DESPEGUE INMINENTE

El primer satélite civil español de observación de la Tierra, a punto

El SEOSAT-Ingenio sigue a Paz, el otro artefacto español lanzado en 2018, que tiene uso militar

El dispositivo va a sacar fotos de alta resolución para monitorear la evolución del territorio

El satelite SEOSAT-Ingenio, empaquetado en los laboratorios de Airbus en Madrid.

El satelite SEOSAT-Ingenio, empaquetado en los laboratorios de Airbus en Madrid.

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En la madrugada del 17 de Noviembre, la Agencia Espacial Europea (ESA) tiene previsto lanzar desde la base de Kourou, en la Guayana Francesa, un cohete cargado con el primer satélite civil español dedicado a la observación de la Tierra, llamado SEOSAT-Ingenio.

El satélite, de 750 kilogramos, debería empezar a funcionar a pleno ritmo en marzo. Desde una altura de 670 kilómetros, debería sacar fotografías de la superficie terrestre en alta resolución.

Estas se pueden utilizar para aplicaciones que van de la agricultura al seguimiento de la desertificación. Su capacidad de mirar a los lados (además del terreno por debajo) permite que se use para seguir en directo la evolución de catástrofes, como incendios o terremotos.

El satélite español SEOSAT-Ingenio en una reconstrucción artística de su apariencia en el espacio. / ESA P. CaRRIL

Plan de 2007

Con este lanzamiento se culmina un camino empezado en el 2007, cuando España anunció su Plan Nacional de Observación de la Tierra por Satélite (PNOTS). La primera parte del plan se cumplió en el 2018, con el lanzamiento de Paz, un satélite de uso militar. El plan ha pasado por altos y bajos y se ha tardado más de lo previsto en poner a punto los satélites.

El SEOSAT-Ingenio es de propiedad estatal y se han realizado con tecnología hecha en España, por empresas como Airbus, Sener e Indra, y con la colaboración de la ESA.

"El plan pretende generar un impulso importante para la industria espacial y además dota a los organismos públicos de una herramienta que les facilita sus tareas", explica Alicia Fernández-Renau, experta en observación de la tierra del Ministerio de Transportes que ha asesorado la misión. Según Fernández-Renau, es probable que dos satélites iguales a Paz y a Ingenio, respectivamente, se lanzen en los próximos años, para completar el plan.

El dispositivo militar usa tecnología radar, que funciona de noche y con mal tiempo, pero genera imágenes más complejas de interpretar. El civil, al contrario, usa tecnología óptica, algo parecido a sacar una fotografía.

El cohete Vega que lleva el satélite SEOSAT-Ingenio, en Kourou (Guiana Francés). / ESA CNES Arianespace Optique Video du CSG S  Martin

SEOSAT y compañía

Europa dispone de una constelación de satélites de observación de la Tierra, llamada Copernicus. Y hay muchos más sistemas públicos y privados en el mundo. Pero los expertos creen que tiene sentido desarrollar un dispositivo propio. "Uno de los objetivos principales es fomentar la capacidad industrial de las empresas españolas", explica Alex Popescu, jefe de proyectos de SEOSAT-Ingenio en la ESA.

Además, "es importante que haya diversos satélites, para asegurar que cuando se necesita una imagen se va a poder obtener", explica Agustín Lobo, especialista en observación de la Tierra de Geociencias Barcelona (CSIC), quien también asesoró al proyecto. Los satélites tardan tiempo en volver a pasar sobre un mismo sitio, así que a más fuente, más cobertura temporal de cada punto del terreno.

Popescu afirma que tener un satélite propio da más libertad a la hora de gestionar pedidos de imágenes por parte de empresas, agencias gubernamentales, el catastro, los ministerios, etcétera. "No hay tanta competencia con otros usuarios", afirma. Fernández-Renau apunta a que se ahorra en la compra de imágenes de otros operadores y se pueden evitar las limitaciones de distribución que estos imponen.

Alta resolución y mirada lateral

Respecto a Sentinel-II, el satélite español tiene mejor resolución (2,5 metros comparado con 10), pero tiene menos bandas espectrales (puede sacar fotos con menos colores). Para obtener fotos con esta precisión desde 670 kilómetros de altura, "se necesita una cámara de altísima calidad, que resista a vibraciones y enormes cambios de temperatura, y un sistema para apuntar muy estable", explica Popescu.

"Otra cosa original es que puede hacer tomas oblicuas con un ángulo de 35 grados", afirma Fernández-Renau. De esta forma, si hay que seguir la evolución de un incendio, por ejemplo, el satélite puede sacar fotos consecutivas durante cierto tiempo, aunque su trayectoria lo vaya alejando del punto que está encima del fuego.

Ejemplo de una imagen sacada por un satélite de observación de la Tierra. / Airbus DS

Clima, agricultura, minería y emergencias

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Las fotografías de SEOSAT-Ingenio tienen usos que van más allá de la cartografía. "Por ejemplo, cambios en la absorción de la luz revelan que un bosque está sufriendo estrés hídrico o plagas. Estas imágenes permiten monitorizar sequías, el proceso de desertización o la regeneración de zonas afectadas por catástrofes medioambientales", explica Fernández-Renau. Otras aplicaciones incluyen el estudio de las costas, la minería, la agricultura, y los servicios empresariales basados en mapas.

"Lo más importante es documentar la evolución de la superficie de la Tierra, de tal manera que cuando pasa algo, podamos acudir a un banco de imágenes y mirar qué ha cambiado", concluye Lobo.