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SALUD PÚBLICA

La lucha contra el exceso de azúcar apunta a los refrescos

Algunos estudios sugieren nuevos impuestos para regular el consumo de este tipo de bebidas

Una sola lata de estos productos supera en muchos casos los límites de ingesta diarios recomendados

Valentina Raffio / Lourdes Barragán

Una joven observa la etiqueta de un refresco en un supermercado

Una joven observa la etiqueta de un refresco en un supermercado / JORDI COTRINA

Tras su caparazón de metal, una lata de refresco oculta mucho más azúcar de lo que podríamos creer. En algunos casos, como en las gaseosas más vendidas, una sola unidad de esta bebida es suficiente para duplicar los límites de ingesta diarios de azúcar recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS). En otros, como en las llamadas bebidas energéticas, la cifra se cuadriplica. ¿Tiene sentido, pues, aplicar el mismo impuesto para todas las bebidas azucaradas sin tener en cuenta la cantidad que contienen? Un nuevo artículo publicado en la revista 'Science' argumenta que no. Por el contrario, propone un impuesto correctivo con el que se aumente el precio en función de la cantidad de azúcar de cada bebida y no según el volumen del producto. "Los impuestos correctivos deberían ser proporcionales al daño", zanjan los autores de esta propuesta.

El razonamiento es simple. Cuanto más azúcar, más consecuencias para la salud. Y, por lo tanto, más necesidad de tomar medidas para acotar estos riesgos. Una reciente investigación publicada en la revista científica 'JAMA' encuentra una correlación directa entre el consumo recurrente de refrescos (dos o más al día) y un aumento de la mortalidad prematura (ya que, por ejemplo, el hábito de consumir este tipo de productos también suele estar relacionado con un estilo de vida poco saludable). Este nuevo dato, lejos de zanjar el debate, abre la puerta a seguir investigando sobre los riesgos del exceso de dulcificantes y, sobre todo, a diseñar nuevas medidas para reducir su ingesta y educar a la población para un consumo responsable.

"El consumo de bebidas azucaradas no debería ser la norma, sino la excepción", zanja Dora Romaguera, miembro del equipo responsable de este último estudio epidemiológico centrado en la población europea. La investigadora argumenta que, en lo que a consumo de refrescos se refiere, es indispensable que prime la moderación. Es decir, limitar la ingesta de estas bebidas a menos de una vez a la semana y, a su vez, alertar a aquellas personas que han sustituido del todo el agua por los refrescos. "Desde la Administración debería regularse la oferta de este tipo de bebidas en centros escolares y sanitarios con el objetivo de concienciar y educar a la población. No se puede ofrecer un producto insano en un centro educativo o a personas enfermas, es contraproducente", comenta la investigadora afiliada al CIBEROBN (CIBER Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición) y al IdISBa (Instituto de Investigación Sanitaria Illes Balears).

Medidas alternativas

El consumo excesivo de azúcares añadidos, por encima del 10% de la ingesta calórica de un individuo, se ha asociado con un mayor riesgo obesidad y otras enfermedades crónicas como la diabetes (de tipo 2) y algunas alteraciones metabólicas y cardiovasculares. Esta cifra hace referencia a la cantidad total de azúcar libre que consumimos. Entonces, ¿por qué la mayoría de compañas están enfocadas solo contra los refrescos? "Los refrescos son productos excesivamente azucarados (una sola unidad de estos puede contener el equivalente a seis terrones de azúcar, unos 37 gramos) que consumimos en un periodo corto de tiempo, por lo que la sobrecarga de azúcar que aportan es inmediata. Además, este tipo de bebidas solo aportan calorías vacías", explica Carmen Cabezas, subdirectora general de Promoció de la Salut del departament de Salut y especialista en medicina preventiva y salud pública.

Hasta el momento, los impuestos a las bebidas azucaradas se han planteado como una herramienta para incentivar a los consumidores a cambiar sus pautas de consumo y, desincentivados por el aumento de precio, para que empiecen a sustituir estos productos por otros más saludables. Aun así, los expertos reconocen que los impuestos al azúcar son un parche temporal y complementario a las políticas de concienciación y educación. "Los impuestos son la medida de coste y efectividad más eficiente de la que disponemos. Pero el objetivo es fomentar entornos que promuevan la salud en los que las personas puedan disponer siempre de la opción más saludable", añade Cabezas, quien también explica que las directrices sobre la lucha contra los excesos del azúcar vienen marcadas por autoridades como la OMS.

En España, por ejemplo, el objetivo a largo plazo va mucho más allá de los impuestos contra los refrescos. El 'Plan Nacional para la Mejora en la Composición de Alimentos y Bebidas' es reducir tanto la cantidad de edulcorantes añadidos como el aporte calórico de sus productos. Pero, por ahora, un paseo por el pasillo de refrescos de un supermercado es suficiente para constatar que las bebidas azucaradas en comercio por sí solas ya sobrepasan los límites aconsejados por las autoridades sanitarias. A su vez, los expertos recalcan que el 'sustituto' más saludable siempre es el agua. Sin añadidos.

La letra pequeña de los refrescos

El exceso de azúcar en los refrescos tal vez no suponga ninguna novedad para los expertos, pero puede que sí lo sea para el consumidor medio que acude al supermercado. Es allí donde muchos se topan con las incógnitas que surgen a raíz de la falta de educación en la lectura (e interpretación) de las etiquetas nutricionales. Y el pasillo de los refrescos lo sabe. La cantidad de azúcar que contienen los refrescos aparece medida, generalmente, por cada 100 gramos. En una lata de Coca-Cola, la cantidad de azúcar por cada 100 mililitros es de 10,6 gramos. Esto, a priori, puede llevarnos a pensar que la cantidad de azúcar que creemos consumir en una lata es hasta tres veces inferior a la real, ya que la medida estándar suele ser de 330 mililitros y, por lo tanto, la cantidad total de azúcar que incluye es de 35 gramos.

Una rápida ojeada por las estanterías muestra que los refrescos de marca blanca suelen superar a las marcas originales en cantidad de azúcar. Por ejemplo, Fresh Gas, sustituto de Hacendado para Fanta, contiene unos 25 gramos de azúcar en una lata, mientras en el original se reduce casi a la mitad con unos 15 gramos por unidad. Entre las bebidas energéticas sobresale Burn, que contiene 75 gramos de azúcar en una lata de medio litro. Y no solo afecta esta situación a los refrescos. La horchata, que puede llegar a contener más de 100 gramos en una botella de un litro; o los zumos Sunny, con 156 gramos de azúcar en botella de litro y medio, son otros ejemplos. Las bebidas ecológicas o bio, asociadas con una alternativa más saludable en cuanto a contenidos azucarados, también pueden superar a algunos refrescos convencionales. En un litro de refresco bio de la marca Hollinger hay casi el doble de azúcar que en la misma cantidad de Fanta. Eso sí,  la Fanta es de los refrescos convencionales menos azucarados. La moraleja es que, más allá de la tendencia a un consumo responsable en lo que a azúcares se refiere, casi todo lo que ingerimos lleva suficiente glucosa o fructosa para superar las recomendaciones de la OMS.