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EL ADN DE LA SEMANA

Cabeza grande

Pere Puigdomènech

Imagen de la reconstrucción del cráneo utilizada en el estudio.

Imagen de la reconstrucción del cráneo utilizada en el estudio. / AFP

La especie humana tiene una cabeza muy grande. Esto se debe a que tiene un cerebro voluminoso en el que están centradas algunas de las funciones más características de la especie. Tener una cabeza grande tiene un coste muy grande en términos de nacimiento, crecimiento y necesidades fisiológicas durante toda la vida. Estas necesidades han de estar bien compensadas por unas ventajas que nuestra especie ha tenido durante su evolución. Cuáles son estas ventajas es lo que plantea un artículo reciente.

Un investigación apunta a que el cerebro creció más por factores ecológicos que sociales

El trabajo de investigadores de la universitat escocesa de St. Andrews es un ejemplo de las actuales tendencias de la investigación en Biología. Disponemos ya de suficientes datos sobre cuáles son las necesidades de energía para llevar a cabo las diferentes funciones del cuerpo y sobre cómo esta energía se puede obtener en situaciones diferentes. Basándose en estos datos, los autores plantean un modelo que permite distinguir los factores que pueden favorecer que los individuos desarrollen habilidades típicamente cerebrales. Dividen estos factores entre ecológicos, es decir, los que permiten a los individuos obtener del entorno lo que necesitan para vivir, y sociales, aquellos que les permite competir mejor en el interior de su grupo. Su conclusión es que el cerebro creció sobre todo para responder más a necesidades ecológicas que sociales. Admiten que la transmisión cultural del conocimiento puede haber jugado también un papel.

Es muy posible que el resultado de este estudio nos sorprenda. En la actualidad muchos de nosotros tenemos en buena parte resueltos los problemas que nos plantea el medio ambiente. No tenemos que batallar para buscar comida o agua ni para evitar ser devorados por depredadores, y vivimos en casas bien acondicionadas. Más a menudo tenemos que utilizar nuestras capacidades para competir con nuestros congéneres. Pero no debió de ser así cuando se formaron los rasgos esenciales de nuestra especie. Era necesario tener sobre todo mucha cabeza para sobrevivir en el entorno difícil en el que vivían nuestros antecesores.

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