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RED DE CIENTÍFICAS

Leche desnatada: no hay motivo para recomendarla

Consumir lácteos bajos en grasa como parte de una alimentación saludable no está avalado por la ciencia

Montserrat Rabassa

Variedades de leche en un supermercado de Barcelona, en una foto de archivo.

Variedades de leche en un supermercado de Barcelona, en una foto de archivo. / RICARD CUGAT

El consumo de lácteos (leche, yogur, queso u otros productos lácteos) bajos en grasa o descremados se recomienda habitualmente como parte de una alimentación saludable en la mayoría de las guías alimentarias. El objetivo de esta recomendación es limitar el consumo de grasas saturadas, para así potencialmente reducir el riesgo de enfermedad cardiovascular, una de las principales causas de enfermedad y muerte en el mundo.

Sin embargo, no hay suficiente evidencia científica para afirmar que los lácteos descremados tengan un mejor perfil cardiosaludable que los lácteos enteros. De hecho, el efecto es incierto. Estudios recientes han sugerido que el consumo de lácteos, independientemente de su contenido en grasa, no se asocia con un aumento del riesgo cardiovascular.

En el proyecto Nutrimedia, hemos evaluado recientemente la evidencia científica disponible para responder a la pregunta: ¿el consumo de lácteos ayuda a prevenir la enfermedad cardiovascular? La evaluación se ha realizado mediante un sistema de referencia internacional (llamado GRADE) que permite establecer la calidad de la evidencia que hay detrás de un mensaje o pregunta de salud.

Menor riesgo cardiovascular

La conclusión, teniendo en cuenta los estudios de mayor calidad metodológica y más recientes sobre este tema, es que el consumo habitual de lácteos, sin distinguir entre lácteos enteros o bajos en grasa, no parece aumentar, sino que incluso podría reducir, el riesgo de enfermedad cardiovascular. En concreto, el riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular disminuiría aproximadamente un 22% al consumir más de dos raciones diarias de lácteos, en comparación con no consumir ninguna. Es decir, 38 personas de 1000 que comen más de dos raciones de lácteos al día tienen riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular y 962 no, frente a las 49 personas de 1000 que no consumen lácteos tienen riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular y 951 no.

De momento no hay explicación médica directa de esta evidencia: faltan más estudios sobre este tema. Es importante tener en cuenta que el grado de certeza de los estudios disponibles actualmente sobre este tema es bajo, por lo tanto, nuevos estudios podrían proporcionar resultados diferentes.

No obstante las incertidumbres, la mayoría de las guías siguen recomendando lácteos bajos en grasa. En enero, el Departamento de Salud de Canadá publicó una nueva versión de su guía alimentaria. En ella, se recomiendan productos lácteos bajos en grasa, específicamente leche y yogurt sin azúcar, así como queso bajo en sal. Los lácteos con mayor contenido de grasa no son recomendables debido al contenido de grasa saturada, según esta guía.

En el Healthy eating plate (plato para comer de forma saludable) o Plato de Harvard, creado por expertos en nutrición de la Escuela de Salud Pública Harvard, se recomienda limitar la leche y los lácteos a una o dos raciones al día.

En la pirámide de los alimentos de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC), se recomienda el consumo de dos a cuatro raciones de lácteos al día, preferentemente bajas en grasa y sin azúcares añadidos.

Revisión necesaria

Como podemos observar, la mayoría de las guías coinciden en la recomendación de lácteos descremados o bajos en grasa. No obstante, también se notan algunos cambios.

En Catalunya, la Agència de Salut Pública de Catalunya elaboró, en noviembre del 2018, su nueva guía Petits canvis per menjar millor en la que no hace ninguna recomendación expresa sobre lácteos descremados. En la introducción del documento se hace eco de que otras guías recomiendan el consumo de productos lácteos (queso, leche y yogur sin azúcares añadidos) entre una y tres veces al día. La guía no especifica la cantidad en raciones, ya que esta varía en función de la edad y las necesidades individuales: por ejemplo, las cantidades se han de adecuar a la sensación de hambre en los infantes y/o niños.

En España, la Agencia Española del Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN), publicó en 2008 la Pirámide NAOS (Nutrición, Actividad Física y Prevención de la Obesidad), donde se recomienda el consumo de leche y productos lácteos a diario, sin distinguir su contenido en grasa.

En conclusión, la recomendación de productos lácteos bajos en grasa no está directamente basada en la evidencia actual. Por lo tanto, las recomendaciones de los lácteos en algunas de las guías alimentarias deberían ser revisadas.

La autora de este artículo forma parte de la Red de Científicas Comunicadoras de El Periódico.