24 oct 2020

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EXPERIMENTO CIENTÍFICO

Así frenan el virus diferentes tipos de mascarillas

Un nuevo experimento muestra cómo varios tapabocas frenan las partículas respiratorias que emitimos al toser

Las pantallas faciales y las máscaras con válvula de exhalación resultan poco eficaces en contener la saliva

Valentina Raffio

Así filtran las diferentes mascarillas: la N95, la más efectiva. / ZML

Si una imagen vale más que mil palabras, una visualización gráfica de cómo funcionan las mascarillas podría mostrar (una vez más) por qué su uso es fundamental para frenar los contagios de covid-19. Un nuevo estudio publicado por el American Institute Of Physics pone a prueba la capacidad de filtrado de diferentes tipos de mascarillas. Desde las más comunes (las quirúrgicas desechables) hasta las más sofisticadas (las N95), pasando por las cada vez más  populares pantallas protectoras y los tapabocas con válvulas de exhalación. ¿La conclusión? Que la clave está en apostar por las mascarillas que más y mejor filtran. Y en utilizarlas bien, claro.

La prueba de ello viene, esta vez, de un curioso experimento con un maniquí que tose agua destilada y glicerina, una lámina de luz láser y una detallada observación de la niebla sintética que se filtra a través de diferentes tipos de tapabocas. Esto, en la práctica, serviría para evaluar la capacidad de los diferentes protectores para filtrar las gotículas respiratorias que expulsamos al hablar, al toser o al estornudar. Porque sabemos que estas son la principal vía de transmisión del virus. Y porque en estos momentos, a falta de una vacuna o un tratamiento efectivo contra el covid-19, las medidas higiénicas son la única arma de la que disponemos para frenar los contagios. 

¿Qué mascarilla frena mejor el virus?

El experimento muestra que un golpe de tos sin mascarilla dispara la saliva a varios metros de distancia y crea una gran nube de aerosoles alrededor de la persona. Los trapos utilizados a modo de tapabocas y las mascarillas de tela caseras bloquean la fuga de saliva, pero no de manera demasiado efectiva. Las mascarillas de tipo N95, tal y como su nombre indica, logran frenar hasta el 95% de las partículas respiratorias. Y hasta aquí, ninguna novedad. La sorpresa llegó cuando se pusieron a prueba los protectores faciales y las mascarillas con válvulas de exhalación. En ambos casos, la grabación mostró que su capacidad para frenar la saliva es más bien poca.

Las pantallas protectoras, aunque sirvan para bloquear el movimiento inicial del chorro de tos, no impiden que las partículas expulsadas se esparzan por el ambiente. Asimismo, las válvulas respiratorias de algunas mascarillas también permiten la expulsión de gotas respiratorias sin filtrar. Si un paciente con covid-19 utilizara este tipo de prendas sanitarias, pues, podría estar propagando el virus sin darse cuenta. Algo que, hoy por hoy, preocupa especialmente por el rol de los asintomáticos en la difusión del virus. 

Las más sencillas son las más eficaces

"¿Qué pasa si estos escudos no son tan efectivos? ", plantea el investigador Siddhartha Verma, del Departamento de Ingeniería Mecánica y Oceánica del Florida Atlantic University y primer autor del recién publicado estudio. El uso de este tipo de protectores en espacios cerrados “estaría poniendo en un espacio reducido una gran cantidad de gotas que se acumulan con el tiempo, lo que podría conducir a infecciones”, señala el científico. Esta discusión cobra especial importancia a las puertas de un septiembre en el que se pretende reanudar la actividad laboral y escolar en un contexto de rebrotes.

El estudio concluye que, cara a frenar los contagios, es preferible usar máscaras quirúrgicas desechables o de tela de alta calidad antes que los protectores faciales y los tapabocas equipados con válvulas de exhalación. Porque, paradójicamente, las más sencillas son las que mejor frenan la propagación de gotículas. 

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La tos sintética del maniquí también muestra que todas las mascarillas, incluso las más sofisticadas, tienen algún grado de fuga (porque si fueran del todo impermeables, también sería imposible respirar con ellas). Este dato implica que, además de utilizarlas correctamente, es imprescindible mantener dos metros de distancia interpersonal para mitigar la transmisión. Y seguir las otras medidas higiénicas, como una correcta higiene de manos.