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Entrevista

Rodrigo Quian Quiroga: "Deberíamos leer más filosofía para investigar"

Ciencia, arte, literatura, cine, ciencia ficción y filosofía vistas desde el prisma de un neurocientífico

Valentina Raffio

Rodrigo Quian Quiroga, neurocientífico. Investigador en la Universidad de Leicester (Reino Unido), director del Centre for Systems Neuroscience y del Head of Bioengineering de la misma universidad. Actualmente, investigador visitante en la Fundació Pasqual Maragall (Barcelona)

Rodrigo Quian Quiroga, neurocientífico. Investigador en la Universidad de Leicester (Reino Unido), director del Centre for Systems Neuroscience y del Head of Bioengineering de la misma universidad. Actualmente, investigador visitante en la Fundació Pasqual Maragall (Barcelona) / JOAN CORTADELLAS

De la física a las matemáticas y de las matemáticas a la neurociencia. Este es, a grandes rasgos, el camino que ha llevado al doctor. Rodrigo Quian Quiroga a la azotea de la Fundació Pasqual Maragall, donde ejerce de investigador visitante, para hablar de su nuevo libro: 'Qué es la memoria' (Ariel, 2018). Un libro sobre la mente humana explicada desde sus fundamentos y a través del arte, la literatura, el cine, la ciencia ficción y la filosofía. Todas ellas disciplinas que, de una manera u otra, han acabado confluyendo en los planteamientos que Quiroga estudia desde la neurociencia.

-El libro empieza casi como un tratado filosófico. ¿Cómo se da ese salto de la ciencia a la filosofía?

-En el caso de la neurociencia, en cuanto te sales un poco de la teoría y de la dinámica de los experimentos, empiezas a ver las preguntas que te planteas en su contexto. Y al final te das cuenta de que, como investigador, estás estudiando las mismas cuestiones sobre las que escribieron Descartes o Aristóteles hace siglos.

-¿Es a través de estas preguntas filosóficas que empieza la investigación?

-Debería. Pero a veces los científicos tenemos miedo de salirnos de nuestra zona de confort, lo que me parece una picardía. Al final, en mi trabajo lo que hago es plantearme las mismas preguntas sobre las cuales la filosofía lleva años discutiendo. Y sería de una arrogancia tremenda ignorar todo lo que se ha dicho hasta ahora.

-¿Cuál es el referente filosófico que más le ha inspirado? 

-El ejemplo clave para mí fue haber leído (o mejor dicho, re-leído) a Borges. Sus ideas me han ayudado a comprender el tipo de experimentos que hago. El escritor argentino planteó que la abstracción (el olvidar algunos detalles) es lo que nos ayuda a recordar. Y es justamente lo que acabé demostrando a través mis experimentos sobre el funcionamiento de las neuronas.

-Si filosofía y ciencia van de la mano, cuesta entender la separación que hay hoy en día…

-Es cierto. Pero creo que es porque para los científicos el arte es lo más difícil de todo, ya que tienes que ser subjetivo y esto es algo que va totalmente en contra de la objetividad sobre la que se rige el método científico.

-Entonces, ¿cuándo se empezó a estudiar el componente subjetivo?

-Hace relativamente poco. Al principio la ciencia optó por ignorar estas preguntas porque eran demasiado subjetivas. Hace 20 años, por ejemplo, estudiar la consciencia era un suicidio para tu carrera.

-¿Y ahora cómo es posible estudiar estos temas?

-Porque ahora podemos atacar experimentalmente estas preguntas. De alguna manera, se trata de plantear una pregunta filosófica y responderla con ciencia, datos y experimentos muy concretos. Creo que como científicos deberíamos leer más filosofía para investigar. Porque es desde ahí que descubrimos las preguntas de verdad, las que queman.

-¿Cuáles son los principales avances que están teniendo lugar en la neurociencia?

-En el MIT, por ejemplo, han desarrollado un método para implantar falsas memorias. Y aquí, una vez más, volvemos a los planteamientos de Descartes. A través de estos experimentos lo que descubrimos es que la división entre mente y cerebro no existe. La mente no es más que la actividad de las neuronas.

-Al final todo esto recuerda a los grandes clásicos de la ciencia ficción...

-Claro. En 'Hasta el fin del mundo', una de mis películas favoritas, conseguían leer la señal del cerebro y proyectarla en una pantalla. Pues bien, conseguimos hacer ese experimento. Aquello que en su momento parecía ciencia ficción ahora es ciencia.

-Estas películas también plantean cuestiones éticas. ¿Se tiene eso en cuenta en los experimentos?

-Por supuesto. Muchas de estas obras exploran los límites de nuestra profesión. Los replicantes de ‘Blade Runner’ luchaban por su derecho a vivir. El ordenador de ‘2001, una odisea en el espacio’ pedía que no lo desconectaran porque tenía miedo. Y es por esto que, como investigadores, debemos tener en cuenta todas estas reflexiones.

-Otro rasgo común de estas películas es que los avances han dado lugar a un futuro que no es muy feliz para la humanidad… ¿Cómo se plantea esta cuestión?

-Como científicos tenemos el deber de pensar en todos estos aspectos de antemano. No podemos investigar como si lo que hiciéramos no tuviera ningún impacto en el mundo. Hay momentos en los que tienes que parar para tomar consideraciones éticas y debatir sobre cuestiones que van más allá del experimento. Y si vamos demasiado lejos, también tenemos que saber dónde parar.

Temas: Filosofía

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