30 nov 2020

Ir a contenido
En muchos de los grabados destaca la imponente figura de unos bisones.

Antes de que los bisontes se pintaran en Altamira

Valentina Raffio | 28 octubre 2020

Un equipo de arqueólogos da con unos grabados rupestres en una cueva del País Vasco, cuyo estilo demostraría la existencia de una corriente artística común en la Europa de hace 27.000 años

El arte puede brotar donde menos se lo espera. Pude afirmarse ante los grabados rupestres que se han encontrado en los yacimientos de Aitzbitarte, en el País Vasco, escondidos en varias cuevas situadas en las entrañas de una colina de piedra calcárea. "Hay que meterse por una pequeña gatera, dejarse caer entre las rocas hasta salir en la galería inferior y seguir por una rampa estrecha, húmeda y llena de barro. Ahí están los grabados trazados hace unos 27.000 años", relata Diego Garate, uno de los arqueólogos responsables de este sorprendente hallazgo, anterior incluso a las famosas pinturas de Altamira.

El emplazamiento arqueológico en el que se han encontrado los grabados está situado a  escasos minutos de San Sebastián, cerca de un merendero y una zona de barbacoa. Así que ahora la búsqueda de vestigios prehistóricos tiene que lidiar, además de con el paso del tiempo, con la gamberra huella de los ‘sapiens’ de esta era. "La mayoría de los grabados rupestres están repletos de grafitis. Hay un bisonte que tiene pintado encima la palabra 'Salida'. Otro está tapado con el nombre de tres personas. Hasta hay pintadas de grupos de música...", explica el investigador del Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria. "Es tan grave como si alguien se hubiera dedicado a pintar la Alhambra con spray", reflexiona.

Aun así, un puñado de bisontes tallados entre las rocas ha logrado sobrevivir hasta nuestros días y hoy se encuentran debidamente protegidos mediante cierres. Su estudio, que se presenta este mismo miércoles en la revista científica ‘PLOS ONE’, empezó en el 2015 con los primeros hallazgos gracias a la colaboración con los espeleólogos y ha continuado hasta ahora a través de una exhaustiva investigación liderada por Garate, Olivia Rivero, Joseba Rios-Garaizar, Martín Arriolabengoa, Iñaki Intxaurbe y Sergio Salazar. El trabajo no solo reivindica el legado de estas obras sino que, además, muestra la existencia de una "cultura artística común" que se extendía desde el centro del continente hasta el norte de la península Ibérica.

ARTE Y GLOBALIZACIÓN

Los bisontes de Aitzbitarte fueron grabados en piedra entre 24.000 y 34.000 años atrás por las poblaciones que, por aquel entonces, habitaban la zona. Los grabados permanecieron escondidos durante siglos en tres de las cuatro cuevas que hay en la colina vasca y no fue hasta el siglo XIX que las primeras investigaciones sobre el terreno empezaron a sacarlos a la luz. Pero a falta de investigación en la zona, estas muestras de arte rupestre se quedaron en la penumbra hasta hace unos años, cuando empezó el trabajo para rescatar su legado.

En estos grabados, los animales aparecen de perfil. Silueteados. Con los cuernos y las patas de lado. Dibujados sin perspectiva, ni detalles anatómicos ni con las proporciones correctas. "Esta manera de representar a los animales no es casual. Había unas normas muy concretas para dibujarlos animales. Era un arte muy premeditado", comenta Garate. "Los grabados que hemos encontrado estaban muy escondidos. Alejados de la zona donde vivían. Esto nos indica que el arte era una actividad muy restringida", señala el investigador.

Todo apunta a que había una cierta identidad común que unía a poblaciones prehistóricas europeas

Este tipo de arte rupestre también ha sido hallado en el sur de Francia y en algunas partes del Mediterráneo. Esto indica que "había una cierta identidad común que unía a poblaciones situadas a cientos de kilómetros de distancia", señala el científico. Si el viejo continente ya entonces compartía unos valores comunes, significa que las sociedades de la época eran mucho más complejas de lo que creíamos hasta ahora. La 'moda' de representar bisontes, caballos y aves siguiendo unos mismos patrones, por ejemplo, mostraría que hace 27.000 años ya  había una importante circulación de ideas, herramientas y costumbres. Como una globalización, pero durante la prehistoria.

EN BUSCA DE UN SIGNIFICADO

¿Pero por qué alguien decidiría meterse en lo más hondo de una cueva para tallar bisontes? ¿Y por qué justamente este tipo de animales? ¿Era esta su manera de dibujar el menú del día? No, las paredes no eran como una ‘lista de la compra’ de las especies más apetitosas de la época. "El objetivo del arte rupestre no era representar a los animales que cazaban o consumían en su día a día. Si fuera así habría cabras, que eran más fáciles de atrapar que los bisontes", bromea Garate. "Está claro que estos grabados tenían un significado. Y, aunque ahora no podamos estar del todo seguros de qué es lo que estaban contando, entendemos que detrás de estos hay un pensamiento complejo", explica el arqueólogo.

El arte rupestre muestra que las sociedades de la época exhibían un pensamiento complejo

Mirar hacia estos grabados prehistóricos, en el fondo, implica mirar hacia el primer arte creado por la humanidad. "Tenemos tendencia a subestimar el pasado. A pensar que no podemos aprender nada de él. Pero el arte rupestre nos permite indagar en los orígenes de la capacidad de expresión gráfica de nuestra especie; algo que llevamos desarrollando hace miles de años", explica el experto. Asimismo, el hallazgo de estos grabados rupestres demuestra que todavía hay mucho patrimonio arqueológico por descubrir en España.

¿Ya eres usuario registrado? Inicia sesión

Estás leyendo un contenido elaborado por la redacción de El Periódico en su empeño por proporcionar información de calidad y estar cerca de sus lectores en esta crisis sin precedentes en nuestro país.

A partir de este momento para seguir leyendo las noticias de +Periódico debes navegar registrado, no tiene ningún coste, pero te permite acceder a la información de calidad y a otros servicios que te iremos explicando.