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GENES Y ARQUEOLOGÍA

El mito de los caballos de Przewalski

Un estudio concluye que los últimos ejemplares salvajes que quedan en el mundo son en realidad animales domésticos asilvestrados

Antonio Madridejos

Un caballo de Przewalski en la actualidad.

Un caballo de Przewalski en la actualidad. / ALAN OUTRAM

Los caballos de Przewalski o ferales mongoles, considerados durante décadas los únicos caballos auténticamente salvajes que quedan en el mundo y los antecesores de todas las demás poblaciones actuales, no son en realidad ni lo uno ni lo otro.

Según un estudio internacional encabezado por genetistas y arqueólogos franceses y estadounidenses, los caballos de Przewalski son los descendientes de ejemplares que fueron domesticados en Asia central hace cinco milenios pero que con posterioridad recobraron la libertad y se asilvestraron. Son en cierta manera como los mustang o caballos cimarrones de América del norte, animales domésticos llevados por los españoles en los siglos XVI y XVII que acabaron escapándose y poblando las praderas de los actuales Estados Unidos.

"Ha sido una gran sorpresa. Ya no quedan en la Tierra caballos salvajes", resume el coordinador del análisis, Ludovic Orlando, científico del Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Francia (CNRS). No solo se han extinguido todas las poblaciones salvajes, sino que el origen de las actuales poblaciones domésticas sigue siendo un misterio. Los autores del estudio, cuyos resultados se han publicado en la revista Science, han secuenciado el genoma de 88 caballos actuales y antiguos (restos fósiles) intentando determinar su árbol filogenético y el momento en que se produjo la domesticación. 

"Ha sido una gran sorpresa. Ya no quedan en la Tierra caballos salvajes"

Ludovic Orlando

Coordinador del análisis. Investigador del CNRS (Francia)

Población muy amenazada

Los caballos de Przewalski, cuyos últimos representantes libres viven actualmente en Mongolia y el noroeste de China, son una raza equina de pequeño tamaño, cuerpo robusto y muy resistente a condiciones meteorológicas extremas. Tras haberse extinguido en libertad en los años 70 del pasado siglo, un programa de reintroducción a partir de ejemplares conservados en zoos se puso en marcha dos décadas después y ahora se estima que la población en libertad asciende a unos 1.500 animales. 

Excavaciones en un yacimiento arqueológico de la cultura botai, en Kazajistán. / ALAN OUTRAM

En el estudio publicado en Science, los científicos han observado concretamente que los caballos de Przewalski son los herederos de una población de caballos salvajes que fue domesticada por la llamada cultura botai, un pueblo nómada que vivió en el norte del actual Kazajistán hace entre 5.700 y 5.100 años. "Es la primera vez en mi vida que me ocurre algo así", relata Orlando. "Es como si de pronto descubriésemos que el ser humano no proviene de donde creemos".

Coloración a lo dálmata

El análisis también ha observado que, una vez asilvestrados, los ahora llamados caballos de Przewalski perdieron el pelaje blanco con manchas negras, al estilo de los perros dálmatas, que al parecer tenían sus antecesores domésticos de los botai. Muy posiblemente, dicen los autores, un animal salvaje con esa coloración habría sido una presa muy fácil para los lobos y se habría extinguido con rapidez.

Gracias a residuos localizados en recipientes de cerámica y unos fósiles con unos desgastes muy característicos, se sabe que los botai bebían de leche de yegua y que crearon arneses y bridas para montar. El proceso de domesticación de los équidos condujo a cambios fundamentales en la vida de los pueblos prehistóricos de Asia central, como la difusión de lenguas indoeuropeas, la metalurgia, la expansión de algunas enfermedades y nuevas maneras de batallar.

Para obtener sus resultados, los investigadores secuenciaron los genomas de 42 caballos que vivieron desde hace 5.000 a 1.000 años en Eurasia, incluidos 20 caballos del pueblo botai. También analizaron los genomas ya publicados de otros 46 caballos antiguos (desde hace 42.000 años) y caballos modernos, entre ellos siete Przewalski.El resultado mostró también que los caballos actuales tienen muy poco que ver con los actuales caballos de Przewalski y tampoco con sus ancestros fósiles de los botai. Concretamente, dicen los autores del estudio, solo un 2,8% de los genomas modernos proceden de esta estirpe.

Constantes cruces

"Debido a los constantes cruces impulsados por los humanos, con las razas actuales no es posible determinar genéticamente dónde se sitúan sus orígenes. Todas las poblaciones son equidistantes", dice Tomàs Marqués-Bonet, investigador ICREA y director del Instituto de Biología Evolutiva de Barcelona (IBE), centro mixto CSIC-UPF. Su equipo en el IBE realiza diversos análisis sobre domesticación de especies y colabora asiduamente con los autores del estudio publicado en Science. "Con los caballos pasa igual que con los perros. Sabemos que proceden de los lobos, pero ninguna población actual es su directo ancestro", añade Marqués-Bonet.

Tras el descubrimiento, el origen de las razas domésticas modernas se convierte en un misterio. Los autores del estudio proponen dos hipótesis: o bien los caballos actuales proceden de una especie extinta todavía no descubierta o bien, algo más verosímil, "son el resultado de multitud de cruces de diversas poblaciones salvajes que los humanos llevaron a cabo en diferentes enclaves de Eurasia", explica Marqués-Bonet. Orlando asegura que intentarán descubrirlo y no descarta que haya que buscar sus orígenes en otros territorios de Asia central, las estepas pónticas del sur de Rusia, Anatolia o incluso de España.

La difícil huella de la domesticación en el registro fósil

Carles Vilà, investigador de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC) que ha participado en diversos estudios sobre el proceso de domesticación de los perros, explica que la recuperación de ADN antiguo ha sido una revolución científica en este terreno, pero recuerda las dificultades para determinar si un hueso fósil es de un animal salvaje o doméstico. Incluso con análisis genéticos. Si se encuentran los restos cerca de un campamento nómada, se pregunta Vilà, "¿es porque vivía junto a los humanos o porque los humanos lo cazaron y se lo comieron allí?" Una de las pistas es determinar el sexo: si hay un dominio de hembras, pone como ejemplo el investigador del EBD-CSIC, es porque con toda seguridad eran animales domésticos y los empleaban para obtener leche.

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