nuevo que requiere una inversión"

Cristina Fornaguera i Puigvert

Investigadora

Incluso si el proyecto lograra financiación y, finalmente, la vacuna saliera adelante, habrá que ver si Catalunya o España disponen de las infraestructuras necesarias para fabricar el compuesto. “No estamos hablando de una tecnología complicada, pero sí de algo nuevo que requiere una inversión”, explica Fornaguera. “Producir este tipo de vacunas a gran escala no se consigue multiplicando por diez todos los procesos. Se necesita tiempo para ajustar todos los parámetros. Hay un cierto ‘know-how’ que no siempre se puede teorizar”, recalca la experta sobre las complicaciones en el proceso de producción de las fórmulas que, sin ir más lejos, han acaparado titulares en estos últimos meses.

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/ V. R.

Puede que la historia de este proyecto concluya con una nueva inmunización contra el covid-19 que, por ejemplo, se utilice dentro de un año como ‘dosis de recuerdo’ para borrar todo rastro de coronavirus del mapa. O puede que todo el trabajo hecho hasta la fecha desemboque, algún día, en otro tipo de tratamientos frente a enfermedades inmunes. Sea como sea, los científicos se muestran optimistas con la idea de que su investigación supone un paso adelante en el conocimiento. Y si toca arrojar una reflexión sobre el futuro de todo esto, Borrós zanja: “Si algo hemos aprendido de esta pandemia es que necesitamos invertir en ciencia para estar más y mejor preparados para las crisis sanitarias del futuro”.