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POLÉMICO DESCUBRIMIENTO

La matanza del hombre ibérico que nunca existió

El ADN de los migrantes de la Europa del Este reemplazó al de los autóctonos hace 4.000 años en la Península

El fenómeno no dejó traza arqueológica, no fue resultado de un exterminio y tardó cinco siglos

Michele Catanzaro

Reconstrucción de la historia genómica de la península Ibérica. / RITA CASAS / MARUXA MARTÍNEZ¿ EL·LIPSE (PRBB) ellipse.prbb.org

No, en la edad del bronce no hubo una invasión de caballeros de las estepas de la Europa del Este que exterminaron a los hombres ibéricos y se quedaron con sus mujeres. Esta dramática historia, que dio la vuelta al mundo en el otoño pasado, ha quedado muy matizada este jueves, con la publicación de un artículo científico que detalla el asunto.

Es cierto que una población originaria de las estepas llegó a la península Ibérica a partir del 2500 aC. También es cierto que, medio milenio después, casi todos los hombres ibéricos eran descendientes de esos antiguos visitantes.

Sin embargo, no hay trazas de una invasión militar ni de matanzas generalizadas. Tampoco se ve que una civilización foránea reemplazara a la autóctona: las culturas de la península evolucionaron sin sobresaltos en ese periodo.

Lo más notable es que los hombres esteparios acabaron reproduciéndose mucho más que los autóctonos (un fenómeno que ocurrió en menor medida también en otras partes de Europa donde llegaron ). ¿Qué favoreció la reproducción de los primeros y obstaculizó la de los segundos? La violencia es una explicación posible. Pero la verdad es que no se sabe.  

Narrativa peligrosa

El estudio ha sido publicado en la revista 'Science', está liderado por David Reich de la Universidad de Harvard, y cuenta con una abundante participación española, como la de Carles Lalueza-Fox, del Institut de Biologia Evolutiva de Barcelona.

Algunos de los autores adelantaron resultados en octubre, sugiriendo que una invasión había acabado con los hombres ibéricos hace 4.500 años. Esta noticia causó la indignación de algunos arqueólogos, capitaneados por el portugués Antonio Carlos de Valera, que aparece ahora entre los más de 100 autores del artículo.

Más tarde, un extenso reportaje de 'The New York Times' cuestionó las prácticas de los entendidos en ADN antiguo, la técnica empleada en el estudio. Entre otros aspectos, el artículo alertaba de que los genetistas estaban usando datos sacados de pocas decenas de individuos, para dar alas a una narrativa peligrosa: la imagen de que existen pueblos superiores que se expanden y reemplazan a otros. Esta visión de la arqueología fue típica de la Alemania nazi.

271 individuos en 8 milenios

La publicación de 'Science' se basa en el análisis del ADN de 271 individuos enterrados a lo largo de ocho milenios en decenas de yacimientos de la península Ibérica. Los investigadores han sacado muestras de dientes y huesos del oído interno, y han centrado su atención en un conjunto de letras del ADN, que se heredan y tienen patrones característicos en cada población (siempre que esté relativamente aislada).  

"Hacia el 2500 a.C. llegan a la Península ibérica individuos de origen estepario, distinto al de las poblaciones locales, y empiezan a mezclarse", explica Íñigo Olalde, investigador de la Universidad de Harvard y primer autor del trabajo. A final de este periodo, el 100% de la población masculina ibérica resulta descender del grupo estepario. En concreto, los marcadores genéticos contenidas en el cromosoma Y, que se hereda de padre a hijo, son las de ese grupo en todos los individuos analizados.  

"Tuvo que pasar algo muy bestia, pero los datos genéticos no dicen qué procesos sociales ocurrieron", comenta Olalde. "La hipótesis más simplista es que estos hombres llegaron y eliminaron a los locales. Pero  no hay evidencia de violencia generalizada en el registro arqueológico", explica . "Podría ser un fenómeno de estratificación social muy fuerte: a lo mejor, estos linajes externos tuvieron mucho más éxito reproductivo a lo largo de muchas generaciones", aventura.  

Escasos cambios culturales

"Este estudio ofrece más preguntas que respuestas", comenta Philipp Stockhammer, arqueólogo de la Universidad de Mónaco, no implicado en el trabajo pero colaborador de sus autores principales. "Se ve un gran cambio genético sin que ocurra en paralelo un gran cambio cultural. A nivel de la cultura material, hay más bien continuidad en este periodo. La genética y la cultura no encajan necesariamente", comenta.

"Hablar de invasión y exterminio es peligroso, en el contexto político actual, con los problemas relacionados con las migraciones y la libre circulación en la Unión Europea", comenta Antonio Carlos de Valera. "Como científicos, tenemos que ser cautos en cómo presentamos nuestro conocimiento. En todo caso, estos hallazgos apuntan a que hubo una enorme movilidad también en el pasado y que no existe nada parecido a una comunidad pura" concluye Stockhammer.