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Los estudiantes de la UPC (desde la izq.) Biel Perelló, Cristina Casals y Santiago Enciso, con una de las placas solares que estan instalando en Sunyani (Ghana) en el marco de un proyecto de cooperacion.

Cristina Casals

AYUDA TECNOLÓGICA

Ingenieros de la cooperación

Unos 40 estudiantes de la UPC dedican el verano a proyectos solidarios

La universidad lleva 27 años enviando voluntarios por el mundo en desarrollo

Michele Catanzaro

Para un estudiante de ingeniería de 23 años, fabricar un humedal artificial para tratar aguas sucias es todo un reto. Y lo es aún más si tiene que hacerlo en la otra punta del mundo, en un país en desarrollo.

Esto es exactamente el plan para este verano en Perú de Francesc Ubach. Este estudiante de ingeniería de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) es uno de la cuarentena que están pasando las vacaciones en algún punto del mundo, llevando a cabo proyectos de cooperación.

A lo largo de todo año, la universidad movilizará a un centenar, con el apoyo de su Centro de Cooperación para el Desarrollo (CCD). Esta unidad gestiona desde hace 27 años una convocatoria para financiar estudiantes y profesores que se integren en proyectos solidarios.

Casi todas las universidades tienen centros de este tipo, pero la particularidad de la UPC es que sus proyectos son algo más que una acción solidaria: son una verdadera experiencia de aprendizaje tecnológico.

Campaña de limpieza

"Aprendes cosas a la vez que aportas", afirma Anna Alabau, estudiante de 25 años que ha viajado junto con Ubach a Perú. Su proyecto fue propuesto por una profesora de la UPC que coopera con una investigadora peruana.

Ahora piensan quedarse en Cuzco hasta el otoño. Su proyecto se centra en el Río Huatanay, en Saylla. El río sufre por el mal funcionamiento de una planta de tratamiento de aguas y por el vertido de residuos. Mientras Ubach piensa abordar el primer problema con el humedal, Alabau pretende organizar una campaña de limpieza con la población local.

Los estudiantes de la UPC Francesc Ubach (izq.)  y Anna Alabau Montfort (der.), acompanados por una estudiante peruana en practicas de biologia (centro), en la planta de tratamiento de aguas resifuales de Saylla (Peru) en el marco de un proyecto de cooperación.   / FRANCESC UBACH

"El CCD se financia con el 0,7% de los convenios de colaboración con empresas y de prácticas y con las aportaciones voluntarias del personal", explica Eva Vendrell, técnica del centro. La casi totalidad de estos fondos (270.000 euros de un total de 300.000 el año pasado) se asignan en una convocatoria anual.

"No financiamos proyectos, sino viajes y materiales. El principal valor que aportamos es la gente formada", explica Vendrell. Con esta filosofía, se han enviado miles de personas por el mundo, en los últimos 27 años.

2000 placas solares

Tres de ellas se encuentran en Ghana hasta el 5 de agosto, llevando a poblaciones sin electricidad 2.000 placas solares, cada una de las cuales alimenta tres bombillas, dos puertos USB y una radio.

Los aparatos fueron entregados por el gobierno chino a la Universidad de Sunyani. "Sin embargo, hay pocos estudiantes y las poblaciones son de difícil acceso: no dan abasto para asesorar a todas las familias", explica Cristina Casals, de 23 años, del Institut de Sostenibilitat de la UPC. Casals se implicó en el proyecto a propuesta del director del instituto.

Si un aparato se rompe, los usuarios no saben cómo repararlo, porque muchos no saben leer. "Hemos ideado un plan de mantenimiento tipo cómic que cabe en una hoja A4 plastificada", afirma el estudiante Santiago Enciso. "Te sientes útil y puedes aplicar tus conocimientos para crear tu proyecto", así resume Biel Perelló, otro miembro del grupo, sus motivaciones.

"La verdad es que es un programa educativo potente: trabajan en un proyecto real y en un contexto con mucho valor añadido", comenta Vendrell. Los estudiantes tienen que espabilarse, pero siempre hay un profesor que supervisa, y reciben una formación exprés en cooperación en el CCD.

Informatizar un hospital

La experiencia se hace adictiva para algunos, como Sònia Villar, estudiante de 22 años, que este año repite en Sierra Leone. Con ella se han apuntado hasta el 8 de agosto Omar Brid, Laia Tarrés y Teresa Domènech, todos de 22 años.

Su proyecto consiste en informatizar el hospital de la localidad de Mabesseneh, donde hasta hace poco se seguían rellenando fichas de papel. "Se aprende mucho montando un servidor o configurando un ordenador desde cero y además ves una cultura muy distinta", afirma Villar.

Los estudiantes de la UPC (desde la izq.) Teresa Domènech, Omar Brid, Sònia Villar y Laia Tarrés en Mabesseneh (Sierra Leone), en el marco de un proyecto de cooperación./ HOSPITAL DE MABESSENEH

"El número de proyectos de voluntariado puestos en marcha por las universidades españolas creció un 30% el último año", afirma Conchita Navarro, gerente de proyectos sociales de Mutua Madrileña, que lleva a cabo estudios sobre el voluntariado universitario en el 57% de los ateneos españoles.

Sin embargo, el 80% de las actividades de voluntariado se realizaron en España y se centraron sobre todo en la niños y personas en riesgo de exclusión o con discapacidad. Así que el enfoque tecnológico y de cooperación de la UPC tiene aún mucho campo para correr.

Temas: Universidad