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Riesgo para la salud

No te fíes de las etiquetas saludables: el alcohol es un potente cancerígeno

Los expertos recuerdan que el 11% de los tumores en España son atribuibles al consumo de bebidas con graduación

No hay evidencia científica de que los licores artesanales sean menos dañinos que sus homólogos industriales

Olga Pereda / Valentina Raffio

Un camarero sirve una bebida alcohólica

Un camarero sirve una bebida alcohólica / DAVID CASTRO

Ginebra producida artesanalmente con trigo autóctono, menta y manzanas. Cerveza sin sulfitos. Vermut elaborado con ingredientes ecológicos y hierbas aromáticas. Whisky hecho con agua pura del deshielo y cereales malteados… La publicidad del alcohol ha encontrado un filón en los 'ingredientes naturales' para presentar bebidas alcohólicas al límite entre lo inocuo y lo saludable. El alcohol, sin embargo, por más artesanal, ecológico y sofisticado que pueda venderse, no tiene beneficios para la salud. Es más, la evidencia científica demuestra que es un cancerígeno muy potente.

"La gente piensa que no pasa nada si se toma en pequeñas cantidades. Pero no es cierto en absoluto", explica el doctor Antoni Gual, responsable de la unidad de Conductas Adictivas del Hospital Clínic de Barcelona. Las investigaciones han demostrado que los llamados 'bebedores moderados' tienen más riesgo de sufrir cáncer en la boca y en la garganta (1,8 más frente a los que no beben), cáncer de esófago (1,3 más riesgo en el caso de consumo ligero y hasta 5 veces más con un consumo excesivo) y tumores colorrectales y de mama. Sin ir más lejos, el libro 'Nutrición y Cáncer. Lo que la ciencia nos enseña', del investigador experto en nutrición y cáncer Carlos A. González Svatetz, afirma que el 11% de los tumores en España son atribuibles directamente al alcohol.

El riesgo relacionado con esta sustancia, sin embargo, parece pasar desapercibido para la población. "La mayoría de la gente es consciente de que el tabaco provoca cáncer, pero casi nadie piensa que el alcohol también lo hace", denuncia el dietista y nutricionista Julio Basulto en su último libro, 'Dieta y cáncer', escrito junto al profesor universitario y experto en alimentación humana Juanjo Cáceres. "Mucha gente está convencida de que el vino es bueno para el corazón. Pero no lo es. Y aunque lo fuera: sugerir que las bebidas alcohólicas benefician al corazón, algo muy discutible, y omitir que aumenta el riesgo de cáncer ¿acaso no es engañar? Creo que sí, que es engañar vilmente", zanja Basulto.

La buena fama del alcohol

¿Por qué el alcohol -una bebida que en España empieza a ser consumida en torno a los 13 años- provoca tumores? Porque el acetaldehído, que se produce en nuestro cuerpo cuando metaboliza el alcohol, daña el ADN causando mutaciones que pueden conducir al cáncer. La Organización Mundial de la Salud (OMS) predica desde 1996 que cuanto menos alcohol, mejor; frase a la que Basulto y Cáceres añaden: "Cuanto más, peor". El organismo internacional de investigación sobre el cáncer (WCRF, por sus siglas en inglés) también deja claro que para la prevención de los tumores lo mejor es no beber alcohol. "No hay ninguna entidad de prestigio que recomiende el consumo de alcohol como bueno para la salud", recuerda el abogado experto en derecho alimentario Francisco Ojuelos.

Aun así, no es extraño que estos argumentos sean 'rebatidos' por algunos estudios en los que, por ejemplo, se habla de los presuntos beneficios del alcohol. En este caso, los expertos alertan de que muchas de estas investigaciones suelen estar patrocinadas por empresas del sector, con lo cual sus resultados distan mucho de ser objetivos y científicos. "Ni una copita de vino al día es sana ni una caña te ayuda a rehidratarte después de hacer ejercicio. Son consejos que carecen de toda evidencia científica y promueven el consumo de un compuesto perjudicial para la salud", advierte Mario Sánchez, tecnólogo de alimentos y divulgador científico en el blog 'SefiFood'. "Una vez dejemos claro el peligro del alcohol, que cada persona elija qué tipo de consumo llevar a cabo sabiendo qué elección es la más saludable", añade.                  

El nutricionista Basulto se muestra indignado con el marketing que persigue asociar alcohol con felicidad, belleza, atractivo sexual o éxito deportivo. "Tras el alcohol se esconden grandes tragedias, no grandes triunfos". Y hace hincapié en que hace años el tabaco se anunciaba con alegría (incluso atribuyéndole beneficios para la salud), algo que ahora mismo sería impensable. "Llegará el día en que suceda lo mismo con las bebidas alcohólicas, cuya publicidad depredadora nos rodea", pronostica Basulto. "Estamos delante de una sustancia adictiva. Nunca sabes si ese consumo moderado mañana será abusivo", explica tras insistir en que no existe el consumo responsable de alcohol. Una afirmación que, de hecho, ha quedado respaldada por un reciente estudio publicado en la revista 'The Lancet' en el que se concluye que el nivel seguro de consumo de alcohol es "ninguno".

Las etiquetas engañosas

Las dudas acerca de las bebidas alcohólicas parecen quedar disipadas ante la falta de información. El abogado Ojuelos recuerda que el alcohol es el único producto que se puede ingerir y que no está obligado a mostrar su composición en la etiqueta, como sucede con cualquier tipo de alimento, ya sean galletas o aceite. El experto en derecho alimentario insiste en que la industria del alcohol tiene un poder descomunal en todo el mundo. "Es un lobi brutal", asegura tras recordar que en España se han frustrado cuatro leyes a lo largo de 14 años para regular este producto. En este sentido, el doctor Gual también hace hincapié en el poder que tiene la industria del alcohol y pone como ejemplo el frustrado intento de la Unión Europea para que las botellas mostraran la composición de la bebida, como hace la industria alimentaria.

