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MEDIO AMBIENTE

El abuelo inventor que puede revolucionar el sector de la energía

Luis Peragón Giménez, ingeniero jubilado, cuenta cómo ha dado con una nueva idea para aprovechar la energía restante en las baterías que normalmente tiramos al contenedor

Valentina Raffio

Luís Peragón Giménez durante su visita a la redacción de EL PERIÓDICO

Luís Peragón Giménez durante su visita a la redacción de EL PERIÓDICO / Juan Camilo Moreno

La historia de Luis vino literalmente a llamar a la puerta de EL PERIÓDICO. Era una soleada mañana de invierno cuando este amable ingeniero jubilado se presentó a las puertas de la redacción con un maletín en mano y una tímida sonrisa en el rostro. "Me gustaría, si es posible, hablar con alguien de la sección de ciencia, tecnología o medio ambiente. Tengo algo entre manos que creo que podría ser de su interés", explicó en recepción. Fue entonces cuando, al ser atendido, Luis desplegó sobre la mesa de la entrada el trabajo de investigación que había ocupado los últimos diez años de su vida. "He encontrado la manera de dar una segunda vida a las pilas usadas, ahorrar dinero y reducir el impacto medioambiental de este producto", añadió mientras presentaba una gran cantidad de gráficos y un curioso aparatejo. "Es el proyecto de mi vida", comentó el ingeniero con la mirada puesta en su creación.

Sentados ante una mesa y con dos vasos de café haciéndonos compañía, Luis contó que hace poco más de un año había logrado patentar oficialmente un dispositivo capaz de exprimir hasta el final la energía de las pilas. Se trataba de un artefacto sencillo, con una pequeña bombilla en un lado, tres pilas al descubierto en el otro que él mismo había creado. Ese era el invento con el que este ingeniero había logrado obtener luz de baterías supuestamente gastadas que él mismo había recogido del contenedor de reciclaje. "La clave fue darme cuenta que cuando una pila deja de funcionar para un aparato no significa que realmente está agotada. Solo significa que la energía que le queda no es suficiente para ese aparato en concreto, aunque en realidad puede seguir dando muchas horas de luz", comentó mientras iba encendiendo, de una en una, las diferentes versiones del prototipo que había traído en su maletín.

El invento de Luis resulta tan sencillo como espectacular. Su ingenioso aparato, al que él se refiere como un nuevo modelo de linterna, logra funcionar con apenas tres voltios. Para ello, el dispositivo cuenta con un comprobador de nivel energético con el que seleccionar las pilas que tienen más de un voltio de energía y un compartimento en el que colocar las baterías. Con tan solo tres pilas, de las que normalmente encontraríamos en el contenedor, el dispositivo permite encender una bombilla LED, situada en un extremo, e incluso modular su intensidad. Y a partir de ahí, horas y horas de luz a coste cero. Y esta es la idea que, desde el año 2009, ha ocupado el tiempo de Luis y que ahora presenta como uno de los logros de los que se siente más orgulloso.

Historia de un inventor

Cuando le pregunté cómo había logrado dar con esa idea, Luis me dijo que, para entenderlo, debía remontarse a sus inicios. "Nací en una familia pobre no, paupérrima, sin apenas recursos para vivir. Pero yo, que era un muchacho muy decidido, me propuse ser ingeniero a toda costa", relató. A partir de allí, Luis emprendió arduo camino en el que tuvo que compaginar trabajos precarios y estudio para conseguir un trabajo digno. "Solo le digo que durante cinco años no llegué a dormir más de cuatro horas al día", añadió. Esta misma actitud acompañó a Luis desde los 14 años, cuando consiguió su primer trabajo remunerado, hasta los 64 años, cuando llegó su momento de jubilarse.

A partir de ahí, la vida de este ingeniero jubilado transcurrió tranquilamente a la vera de su querida esposa y sus ingeniosos pasatiempos. Hasta que, hace diez años, empezó un trabajo de investigación que le acabaría llevando a su gran creación. "Todo empezó cuando me percaté que había unas estatuillas de unos santitos, un regalo que recibí de unos amigos del pueblo el día que me casé, que seguían funcionando incluso con las pilas gastadas", contó mientras buscaba entre los papeles sus primeros apuntes sobre el tema y dispuesto a contar cómo este invento había cambiado su vida

En los últimos años Luis ha ido a diferentes puntos de reciclaje del barrio con su voltiómetro para rescatar las pilas que aún podían ser aprovechadas para dar luz / Juan Camilo Moreno

Energía a coste cero

Hace más o menos diez años, cuando Luis empezó a investigar sobre la energía remanente en las pilas desechadas, los primeros prototipos de su creación empezaron a ocupar los pasillos y estantes de su hogar. Esos sencillos aparatejos, alimentados con baterías rescatadas del contenedor de la ferretería del barrio, permanecían encendidos día y noche evitando que por las noches tuviera que encender y apagar las luces. Años después, mientras revisaba los recibos, Luis se dio cuenta de cuánto había ahorrado gracias a su invento.

En tan solo seis años su consumo anual de kilovatios bajado hasta prácticamente la mitad. Según sus cálculos, con 1.300 pilas usadas, durante este tiempo logró ahorrar 1.400 kilovatios hora. Esto, sin ir más lejos, supondría un ahorro de unos 500 euros por hogar y año. "La mejor parte es que este es un ahorro a coste cero, porque no he necesitado invertir ni un euro en comprar las pilas con las que ilumino los pasillos de mi hogar", comentó el ingeniero apuntando directamente a uno de sus prototipos que, mientras transcurría la entrevista, permanecía encendido. 

Pontencial desperdiciado

Durante todos estos años, Luis ha ido recorriendo los grandes supermercados de la ciudad en busca de los bidones de reciclaje de pilas. Ahí, con el permiso de los empleados, el inventor armado con un voltímetro (aparato con el que medir la tensión de las baterías) ha ido recogiendo miles de pilas desechadas que conservaban más de un voltio de energía en su interior. Y de ahí a su invento, para conseguir un extra de horas de luz hasta agotar su energía.

Según los cálculos de Luis, un 71,23% de las pilas recogidas del Eroski siguen siendo aptas para dar energía. En el Lidl, un 76,93%. En el punto verde de Barcelona, última destinación de las baterías usadas, hasta un 78,57% aún tienen energía aprovechable. Esta estimación también quedó confirmada en la redacción de EL PERIÓDICO donde, según pudimos medir con una muestra de 20 pilas, más de un 70% seguían teniendo más de un voltio de energía en su interior.

"Si yo fuera un fabricante y dedicara toda mi carrera a optimizar mi producto me sentiría muy mal al saber que la gente tira las pilas a la basura antes de agotar todo su potencial…", argumentó Luis. "Y es por eso que creo que mi invento puede ser de agrado de todo el mundo. Se trata de aprovechar toda la energía de las pilas, ahorrar dinero y cuidar el medioambiente, un objetivo que todos compartimos para cuidar el planeta", comentó el inventor al acabar la entrevista mientras apagaba, de una en una, las lucecitas que iluminaban la sala.