CRIMEN PREHISTÓRICO

Asesinato en la Transilvania del Paleolítico

El análisis de un fósil saca a la luz un violento suceso acaecido en una cueva hace 33.000 años

Los expertos afirman que la víctima falleció por las heridas causadas por un enfrentamiento cara a cara

Vista lateral del cráneo de Cioclovina en el que se puede observar una profunda fractura

Vista lateral del cráneo de Cioclovina en el que se puede observar una profunda fractura / Kranoti et al 2019

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Valentina Raffio

Una remota cueva situada en la región de Cioclovina, en el sur de Transilvania (Rumanía), fue escenario de un asesinato hace 33.000 de años. La víctima, un hombre que murió tras un violento enfrentamiento cara a cara. La única prueba de ello, su fosilizado cráneo, en el que aún se conservan las huellas del crimen: una fractura lineal en la base y otra mucho más profunda y hundida en el lado derecho de la calavera. Un equipo internacional de investigadores desvela ahora este suceso prehistórico en un nuevo artículo publicado en la revista científica 'PLOS ONE'. Tras reabrir el expediente de este olvidado caso, los expertos concluyen que la víctima falleció como consecuencia de las heridas letales causadas durante el enfrentamiento.

Tras 33.000 años oculto, el último resto hallado ejerce de testimonio mudo ante los científicos del siglo XXI. Los investigadores explican que se trata de uno de los fósiles más antiguos y mejor preservados jamás hallados de los humanos modernos que poblaron el continente europeo durante el Paleolítico Superior. Y ahora, tras determinar la causa del fallecimiento, es posible recuperar la desconocida historia de uno de los crímenes más antiguos de los que tenemos constancia. Para los investigadores, el descubrimiento también supone la prueba irrefutable de que la violencia interpersonal nos acompaña desde el principio de nuestra historia. Desde el primer asesinato del que tenemos constancia, perpetrado en la Sima de los Huesos de Atapuerca (Burgos) hace 430.000 años, hasta nuestros días.

Expediente reabierto

El escenario del crimen fue descubierto en el 1941 durante una excavación arqueológica de una cueva en Cioclovina. En este, además del cráneo fosilizado, también se encontraron restos de tres posibles utensilios de piedra y algún que otro cráneo de oso fosilizado. Sobre el terreno, ninguna otra pista. En un primer momento, los estudiosos consideraron que estaban ante los restos de una mujer, pero posteriores análisis morfológicos y genéticos del hueso desvelaron que pertenecieron a un hombre.

En el parte forense se destacaron dos pequeñas fracturas en el hueso frontal y una más grande en el lateral. Tras este primer examen realizado en el 1942, el 'cráneo de Cioclovina' se archivó en el Laboratorio de Paleontología de la Universidad de Bucarest, y con él, también su historia. Mientras, el debate sobre este crimen paleolítico continuó alimentando el debate entre los expertos y las investigaciones sobre estos fósiles.

Para intentar resolver las circunstancias de esta misteriosa muerte prehistórica, los investigadores emplearon nuevas perspectivas de análisis. Empezando por un nuevo examen de las lesiones superficiales y una tomografía computarizada con la que, mediante rayos X, poder obtener una imagen transversal del cráneo con la que delimitar el alcance de las lesiones. A continuación, se crearon moldes del cráneo de poliuretano rellenos de una solución gelatinosa con los que simular posibles escenarios. Se estudió, por ejemplo, qué lesiones quedarían tras una caída desde una gran altura, un golpe con una roca o un objeto similar a un bate, diferentes golpes con la cabeza libre de movimientos y contra una superficie sólida.

Desde el principio de la humanidad

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Las pruebas realizadas confirmaron las sospechas de los expertos. Las lesiones halladas en el cráneo presentan varias características de los traumatismos perimortem, aquellos producidos antes de la muerte. Entre estos, destacan la deformación plástica del hueso, escamas óseas, la morfología de borde afilado, ángulos de fractura y la falta de cicatrización.

Estas heridas solo serían compatibles con un enfrentamiento cara a cara en el que el atacante golpeara repetidamente a la víctima con un objeto redondeado similar a un bate. Para los investigadores, una muestra más de que "el conflicto violento, desde las disputas personales a los conflictos de grupo o las guerras, son comunes desde el principio de la historia de la humanidad".

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