Además de incluir sus ingredientes en el etiquetado, los expertos sugieren que un paso importante en la lucha contra el alcohol sería la incorporación de advertencias sanitarias, como ya se hace con productos como el tabaco. Ojuelos destaca que la frase "bebe con moderación" –vista en anuncios que proliferan tanto por los medios de comunicación tradicionales como en las redes sociales- no es precisamente una advertencia sanitaria, sino que más bien parece una invitación. En su opinión, otras frases como "Fumar mata" sí que lo son. De ahí que el experto sugiera seguir el ejemplo del tabaco para advertir de los peligros del alcohol: 'Beber alcohol puede incrementar el riesgo de varios tipos de cáncer',  'beber alcohol puede causar adicción y dependencia'  y 'beber alcohol y conducir puede acarrear una pena de prisión de tres a seis meses'. 

El mito del alcohol artesanal

Viñedos singulares, maceración e infusión de hierbas, genuinos sabores que conectan con la naturaleza, toques de frutos secos recogidos en otoño, cereales malteados, ausencia de sulfitos, aditivos y colorantes… Bebidas alcohólicas como vino, whisky, ginebra, cerveza y vermut se han apuntado a la tendencia publicitaria de incluir estos productos como parte de un estilo de vida saludable, nutrición incluida. Ahora bien. ¿Tan malos son los sulfitos? ¿Tiene menos graduación alcohólica un whisky por llevar cereales malteados? ¿Es saludable que una cerveza tenga toques de frutos secos? ¿Es el alcohol menos malo si ha sido elaborado artesanalmente? "No", zanjan la farmacéutica y experta en industria alimentaria Gemma del Caño y el tecnólogo de alimentos Mario Sánchez.

"El reclamo 'artesano' nos evoca ciertos sentimientos relacionados con la tradición o la nostalgia. Hoy en día, sin embargo, este se ha convertido en un reclamo publicitario más que, a diferencia de los productos 'bio', no se encuentra regulado por la legislación, por lo que los departamentos de marketing tienen manga ancha para utilizarlo en sus campañas", explica Sánchez. "Aunque siempre hemos tenido en nuestra cabeza esa dicotomía, que lo natural es mejor que algo elaborado artificial o industrialmente, no siempre es así. Todos los productos elaborados por la industria alimentaria pasan por rigurosos controles higiénico-sanitarios antes de su comercialización, así que por definición los alimentos industriales son más seguros", añade el experto.

A pesar de ello, cada vez es más habitual que los productores de bebidas alcohólicas promocionen el carácter artesanal de sus productos y la falta de aditivos en estos como un 'plus' de calidad. Un claro ejemplo de quimiofobia, destacan los expertos. Los polémicos sulfitos, por ejemplo, no son más que conservantes que tan solo pueden resultar  perjudiciales en caso de ser alérgico a ellos. De hecho, forman parte de la lista de 14 alérgenos de declaración obligatoria en la Unión Europea. Las legumbres en conserva, por ejemplo, llevan sulfitos y nadie parece cuestionar su utilidad. "Suena a química y si una marca promociona su bebida diciendo que no lleva sulfitos, el consumidor puede pensar que es mejor. Pero no es así. El alcohol es perjudicial. Y lo es ya sea ecológico o lleve agua pura de deshielo. Todo eso son reclamos publicitarios", analiza Del Caño.

Publicidad que enmascara

El tipo de publicidad actual del alcohol, en opinión del abogado experto en derecho alimentario Francisco Ojuelosenmascara la realidad y roza el engaño porque da a entender al consumidor que determinadas bebidas poseen un carácter superior al de otras. El reglamento 1924/2006 del Parlamento Europeo relativo a las declaraciones nutricionales y de propiedades saludables en los alimentos asegura en su artículo 4.3 que "en las bebidas con una graduación superior al 1,2% en volumen de alcohol no podrán figurar declaraciones de propiedades saludables". Por lo tanto, ninguna bebida alcohólica, incluyendo el vino y la cerveza, pueden atribuirse propiedades saludables, algo que -recuerda Ojuelos-  ya había sido confirmado por los tribunales de justicia en 2004, cuando la Audiencia Provincial de Sevilla calificó de publicidad ilícita los presuntos beneficios sobre el colesterol que tenía un licor de ponche elaborado, según sus productores, con vitaminas y extractos vegetales. "Cuando las acciones promocionales directas o enmascaradas están pretendiendo inducir a pensar que existen aspectos saludables se está produciendo un fraude de ley", zanja Ojuelos.

Más allá de estos claroscuros sobre las supuestas propiedades del alcohol, la evidencia científica niega que el consumo de este producto conlleve un beneficio directo para la salud. Del Caño recuerda que determinadas bebidas como el vino y la cerveza pueden contener una cierta cantidad de vitaminas y minerales, pero necesitaríamos bebernos más de 100 botellas al día para notar esos efectos supuestamente beneficiosos, que, por otro lado, quedarían anulados por la ingesta de alcohol. "¿Quieres vitaminas y minerales? Pues tomate unas uvas. Nada de lo que lleva una bebida alcohólica, ya sean hierbas aromáticas o lo que sea, compensa la cantidad de alcohol. Y que quede claro: no hay cantidades seguras de alcohol".