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PSICOLOGÍA SOCIAL

Los bebés de 2 años ya se preocupan por el qué dirán

Un estudio apunta a que a partir de los 24 meses los niños ya son conscientes de su reputación

Este nuevo hallazgo sugiere que los infantes son mucho más inteligentes de lo que se creía

Valentina Raffio

De acuerdo con este nuevo estudio,  los pequeños ya se preocupan por su reputación incluso antes de empezar a hablar

De acuerdo con este nuevo estudio,  los pequeños ya se preocupan por su reputación incluso antes de empezar a hablar

La preocupación por el qué dirán nace incluso antes de aprender a construir una oración completa. Un nuevo estudio publicado en la revista Developmental Psychology  apunta a que con apenas 24 meses los bebés ya se preocupan por lo que los demás puedan pensar de ellos. Un comportamiento que tradicionalmente se esperaba a partir de los cuatro o cinco años de edad y que, además, contribuiría a reforzar la idea de que "los bebés suelen ser mucho más inteligentes de lo que pensamos". 

"Hemos demostrado que a la edad de 24 meses, los niños no solo son conscientes de que otras personas pueden estar evaluándolos sino que además alteran su comportamiento para buscar una respuesta positiva", explica Sara Valencia Botto, investigadora en la Emory University y primera autora de esta nueva investigación.

"Hay algo específicamente humano en la manera en que somos sensibles a la opinión de los demás y en lo sistemáticos y estratégicos que somos para controlar esa mirada. En el fondo nuestra preocupación por la gestión de la imagen y reputación es uno de los principales motores de la psique humana", añade Philippe Rochat, profesor de psicología en la Emory University especializado en desarrollo infantil y coautor del estudio.

Los experimentos

Para avalar esta hipótesis, los investigadores plantearon un conjunto de experimentos para estudiar de qué manera los pequeños modificaban su comportamiento en relación a las expectativas de los demás. Para ello dieron a cada niño un robot de juguete que funcionaba con un control remoto. A partir de ahí dejaron que el niño jugara pulsando los botones mientras controlaban sus reacciones. 

En el primer experimento los investigadores observaron que los niños se mostraban mucho más desinhibidos en su juego cuando creían que nadie los estaba observando. Un comportamiento que, sin embargo, se volvía mucho más medido cuando notaban que la mirada de los expertos interfería con su juego. De ahí que se concluya que los niños están muchos más atentos de los que se creía a las miradas ajenas.

En experimentos posteriores los investigadores empezaron a estudiar de qué manera los pequeños podrían modificar su comportamiento a raíz de las reacciones expresadas por su entorno. Para ello plantearon dos experimentos en los que los expertos reaccionaban de manera muy positiva (incitando un comportamiento acompañado de una sonrisa) o muy negativa (con el ceño fruncido y expresando desacuerdo) ante una acción del niño. A partir de allí pudieron observar cómo los menores tendían a interactuar de la forma que generara la reacción más positiva. Un factor que, de acuerdo con los investigadores, demuestra que los bebés se preocupan por lo que los demás puedan pensar de ellos. 

El orígen de la reputación

Sorprendentemente, los investigadores observaron que los pequeños de no más de dos años ya muestran preocupación por su reputación llegando incluso a cambiar su comportamiento para evitar el rechazo. De ahí que en este nuevo estudio se concluya que desde muy temprana edad los niños tienen en cuenta los valores expresados por los demás, utilizando esta información para cambiar su manera de actuar ante un determinado estímulo.

"Este estudio ofrece un fuerte apoyo a la idea de que los niños muy pequeños están más atentos a su entorno y las respuestas de los demás de lo que se pensaba anteriormente", explica Rochat. Un hallazgo que, según apunta el investigador, constituye "un hito importante en nuestra comprensión de la conciencia social".

"Nuestra preocupación por la reputación es algo que nos define como humanos. Gastamos recursos en marcas de maquillaje y diseño, estamos aterrados de hablar delante de una audiencia y cumplir con muchos de los estándares de la sociedad porque nos preocupa cómo otros nos evaluarán ", explica Botto. "Creemos que nuestros hallazgos nos acercan a la comprensión de cuándo y cómo nos volvemos más o menos sensibles a la evaluación de otras personas", concluye la investigadora. 

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