ENTREVISTA

"Todos queremos una vacuna cuanto antes, pero no a cualquier precio"

El investigador Lluís Montoliu, miembro del Comité de ética del CSIC, reclama que las investigaciones de fármacos contra el covid-19 sigan todos los pasos de los ensayos clínicos para asegurar su eficacia y seguridad

Lluis Montoliu, investigador

Lluis Montoliu, investigador / Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona

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Valentina Raffio
Valentina Raffio

Periodista.

Especialista en ciencia, salud y medio ambiente.

Escribe desde Barcelona.

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¿Pastilla roja o pastilla azul? ¿Arriesgarse desde ya con un tratamiento experimental que todavía no ha demostrado su seguridad y eficacia? ¿O esperar meses, o incluso años, a que las pruebas respalden su validez? Este debate, en la gran mayoría de los casos, suele inclinarse hacia el lado de la evidencia científica. Pero ahora mismo, debido a la presión por la crisis sanitaria global desencadenada por el covid-19, la respuesta no está tan clara. Por un lado, hay quien argumenta que la urgencia de encontrar soluciones justifica que la ciencia se salte algunos protocolos. Pero por otro lad  hay quien recuerda que son justamente esos procesos los que avalan el resultado final. "Ahora más que nunca tenemos que hacer un esfuerzo para mantener la racionalidad. Encontrar una solución es esencial, pero no podemos permitirnos un paso en falso en la lucha contra el coronavirus", defiende Lluís Montoliu, investigador del Centro Nacional de Biotecnología y miembro del Comité de Ética del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

¿Hasta qué punto es lícito pedirle a la ciencia que, frente a una situación tan excepcional como la que estamos viviendo, tire sus protocolos por la ventana y acelere la obtención de resultados?

Pasar directamente de la teoría a la práctica es un riesgo. Aunque un estudio haya dado buenos resultados en un experimento de laboratorio, no podemos asegurar que también lo haga en personas. Todos deseamos una vacuna disponible cuanto antes, pero no a cualquier precio. Antes de empezar los ensayos clínicos en pacientes, necesitamos demostrar que la cura que estamos implementando no causa más daño del que pretendemos solventar y que, además, es realmente útil. Y esto solo se consigue pasando por las pruebas en células in vitro y por los experimentos con modelos animales. Todas estas fases tardan meses, incluso años, en dar resultados. Y a veces fallan justo cuando parece que están llegando a la meta. Pero es justamente este proceso el que garantiza que el resultado final es el mejor posible.

En el caso de las vacunas, ¿cuál es el riesgo de saltarse algunas partes de este proceso?

Que no puedes asegurar el resultado. Hace unos años, uno de los modelos de vacuna que se estaban desarrollando para el SARS dio el resultado contrario al que se esperaba. Las vacunas se diseñan para proteger a los individuos de una infección. Pero en un experimento en ratones se observó que la aplicación de ese preparado resultaba en una infección aún más grave. Y no es la primera vez que pasa algo así. En los años 60 también hubo experimentos con inmunizaciones para virus respiratorios que no solo no lograban aumentar la protección, sino que predisponían a un mayor riesgo. Recordemos, además, que las vacunas se aplican en personas sanas, así que es muy importante asegurar el resultado...

"Antes de empezar los ensayos clínicos en pacientes, necesitamos demostrar que la cura no causa más daño del que pretendemos solventar"

Lluís Montoliu

Miembro del Comité de Ética del CSIC

Entonces, ¿no hay manera de acelerar estos estudios?

Sí que la hay. La solución pasa por acelerar algunos procesos, no por eliminarlos. Podemos, por ejemplo, plantear experimentos animales con muestras más pequeñas. Y establecer unos periodos de seguimiento más cortos para ver si se desarrollan síntomas de forma inesperada. Se hace así porque, en caso de que todo vaya mal, asumimos el riesgo de perder la vida de un ratón. Pero no de una persona.

Aun así, hay ensayos de vacunas para la covid-19 que se plantean directamente en pacientes…

Y si algo sale mal, será un desastre. Imagine que se empiezan a aplicar vacunas ineficaces y que los pacientes empiezan a salir a la calle creyendo que no se pueden infectar y al final caen enfermos. O peor. Imagine que la vacuna resulta con efectos adversos importantes. Este es el tipo de contraindicaciones que se intentan evitar con estudios preclínicos y clínicos pormenorizados. Si estos ensayos fallan, la gente empezará a buscar culpables y a preguntar por qué nadie hizo nada para prevenir ese daño. Esto podría dañar mucho la confianza en la ciencia. Y difícilmente habrá vuelta atrás...

"Los fármacos que se están probando son medicamentos que habían sido creados para otros propósitos y que ya han pasado las pruebas de seguridad"

¿Ocurre lo mismo en el caso de los tratamientos experimentales para este coronavirus?

No. Los fármacos que se están probando para tratar a los pacientes infectados de covid-19 son medicamentos que habían sido diseñados para otros propósitos y que ya han pasado las pruebas de seguridad. Ahora se está estudiando hasta qué punto pueden ser eficaces para combatir esta infección. Pero, por lo menos, ya sabemos que son seguros y que, en las dosis indicadas, no causan daños en los pacientes. Por eso es probable que lleguemos antes a un antiviral que a una vacuna.

En el caso de los medicamentos, también hay que tener en cuenta que se trabaja con la urgencia de tener que tratar a los pacientes actualmente enfermos…

Claro. Pero necesitamos que estos medicamentos estén respaldados por pruebas. En los casos más extremos, la legislación también prevé que se pueda hacer un uso compasivo de tratamientos experimentales. Pero solo se debería recurrir a ellos de forma puntual, cuando el paciente no responde a ninguno de los tratamientos validados. Y, mientras, seguir investigando la eficacia de estos fármacos en los laboratorios.

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¿Cuál es, pues, la lección que cree que debería prevalecer en estos momentos?

El mensaje está claro. En los momentos de presión es cuando tenemos que ser más exigentes con nosotros mismos. Siempre hemos reclamado una evidencia científica robusta para validar un tratamiento. Y ahora todavía más.